1 En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. 2 Pero el que entra por la puerta, es el pastor de las ovejas. 3 A éste le abre el portero, y las ovejas oyen su voz; llama a sus ovejas por nombre y las conduce afuera. 4 Cuando saca todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque conocen su voz. 5 Pero a un desconocido no seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. 6 Jesús les habló por medio de esta alegoría, pero ellos no entendieron qué era lo que les decía. 7 Entonces Jesús les dijo de nuevo: En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. 8 Todos los que vinieron antes de mí son ladrones y salteadores, pero las ovejas no les hicieron caso. 9 Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, será salvo; y entrará y saldrá y hallará pasto. 10 El ladrón sólo viene para robar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. 11 Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas. 12 Pero el que es un asalariado y no un pastor, que no es el dueño de las ovejas, ve venir al lobo, y abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa. 13 El huye porque sólo trabaja por el pago y no le importan las ovejas. 14 Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas y las mías me conocen, 15 de igual manera que el Padre me conoce y yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas. 16 Tengo otras ovejas que no son de este redil; a ésas también me es necesario traerlas, y oirán mi voz, y serán un rebaño con un solo pastor. 17 Por eso el Padre me ama, porque yo doy mi vida para tomarla de nuevo. 18 Nadie me la quita, sino que yo la doy de mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo. Este mandamiento recibí de mi Padre. 19 Se volvió a suscitar una división entre los judíos por estas palabras. 20 Y muchos de ellos decían: Tiene un demonio y está loco. ¿Por qué le hacéis caso? 21 Otros decían: Estas no son palabras de un endemoniado. ¿Puede acaso un demonio abrir los ojos de los ciegos? 22 En esos días se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. 23 Era invierno, y Jesús andaba por el templo, en el pórtico de Salomón. 24 Entonces los judíos le rodearon, y le decían: ¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Cristo, dínoslo claramente. 25 Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en el nombre de mi Padre, éstas dan testimonio de mí. 26 Pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. 27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen; 28 y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano. 29 Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre. 30 Yo y el Padre somos uno. 31 Los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle. 32 Jesús les dijo: Os he mostrado muchas obras buenas que son del Padre. ¿Por cuál de ellas me apedreáis? 33 Los judíos le contestaron: No te apedreamos por ninguna obra buena, sino por blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios. 34 Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: "YO DIJE: SOIS DIOSES"? 35 Si a aquellos, a quienes vino la palabra de Dios, los llamó dioses (y la Escritura no se puede violar), 36 ¿a quien el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: "Blasfemas", porque dije: "Yo soy el Hijo de Dios"? 37 Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; 38 pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed las obras; para que sepáis y entendáis que el Padre está en mí y yo en el Padre. 39 Por eso procuraban otra vez prenderle, pero se les escapó de entre las manos. 40 Se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde primero había estado bautizando Juan, y se quedó allí. 41 Y muchos vinieron a El y decían: Aunque Juan no hizo ninguna señal, sin embargo, todo lo que Juan dijo de éste era verdad. 42 Y muchos creyeron en El allí.
1 Entonces harás que se acerque a ti, de entre los hijos de Israel, tu hermano Aarón, y con él sus hijos, para que me sirva como sacerdote: Aarón, con Nadab y Abiú, Eleazar e Itamar, hijos de Aarón. 2 Y harás vestiduras sagradas para tu hermano Aarón, para gloria y para hermosura. 3 Y hablarás a todos los hábiles artífices, a quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría, y ellos harán las vestiduras de Aarón para consagrarlo, a fin de que me sirva como sacerdote. 4 Estas son las vestiduras que harán: un pectoral, un efod, un manto, una túnica tejida a cuadros, una tiara y un cinturón; y harán vestiduras sagradas para tu hermano Aarón y para sus hijos, a fin de que me sirvan como sacerdotes. 5 Y tomarán para ello el oro y la tela azul, púrpura y escarlata, y el lino fino. 6 Harán también el efod de oro, de tela azul, púrpura y escarlata y de lino fino torcido, obra de hábil artífice. 