1 Estas cosas habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique a ti, 2 por cuanto le diste autoridad sobre todo ser humano para que dé vida eterna a todos los que tú le has dado. 3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. 4 Yo te glorifiqué en la tierra, habiendo terminado la obra que me diste que hiciera. 5 Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera. 6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; eran tuyos y me los diste, y han guardado tu palabra. 7 Ahora han conocido que todo lo que me has dado viene de ti; 8 porque yo les he dado las palabras que me diste; y las recibieron, y entendieron que en verdad salí de ti, y creyeron que tú me enviaste. 9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me has dado; porque son tuyos; 10 y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo, mío; y he sido glorificado en ellos. 11 Ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, guárdalos en tu nombre, el nombre que me has dado, para que sean uno, así como nosotros. 12 Cuando estaba con ellos, los guardaba en tu nombre, el nombre que me diste; y los guardé y ninguno se perdió, excepto el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliera. 13 Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo para que tengan mi gozo completo en sí mismos. 14 Yo les he dado tu palabra y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 15 No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. 16 Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17 Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad. 18 Como tú me enviaste al mundo, yo también los he enviado al mundo. 19 Y por ellos yo me santifico, para que ellos también sean santificados en la verdad. 20 Mas no ruego sólo por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, 21 para que todos sean uno. Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. 22 La gloria que me diste les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno: 23 yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfeccionados en unidad, para que el mundo sepa que tú me enviaste, y que los amaste tal como me has amado a mí. 24 Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. 25 Oh Padre justo, aunque el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. 26 Yo les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos y yo en ellos.
1 Harás el tabernáculo con diez cortinas de lino fino torcido, y tela azul , púrpura y escarlata; las harás con querubines, obra de hábil artífice. 2 La longitud de cada cortina será de veintiocho codos, y la anchura de cada cortina de cuatro codos; todas las cortinas tendrán una misma medida. 3 Cinco cortinas estarán unidas una con la otra; también las otras cinco cortinas estarán unidas una con la otra. 4 Y harás lazos de tela azul en el borde de la cortina del extremo del primer enlace, y de la misma manera los harás en el borde de la cortina del extremo del segundo enlace. 5 Harás cincuenta lazos en la primera cortina, y harás cincuenta lazos en el borde de la cortina que está en el segundo enlace; los lazos se corresponderán unos a otros. 6 Harás además cincuenta broches de oro, y con los broches unirás las cortinas una a la otra, de manera que el tabernáculo sea una unidad. 7 Harás también cortinas de pelo de cabra a manera de tienda sobre el tabernáculo; en total harás once cortinas. 8 La longitud de cada cortina será de treinta codos, y la anchura de cada cortina de cuatro codos, las once cortinas tendrán una misma medida. 9 Unirás cinco cortinas entre sí y las otras seis cortinas también entre sí, y doblarás la sexta cortina en el frente de la tienda. 10 Harás cincuenta lazos en el borde de la cortina del extremo del primer enlace, y cincuenta lazos en el borde de la cortina del extremo del segundo enlace. 11 Harás además cincuenta broches de bronce, y pondrás los broches en los lazos y unirás la tienda para que sea un todo. 12 Y el exceso que sobra de las cortinas de la tienda, la media cortina que queda, caerá sobre la parte posterior del tabernáculo. 13 Y un codo en un lado y un codo en el otro lado de lo que sobra de la longitud de las cortinas de la tienda, caerá en los costados del tabernáculo, a un lado y a otro, para cubrirlo. 14 Harás también para la tienda una cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo, y otra cubierta de pieles de marsopa por encima. 15 Harás luego para el tabernáculo tablas de madera de acacia, colocándolas verticalmente. 16 La longitud de cada tabla será de diez codos, y de un codo y medio la anchura de cada tabla. 17 Cada tabla tendrá dos espigas para unirlas una con otra; así harás con todas las tablas del tabernáculo. 18 Harás, pues, las tablas para el tabernáculo; veinte tablas para el lado sur. 19 También harás cuarenta basas de plata debajo de las veinte tablas: dos basas debajo de una tabla para sus dos espigas, y dos basas debajo de la otra tabla para sus dos espigas. 20 Y para el segundo lado del tabernáculo, al lado norte, veinte tablas, 21 y sus cuarenta basas de plata: dos basas debajo de una tabla y dos basas debajo de la otra tabla. 22 Y para la parte posterior del tabernáculo, hacia el occidente, harás seis tablas. 23 Harás además dos tablas para las esquinas del tabernáculo en la parte posterior. 24 Serán dobles por abajo, y estarán completamente unidas por arriba hasta la primera argolla; así será con las dos: formarán las dos esquinas. 25 Habrá ocho tablas con sus basas de plata, dieciséis basas; dos basas debajo de una tabla y dos basas debajo de la otra tabla. 26 Harás también barras de madera de acacia; cinco para las tablas de un lado del tabernáculo, 27 y cinco barras para las tablas del otro lado del tabernáculo, y cinco barras para las tablas del lado posterior del tabernáculo, hacia el occidente. 28 La barra del medio en el centro de las tablas pasará de un extremo al otro. 29 Y revestirás de oro las tablas, y harás de oro sus argollas por donde pasarán las barras; y revestirás de oro las barras. 30 Entonces levantarás el tabernáculo según el plan que te ha sido mostrado en el monte. 31 Harás además un velo de tela azul, púrpura y escarlata, y de lino fino torcido; será hecho con querubines, obra de hábil artífice. 32 Y lo colgarás sobre cuatro columnas de acacia revestidas de oro; sus ganchos serán también de oro, sobre cuatro basas de plata. 33 Colgarás el velo debajo de los broches, y pondrás allí, detrás del velo, el arca del testimonio; y el velo os servirá como división entre el lugar santo y el lugar santísimo. 34 Y pondrás el propiciatorio sobre el arca del testimonio en el lugar santísimo. 35 Y pondrás la mesa fuera del velo, y el candelabro enfrente de la mesa en el lado del tabernáculo hacia el sur; y pondrás la mesa en el lado norte. 36 Harás también una cortina para la entrada de la tienda de tela azul, púrpura y escarlata, y de lino fino torcido, obra de tejedor. 37 Y harás cinco columnas de acacia para la cortina, y las revestirás de oro, y sus ganchos serán también de oro; y fundirás cinco basas de bronce para ellas.
