Mi querido amigo Scotty Smith, pastor de predicación, enseñanza y adoración en la Iglesia de Comunidad de Cristo en Franklin, Tennessee, me envió esta oración empapada del evangelio que escribió esta mañana temprano luego de reflexionar en Josué 24:14-15:

 

Padre Agraciado, me siento aquí tomando café fresco viendo llamas bailar en la chimenea, en el primer día de año nuevo, y soy el hombre más humilde y agradecido.

 

Cuanto te alabo que he comenzado este año nuevo con un poco más de entendimiento del evangelio del que tuve el año pasado…y los años anteriores. Ya estoy orando por poder decir lo mismo el año siguiente. Porque en el evangelio me has dado todo lo que necesito para vivir y para morir.

 

Respondo al cargo valiente de Josué a los israelitas, no con una lista de resoluciones de año nuevo acerca de mí y lo que planeo lograr este año. En vez de eso, comienzo este año tratando de cederme a mí mismo a todo lo que  Jesús ya ha logrado por mí. A las cosas específicas que él intenta hacer en mí y a las formas en las que él se propone vivir Su vida y misión a través de mí. Él es quien mantiene las promesas, no yo.

 

Padre querido, esta es la razón por qué servirte es mucho más que simplemente “deseable”. Es el más grande privilegio posible, el llamado concebible más honrado, lo más imaginable posible. Porque Jesús es mi Josué – el único por el que ya me has salvado y me estás salvando constantemente y, un día, me salvaras completamente. Sin sentido de vergüenza o cliché, alegremente digo ¡Jesús Salva!

 

Conociéndote por gracia y siendo conocido por ti en Jesús, hace que el hecho de que me haya alejado de mis ídolos sea un sacrificio menos doloroso y más como un baile liberador. Porque todos mis “vacíos” solo me han dado placer momentáneo, junto con un desastre duradero. Recuérdame de todo este año cuando pierda la “santidad del evangelio” y este tentado de pensar de forma opuesta…

 

Así que mi oración humilde y anhelo más sincero para este Año Nuevo es este… para mí, mi familia y el mantenimiento de la fe del cual me has hecho ser parte. Que consideraremos que nuestras vidas no valen nada para nosotros, si solo terminamos la tarea que el Señor Jesús nos ha dado – la tarea de testificar (por palabra y hechos) al evangelio de tu gracia (Hechos 20:24)

 

Así que Amén, Oro, en el nombre de Jesús, con gran anticipación y mucho agradecimiento.