7 Tendrá dos hombreras que se junten a sus dos extremos, para que se pueda unir. 8 Y el cinto hábilmente tejido que estará sobre él, será de la misma obra, del mismo material: de oro, de tela azul, púrpura y escarlata y de lino fino torcido. 9 Y tomarás dos piedras de ónice, y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel: 10 seis de los nombres en una piedra, y los seis nombres restantes en la otra piedra, según el orden de su nacimiento. 11 Así como un joyero graba un sello, tú grabarás las dos piedras con los nombres de los hijos de Israel; las engastarás en filigrana de oro. 12 Y pondrás las dos piedras en las hombreras del efod, como piedras memoriales para los hijos de Israel, y Aarón llevará sus nombres delante del SEÑOR sobre sus dos hombros por memorial. 13 Harás engastes de filigrana de oro, 14 y dos cadenillas de oro puro; las harás en forma de cordones trenzados, y pondrás las cadenillas trenzadas en los engastes de filigrana. 15 Y harás el pectoral del juicio, obra de hábil artífice; lo harás como la obra del efod: de oro, de tela azul, púrpura y escarlata y de lino fino torcido lo harás. 16 Será cuadrado y doble, de un palmo de largo y un palmo de ancho. 17 Y montarás en él cuatro hileras de piedras. La primera hilera será una hilera de un rubí, un topacio y una esmeralda; 18 la segunda hilera, una turquesa, un zafiro y un diamante; 19 la tercera hilera, un jacinto, una ágata y una amatista; 20 y la cuarta hilera, un berilo, un ónice y un jaspe; todas estarán engastadas en filigrana de oro. 21 Las piedras serán doce, según los nombres de los hijos de Israel, conforme a sus nombres; serán como las grabaduras de un sello, cada uno según su nombre para las doce tribus. 22 Y harás en el pectoral cadenillas de oro puro en forma de cordones trenzados. 23 Harás también en el pectoral dos anillos de oro, y colocarás los dos anillos en los dos extremos del pectoral. 24 Pondrás los dos cordones de oro en los dos anillos en los extremos del pectoral. 25 Y colocarás los otros dos extremos de los dos cordones en los engastes de filigrana, y los fijarás en las hombreras del efod, en su parte delantera. 26 Harás otros dos anillos de oro y los pondrás en los dos extremos del pectoral, en el borde que da al lado interior del efod. 27 Y harás otros dos anillos de oro y los pondrás en la parte inferior de las dos hombreras del efod, en la parte delantera, cerca de su unión sobre el cinto tejido del efod. 28 Atarán el pectoral por sus anillos a los anillos del efod con un cordón azul, para que esté sobre el cinto tejido del efod, y para que el pectoral no se desprenda del efod. 29 Y Aarón llevará los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su corazón cuando entre en el lugar santo, continuamente por memorial delante del SEÑOR. 30 Pondrás en el pectoral del juicio el Urim y el Tumim , y estarán sobre el corazón de Aarón cuando entre a la presencia del SEÑOR; y Aarón llevará continuamente el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón delante del SEÑOR. 31 Harás asimismo el manto del efod todo de tela azul. 32 Y habrá una abertura en el medio de su parte superior; alrededor de la abertura habrá una orla tejida, como la abertura de una cota de malla, para que no se rompa. 33 Y harás en su borde inferior granadas de tela azul, púrpura y escarlata alrededor en todo su borde, y entre ellas, también alrededor, campanillas de oro: 34 una campanilla de oro y una granada, otra campanilla de oro y otra granada, y así alrededor de todo el borde del manto. 35 Y estará sobre Aarón cuando ministre; y el tintineo se oirá cuando entre en el lugar santo delante del SEÑOR, y cuando salga, para que no muera. 36 Harás también una lámina de oro puro, y grabarás en ella, como las grabaduras de un sello: "SANTIDAD AL SEÑOR." 37 La fijarás en un cordón azul, y estará sobre la tiara; estará en la parte delantera de la tiara. 38 Y estará sobre la frente de Aarón, y Aarón quitará la iniquidad de las cosas sagradas que los hijos de Israel consagren en todas sus ofrendas santas; y la lámina estará siempre sobre su frente, para que sean aceptas delante del SEÑOR. 39 Tejerás a cuadros la túnica de lino fino, y harás una tiara de lino fino; harás también un cinturón, obra de un tejedor. 40 Para los hijos de Aarón harás túnicas, también les harás cinturones, y les harás mitras, para gloria y hermosura. 41 Y vestirás con ellos a tu hermano Aarón y a sus hijos con él; y los ungirás y ordenarás y consagrarás para que me sirvan como sacerdotes. 42 Les harás calzoncillos de lino para cubrir su desnudez; llegarán desde los lomos hasta los muslos. 43 Y los llevarán puestos Aarón y sus hijos cuando entren en la tienda de reunión, o cuando se acerquen al altar para ministrar en el lugar santo, para que no incurran en culpa y mueran. Será estatuto perpetuo para él y para su descendencia después de él.
1 Permanezca el amor fraternal. 2 No os olvidéis de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. 3 Acordaos de los presos, como si estuvierais presos con ellos, y de los maltratados, puesto que también vosotros estáis en el cuerpo. 4 Sea el matrimonio honroso en todos, y el lecho matrimonial sin mancilla, porque a los inmorales y a los adúlteros los juzgará Dios. 5 Sea vuestro carácter sin avaricia, contentos con lo que tenéis, porque El mismo ha dicho: NUNCA TE DEJARE NI TE DESAMPARARE, 6 de manera que decimos confiadamente: EL SEÑOR ES EL QUE ME AYUDA; NO TEMERE. ¿QUE PODRA HACERME EL HOMBRE? 7 Acordaos de vuestros guías que os hablaron la palabra de Dios, y considerando el resultado de su conducta, imitad su fe. 8 Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos. 9 No os dejéis llevar por doctrinas diversas y extrañas, porque buena cosa es para el corazón el ser fortalecido con la gracia, no con alimentos, de los que no recibieron beneficio los que de ellos se ocupaban. 10 Nosotros tenemos un altar del cual no tienen derecho a comer los que sirven al tabernáculo. 11 Porque los cuerpos de aquellos animales, cuya sangre es llevada al santuario por el sumo sacerdote como ofrenda por el pecado, son quemados fuera del campamento. 12 Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. 13 Así pues, salgamos a El fuera del campamento, llevando su oprobio. 14 Porque no tenemos aquí una ciudad permanente, sino que buscamos la que está por venir. 15 Por tanto, ofrezcamos continuamente mediante El, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre. 16 Y no os olvidéis de hacer el bien y de la ayuda mutua, porque de tales sacrificios se agrada Dios. 17 Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta. Permitidles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso no sería provechoso para vosotros. 18 Orad por nosotros, pues confiamos en que tenemos una buena conciencia, deseando conducirnos honradamente en todo. 19 Y aún más, os exhorto a hacer esto, a fin de que yo os sea restituido muy pronto. 20 Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor, el gran Pastor de las ovejas mediante la sangre del pacto eterno, 21 os haga aptos en toda obra buena para hacer su voluntad, obrando El en nosotros lo que es agradable delante de El mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. 22 Os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación, pues os he escrito brevemente. 23 Sabed que nuestro hermano Timoteo ha sido puesto en libertad, con el cual, si viene pronto, os he de ver. 24 Saludad a todos vuestros pastores y a todos los santos. Los de Italia os saludan. 25 La gracia sea con todos vosotros. Amén.
1 No reprendas con dureza al anciano, sino, más bien, exhórtalo como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos, 2 a las ancianas, como a madres; a las más jóvenes, como a hermanas, con toda pureza. 3 Honra a las viudas que en verdad son viudas; 4 pero si alguna viuda tiene hijos o nietos, que aprendan éstos primero a mostrar piedad para con su propia familia y a recompensar a sus padres, porque esto es agradable delante de Dios. 5 Pero la que en verdad es viuda y se ha quedado sola, tiene puesta su esperanza en Dios y continúa en súplicas y oraciones noche y día. 6 Mas la que se entrega a los placeres desenfrenados, aun viviendo, está muerta. 7 Ordena también estas cosas, para que sean irreprochables. 8 Pero si alguno no provee para los suyos, y especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo. 9 Que la viuda sea puesta en la lista sólo si no es menor de sesenta años, habiendo sido la esposa de un solo marido, 10 que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos, si ha mostrado hospitalidad a extraños, si ha lavado los pies de los santos, si ha ayudado a los afligidos y si se ha consagrado a toda buena obra. 11 Pero rehúsa poner en la lista a viudas más jóvenes, porque cuando sienten deseos sensuales, contrarios a Cristo, se quieren casar, 12 incurriendo así en condenación, por haber abandonado su promesa anterior. 13 Y además, aprenden a estar ociosas, yendo de casa en casa; y no sólo ociosas, sino también charlatanas y entremetidas, hablando de cosas que no son dignas. 14 Por tanto, quiero que las viudas más jóvenes se casen, que tengan hijos, que cuiden su casa y no den al adversario ocasión de reproche. 15 Pues algunas ya se han apartado para seguir a Satanás. 16 Si alguna creyente tiene viudas en la familia, que las mantenga, y que la iglesia no lleve la carga para que pueda ayudar a las que en verdad son viudas. 17 Los ancianos que gobiernan bien sean considerados dignos de doble honor, principalmente los que trabajan en la predicación y en la enseñanza. 18 Porque la Escritura dice: NO PONDRAS BOZAL AL BUEY CUANDO TRILLA, y: El obrero es digno de su salario. 19 No admitas acusación contra un anciano, a menos de que haya dos o tres testigos. 20 A los que continúan en pecado, repréndelos en presencia de todos para que los demás tengan temor de pecar. 21 Te encargo solemnemente en la presencia de Dios y de Cristo Jesús y de sus ángeles escogidos, que conserves estos principios sin prejuicios, no haciendo nada con espíritu de parcialidad. 22 No impongas las manos sobre nadie con ligereza, compartiendo así la responsabilidad por los pecados de otros; guárdate libre de pecado. 23 Ya no bebas agua sola, sino usa un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades. 24 Los pecados de algunos hombres son ya evidentes, yendo delante de ellos al juicio; mas a otros, sus pecados los siguen. 25 De la misma manera, las buenas obras son evidentes, y las que no lo son no se pueden ocultar.
1 Entonces respondió Job, y dijo: 2 He oído muchas cosas como éstas; consoladores gravosos sois todos vosotros. 3 ¿No hay fin a las palabras vacías? ¿O qué te provoca para que así respondas? 4 Yo también hablaría como vosotros, si vuestra alma estuviera en lugar de mi alma. Podría hilvanar palabras contra vosotros, y menear ante vosotros la cabeza. 5 Os podría alentar con mi boca, y el consuelo de mis labios podría aliviar vuestro dolor. 6 Si hablo, mi dolor no disminuye, y si callo, no se aparta de mí. 7 Pero ahora El me ha agobiado; tú has asolado toda mi compañía, 8 y me has llenado de arrugas que en testigo se han convertido; mi flacura se levanta contra mí, testifica en mi cara. 9 Su ira me ha despedazado y me ha perseguido, contra mí El ha rechinado los dientes; mi adversario aguza los ojos contra mí. 10 Han abierto contra mí su boca, con injurias me han abofeteado; a una se aglutinan contra mí. 11 Dios me entrega a los impíos, y me echa en manos de los malvados. 12 Estaba yo tranquilo, y El me sacudió, me agarró por la nuca y me hizo pedazos; también me hizo su blanco. 13 Me rodean sus flechas, parte mis riñones sin compasión, derrama por tierra mi hiel. 14 Abre en mí brecha tras brecha; arremete contra mí como un guerrero. 15 Sobre mi piel he cosido cilicio, y he hundido en el polvo mi poder. 16 Mi rostro está enrojecido por el llanto, y cubren mis párpados densa oscuridad, 17 aunque no hay violencia en mis manos, y es pura mi oración. 18 ¡Oh tierra, no cubras mi sangre, y no haya lugar para mi clamor! 19 He aquí, aun ahora mi testigo está en el cielo, y mi defensor está en las alturas. 20 Mis amigos son mis escarnecedores; mis ojos lloran a Dios. 21 ¡Ah, si un hombre pudiera arguir con Dios como un hombre con su vecino! 22 Porque cuando hayan pasado unos pocos años, me iré por el camino sin retorno.
1 Escucha, pueblo mío, mi enseñanza; inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca. 2 En parábolas abriré mi boca; hablaré proverbios de la antiguedad, 3 que hemos oído y conocido, y que nuestros padres nos han contado. 4 No lo ocultaremos a sus hijos, sino que contaremos a la generación venidera las alabanzas del SEÑOR, su poder y las maravillas que hizo. 5 Porque El estableció un testimonio en Jacob, y puso una ley en Israel, la cual ordenó a nuestros padres que enseñaran a sus hijos; 6 para que la generación venidera lo supiera, aun los hijos que habían de nacer; y éstos se levantaran y lo contaran a sus hijos, 7 para que ellos pusieran su confianza en Dios, y no se olvidaran de las obras de Dios, sino que guardaran sus mandamientos; 8 y no fueran como sus padres, una generación porfiada y rebelde, generación que no preparó su corazón, y cuyo espíritu no fue fiel a Dios. 9 Los hijos de Efraín eran arqueros bien equipados, pero volvieron las espaldas el día de la batalla. 10 No guardaron el pacto de Dios, y rehusaron andar en su ley; 11 olvidaron sus obras, y los milagros que les había mostrado. 12 El hizo maravillas en presencia de sus padres, en la tierra de Egipto, en el campo de Zoán. 13 Dividió el mar y los hizo pasar, y contuvo las aguas como en un montón. 14 Después los guió de día con la nube, y toda la noche con un resplandor de fuego. 15 Partió las rocas en el desierto, y les dio agua tan abundante como las profundidades del océano; 16 hizo salir corrientes de la peña, e hizo descender aguas como ríos. 17 Pero aún siguieron pecando contra El, rebelándose contra el Altísimo en el desierto. 18 Y en sus corazones tentaron a Dios, pidiendo comida a su gusto. 19 Hablaron contra Dios, y dijeron: ¿Podrá Dios preparar mesa en el desierto? 20 He aquí, hirió la roca y brotaron aguas, y torrentes se desbordaron; ¿podrá también dar pan?, ¿proveerá carne para su pueblo? 21 Por tanto, al oírlo, el SEÑOR se indignó; un fuego se encendió contra Jacob, y aumentó también la ira contra Israel, 22 porque no creyeron en Dios, ni confiaron en su salvación. 23 Sin embargo, dio órdenes a las nubes arriba, y abrió las puertas de los cielos; 24 hizo llover sobre ellos maná para comer, y les dio comida del cielo. 25 Pan de ángeles comió el hombre; Dios les mandó comida hasta saciarlos. 26 Hizo soplar en el cielo el viento solano, y con su poder dirigió el viento del sur, 27 El hizo llover sobre ellos carne como polvo, aladas aves como la arena de los mares, 28 y las hizo caer en medio del campamento, alrededor de sus viviendas. 29 Comieron y quedaron bien saciados, y les concedió su deseo. 30 Antes de que hubieran satisfecho su deseo, mientras la comida aún estaba en su boca, 31 la ira de Dios se alzó contra ellos y mató a algunos de los más robustos, y subyugó a los escogidos de Israel. 32 A pesar de todo esto, todavía pecaron y no creyeron en sus maravillas. 33 El, pues, hizo terminar sus días en vanidad, y sus años en terror súbito. 34 Cuando los hería de muerte, entonces le buscaban, y se volvían y buscaban con diligencia a Dios; 35 se acordaban de que Dios era su roca, y el Dios Altísimo su Redentor. 36 Mas con su boca le engañaban, y con su lengua le mentían. 37 Pues su corazón no era leal para con El, ni eran fieles a su pacto. 38 Mas El, siendo compasivo, perdonaba sus iniquidades y no los destruía; muchas veces contuvo su ira, y no despertó todo su furor. 39 Se acordaba de que ellos eran carne, un soplo que pasa y no vuelve. 40 ¡Cuántas veces se rebelaron contra El en el desierto, y le entristecieron en las soledades! 41 Tentarona Dios una y otra vez, y afligieron al Santo de Israel. 42 No se acordaron de su poder, del día en que los redimió del adversario, 43 cuando hizo sus señales en Egipto, y sus prodigios en el campo de Zoán. 44 Convirtió en sangre sus ríos y sus corrientes, y no pudieron beber. 45 Envió entre ellos enjambres de moscas que los devoraban, y ranas que los destruían. 46 Entregó también sus cosechas al saltamontes, y el fruto de su trabajo a la langosta. 47 Con granizo destruyó sus vides, y sus sicómoros con escarcha. 48 Entregó también al granizo sus ganados, y sus rebaños a los rayos. 49 Envió sobre ellos el ardor de su ira, furia, indignación y angustia, un ejército de ángeles destructores. 50 Preparó senda para su ira; no eximió sus almas de la muerte, sino que entregó sus vidas a la plaga, 51 e hirió a todos los primogénitos en Egipto, las primicias de su virilidad en las tiendas de Cam. 52 Mas a su pueblo lo sacó como a ovejas, como a rebaño los condujo en el desierto; 53 los guió con seguridad, de modo que no temieron, pero el mar se tragó a sus enemigos. 54 Los trajo, pues, a su tierra santa, a esta tierra montañosa que su diestra había adquirido. 55 Y expulsó a las naciones de delante de ellos; las repartió con medida por herencia, e hizo habitar en sus tiendas a las tribus de Israel. 56 Empero ellos tentaron y provocaron al Dios Altísimo, y no guardaron sus testimonios, 57 sino que se volvieron atrás y fueron desleales como sus padres; se desviaron como arco engañoso. 58 Pues le provocaron con sus lugares altos, y despertaron sus celos con sus imágenes talladas. 59 Al oírlo Dios, se indignó, y aborreció a Israel en gran manera. 60 Abandonó la morada en Silo, la tienda que había levantado entre los hombres, 61 y entregó al cautiverio su poderío, y su gloria en manos del adversario. 62 Entregó también su pueblo a la espada, y se indignó contra su heredad. 63 El fuego consumió a sus jóvenes, y no tuvieron canciones de bodas sus doncellas. 64 Sus sacerdotes cayeron a espada, y sus viudas no pudieron llorar. 65 Entonces despertó el Señor como de un sueño, como guerrero vencido por el vino, 66 e hizo retroceder a sus adversarios, poniendo sobre ellos una afrenta perpetua. 67 Desechó también la tienda de José, y no escogió a la tribu de Efraín, 68 sino que escogió a la tribu de Judá, al monte Sion que El amaba. 69 Y edificó su santuario como las alturas, como la tierra que ha fundado para siempre. 70 Escogió también a David su siervo, lo tomó de entre los apriscos de las ovejas; 71 lo trajo de cuidar las ovejas con sus corderitos, para pastorear a Jacob, su pueblo, y a Israel, su heredad. 72 Y él los pastoreó según la integridad de su corazón, y los guió con la destreza de sus manos.
1 Del hombre son los propósitos del corazón, mas del SEÑOR es la respuesta de la lengua. 2 Todos los caminos del hombre son limpios ante sus propios ojos, pero el SEÑOR sondea los espíritus. 3 Encomienda tus obras al SEÑOR, y tus propósitos se afianzarán. 4 Todas las cosas hechas por el SEÑOR tienen su propio fin, aun el impío, para el día del mal. 5 Abominación al SEÑOR es todo el que es altivo de corazón; ciertamente no quedará sin castigo. 6 Con misericordia y verdad se expía la culpa, y con el temor del SEÑOR el hombre se aparta del mal. 7 Cuando los caminos del hombre son agradables al SEÑOR, aun a sus enemigos hace que estén en paz con él. 8 Mejor es poco con justicia, que gran ganancia con injusticia. 9 La mente del hombre planea su camino, pero el SEÑOR dirige sus pasos. 10 Oráculo hay en los labios del rey; en el juicio no debe errar su boca. 11 El peso y las balanzas justas son del SEÑOR; todas las pesas de la bolsa son obra suya. 12 Es abominación para los reyes cometer iniquidad, porque el trono se afianza en la justicia. 13 El agrado de los reyes son los labios justos, y amado será el que hable lo recto. 14 El furor del rey es como mensajero de muerte, pero el hombre sabio lo aplacará. 15 En el resplandor del rostro del rey hay vida, y su favor es como nube de lluvia tardía. 16 Adquirir sabiduría, cuánto mejor que el oro, y adquirir inteligencia es preferible a la plata. 17 La senda de los rectos es apartarse del mal; el que guarda su camino preserva su alma. 18 Delante de la destrucción va el orgullo, y delante de la caída, la altivez de espíritu. 19 Mejor es ser de espíritu humilde con los pobres que dividir el botín con los soberbios. 20 El que pone atención a la palabra hallará el bien, y el que confía en el SEÑOR es bienaventurado. 21 El sabio de corazón será llamado prudente, y la dulzura de palabras aumenta la persuasión. 22 El entendimiento es fuente de vida para el que lo posee, mas la instrucción de los necios es necedad. 23 El corazón del sabio enseña a su boca y añade persuasión a sus labios. 24 Panal de miel son las palabras agradables, dulces al alma y salud para los huesos. 25 Hay camino que al hombre le parece derecho, pero al final es camino de muerte. 26 El apetito del trabajador para él trabaja, porque su boca lo impulsa. 27 El hombre indigno urde el mal, y sus palabras son como fuego abrasador. 28 El hombre perverso provoca contiendas, y el chismoso separa a los mejores amigos. 29 El hombre violento incita a su prójimo, y lo guía por camino que no es bueno. 30 El que guiña los ojos lo hace para tramar perversidades; el que aprieta los labios ya hizo el mal. 31 La cabeza canosa es corona de gloria, y se encuentra en el camino de la justicia. 32 Mejor es el lento para la ira que el poderoso, y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad. 33 La suerte se echa en el regazo, mas del SEÑOR viene toda decisión.
1 Reunieron los filisteos todos sus ejércitos en Afec, mientras los israelitas acamparon junto a la fuente que está en Jezreel. 2 Y los príncipes de los filisteos iban avanzando por cientos y por miles, y David y sus hombres marchaban en la retaguardia con Aquis. 3 Entonces los jefes de los filisteos dijeron: ¿Qué hacen aquí estos hebreos? Y Aquis dijo a los jefes de los filisteos: ¿No es éste David, el siervo de Saúl, rey de Israel, que ha estado conmigo estos días, o más bien estos años, y no he hallado falta en él desde el día en que se pasó a mí hasta hoy? 4 Pero los jefes de los filisteos se enojaron contra él, y le dijeron: Haz volver a ese hombre y que se vuelva al lugar que le asignaste, y no le permitas que descienda a la batalla con nosotros, no sea que en la batalla se convierta en nuestro adversario. Pues, ¿con qué podría hacerse él aceptable a su señor? ¿No sería con las cabezas de estos hombres? 5 ¿No es éste David, de quien cantaban en las danzas, diciendo: "Saúl mató a sus miles, y David a sus diez miles"? 6 Aquis llamó a David y le dijo: Vive el SEÑOR que tú has sido recto; tu salir y tu entrar en el ejército conmigo son agradables a mis ojos, pues no he hallado mal en ti desde el día en que te pasaste a mí hasta hoy. Sin embargo, no eres agradable a los ojos de los príncipes. 7 Ahora pues, vuelve y vete en paz, para que no desagrades a los príncipes de los filisteos. 8 Y David dijo a Aquis: Pero, ¿qué he hecho? ¿Y qué has hallado en tu siervo desde el día en que estuve delante de ti hasta hoy, para que yo no vaya y pelee contra los enemigos de mi señor el rey? 9 Respondió Aquis y dijo a David: Yo sé que eres grato a mis ojos como un ángel de Dios; sin embargo, los jefes de los filisteos han dicho: "No debe subir con nosotros a la batalla." 10 Por tanto, levántate muy de mañana con los siervos de tu señor que han venido contigo, y luego que os hayáis levantado temprano y haya claridad, partid. 11 David, pues, se levantó temprano, él y sus hombres, para salir por la mañana y regresar a la tierra de los filisteos. Y los filisteos subieron a Jezreel.
1 Justo eres tú, oh SEÑOR, cuando a ti presento mi causa; en verdad asuntos de justicia voy a discutir contigo. ¿Por qué prospera el camino de los impíos y viven en paz todos los que obran con perfidia? 2 Tú los plantas, y echan raíces; crecen, dan fruto. Cerca estás tú de sus labios, pero lejos de su corazón. 3 Pero tú me conoces, oh SEÑOR, tú me ves, y compruebas la actitud de mi corazón para contigo. Arrástralos como ovejas para el matadero y sepáralos para el día de la matanza. 4 ¿Hasta cuándo estará de luto la tierra y marchita la vegetación de todo el campo? Por la maldad de los que moran en ella han sido destruidos los animales y las aves, porque han dicho: Dios no verá nuestro fin. 5 Si corriste con los de a pie y te cansaron, ¿cómo, pues, vas a competir con los caballos? Si caes en tierra de paz, ¿cómo te irá en la espesura del Jordán? 6 Porque también tus hermanos y la casa de tu padre, también ellos te han traicionado, también ellos han dado gritos en pos de ti; no les creas aunque te digan cosas agradables. 7 He dejado mi casa, he abandonado mi heredad, he entregado a la amada de mi alma en manos de sus enemigos. 8 Mi heredad vino a ser para mí como león en la selva; rugió contra mí; por tanto, la aborrecí. 9 ¿Es acaso mi heredad para mí como ave de rapiña de varios colores? ¿Están las aves de rapiña por todos lados contra ella? Id, reunid a todas las bestias del campo, traedlas para que la devoren. 10 Muchos pastores han arruinado mi viña, han hollado mi heredad; han hecho de mi hermosa heredad un desierto desolado. 11 Fue hecha una desolación, llora sobre mí desolada; todo el país ha sido desolado, porque no hubo nadie a quien le importara. 12 Sobre todas las alturas desoladas del desierto han venido destructores, porque la espada del SEÑOR devora de un extremo de la tierra al otro; no hay paz para nadie. 13 Han sembrado trigo y han segado espinos, se han esforzado sin provecho alguno. Avergonzaos, pues, de vuestras cosechas a causa de la ardiente ira del SEÑOR. 14 Así dice el SEÑOR en cuanto a todos mis malvados vecinos que atacan la heredad que he dado en posesión a mi pueblo Israel: He aquí los arrancaré de su tierra, y a la casa de Judá arrancaré de en medio de ellos. 15 Y sucederá que después que los haya arrancado, volveré y les tendré compasión, y los haré regresar cada uno a su heredad y cada cual a su tierra. 16 Y sucederá que si ellos de verdad aprenden los caminos de mi pueblo, jurando en mi nombre: "Vive el SEÑOR", así como ellos enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal, serán restablecidos en medio de mi pueblo. 17 Pero si no escuchan, entonces arrancaré esa nación, la arrancaré y la destruirédeclara el SEÑOR.
1 Hermanos y padres, escuchad mi defensa que ahora presento ante vosotros. 2 Cuando oyeron que se dirigía a ellos en el idioma hebreo, observaron aún más silencio; y él dijo<***>: 3 Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, educado bajo Gamaliel en estricta conformidad a la ley de nuestros padres, siendo tan celoso de Dios como todos vosotros lo sois hoy. 4 Y perseguí este Camino hasta la muerte, encadenando y echando en cárceles tanto a hombres como a mujeres, 5 de lo cual pueden testificar el sumo sacerdote y todo el concilio de los ancianos. También de ellos recibí cartas para los hermanos, y me puse en marcha para Damasco con el fin de traer presos a Jerusalén también a los que estaban allá, para que fueran castigados. 6 Y aconteció que cuando iba de camino, estando ya cerca de Damasco, como al mediodía, de repente una luz muy brillante fulguró desde el cielo a mi derredor, 7 y caí al suelo, y oí una voz que me decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" 8 Y respondí: "¿Quién eres, Señor?" Y El me dijo: "Yo soy Jesús el Nazareno, a quien tú persigues." 9 Y los que estaban conmigo vieron la luz, ciertamente, pero no comprendieron la voz del que me hablaba. 10 Y yo dije: "¿Qué debo hacer, Señor?" Y el Señor me dijo: "Levántate y entra a Damasco; y allí se te dirá todo lo que se ha ordenado que hagas." 11 Pero como yo no veía por causa del resplandor de aquella luz, los que estaban conmigo me llevaron de la mano y entré a Damasco. 12 Y uno llamado Ananías, hombre piadoso según las normas de la ley, y de quien daban buen testimonio todos los judíos que vivían allí, 13 vino a mí, y poniéndose a mi lado, me dijo: "Hermano Saulo, recibe la vista." En ese mismo instante alcé los ojos y lo miré. 14 Y él dijo: "El Dios de nuestros padres te ha designado para que conozcas su voluntad, y para que veas al Justo y oigas palabra de su boca. 15 "Porque testigo suyo serás a todos los hombres de lo que has visto y oído. 16 "Y ahora, ¿por qué te detienes? Levántate y sé bautizado, y lava tus pecados invocando su nombre." 17 Y aconteció que cuando regresé a Jerusalén y me hallaba orando en el templo, caí en un éxtasis, 18 y vi al Señor que me decía: "Apresúrate y sal pronto de Jerusalén porque no aceptarán tu testimonio acerca de mí." 19 Y yo dije: "Señor, ellos saben bien que en una sinagoga tras otra, yo encarcelaba y azotaba a los que creían en ti. 20 "Y cuando se derramaba la sangre de tu testigo Esteban, allí estaba también yo dando mi aprobación, y cuidando los mantos de los que lo estaban matando." 21 Pero El me dijo: "Ve, porque te voy a enviar lejos, a los gentiles." 22 Lo oyeron hasta que dijo esto, y entonces alzaron sus voces y dijeron: ¡Quita de la tierra a ese individuo! No se le debe permitir que viva. 23 Como ellos vociferaban, y arrojaban sus mantos, y echaban polvo al aire, 24 el comandante ordenó que lo llevaran al cuartel, diciendo que debía ser sometido a azotes para saber la razón por qué gritaban contra él de aquella manera. 25 Cuando lo estiraron con correas, Pablo dijo al centurión que estaba allí: ¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haberle hecho juicio? 26 Al oír esto el centurión, fue al comandante y le avisó, diciendo: ¿Qué vas a hacer? Porque este hombre es romano. 27 Vino el comandante a Pablo y le dijo: Dime, ¿eres romano? Y él dijo: Sí. 28 Y el comandante respondió: Yo adquirí esta ciudadanía por una gran cantidad de dinero. Y Pablo dijo: Pero yo soy ciudadano de nacimiento. 29 Entonces los que iban a someterlo a azotes, al instante lo soltaron; y también el comandante tuvo temor cuando supo que Pablo era romano, y porque lo había atado con cadenas. 30 Al día siguiente, queriendo saber con certeza la causa por la cual los judíos lo acusaban, lo soltó, y ordenó a los principales sacerdotes y a todo el concilio que se reunieran; y llevando a Pablo, lo puso ante ellos.