1 Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, pero no tengo amor, he llegado a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe. 2 Y si tuviera el don de profecía, y entendiera todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviera toda la fe como para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy. 3 Y si diera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregara mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me aprovecha. 4 El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante; 5 no se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido; 6 no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad; 7 todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 8 El amor nunca deja de ser; pero si hay dones de profecía, se acabarán; si hay lenguas, cesarán; si hay conocimiento, se acabará. 9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; 10 pero cuando venga lo perfecto, lo incompleto se acabará. 11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé las cosas de niño. 12 Porque ahora vemos por un espejo, veladamente, pero entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte, pero entonces conoceré plenamente, como he sido conocido. 13 Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.
1 Por lo cual, no pudiendo soportarlo más, pensamos que era mejor quedarnos solos en Atenas, 2 y enviamos a Timoteo, nuestro hermano y colaborador de Dios en el evangelio de Cristo, para fortaleceros y alentaros respecto a vuestra fe; 3 a fin de que nadie se inquiete por causa de estas aflicciones, porque vosotros mismos sabéis que para esto hemos sido destinados. 4 Porque en verdad, cuando estábamos con vosotros os predecíamos que íbamos a sufrir aflicción, y así ha acontecido, como sabéis. 5 Por eso también yo, cuando ya no pude soportar más, envié para informarme de vuestra fe, por temor a que el tentador os hubiera tentado y que nuestro trabajo resultara en vano. 6 Pero ahora Timoteo ha regresado de vosotros a nosotros, y nos ha traído buenas noticias de vuestra fe y amor y de que siempre tenéis buen recuerdo de nosotros, añorando vernos, como también nosotros a vosotros; 7 por eso, hermanos, en toda nuestra necesidad y aflicción fuimos consolados respecto a vosotros por medio de vuestra fe; 8 porque ahora sí que vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor. 9 Pues ¿qué acción de gracias podemos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos regocijamos delante de nuestro Dios a causa de vosotros, 10 según oramos intensamente de noche y de día que podamos ver vuestro rostro y que completemos lo que falta a vuestra fe? 11 Ahora, pues, que el mismo Dios y Padre nuestro, y Jesús nuestro Señor, dirijan nuestro camino a vosotros; 12 y que el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros, y para con todos, como también nosotros lo hacemos para con vosotros; 13 a fin de que El afirme vuestros corazones irreprensibles en santidad delante de nuestro Dios y Padre, en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos.
1 Entonces respondió Elifaz temanita, y dijo: 2 ¿Debe responder un sabio con hueca sabiduría y llenarse de viento solano? 3 ¿Debe argumentar con razones inútiles o con palabras sin provecho? 4 Ciertamente, tú rechazas el temor, e impides la meditación delante de Dios. 5 Porque tu iniquidad enseña a tu boca, y escoges el lenguaje de los astutos. 6 Tu propia boca, y no yo, te condena, y tus propios labios testifican contra ti. 7 ¿Fuiste tú el primer hombre en nacer, o fuiste dado a luz antes que las colinas? 8 ¿Oyes tú el secreto de Dios, y retienes para ti la sabiduría? 9 ¿Qué sabes tú que nosotros no sepamos? ¿Qué entiendes tú que nosotros no entendamos? 10 También entre nosotros hay canosos y ancianos de más edad que tu padre. 11 ¿Te parecen poco los consuelos de Dios, y la palabra hablada a ti con dulzura? 12 ¿Por qué te arrebata el corazón, y por qué centellean tus ojos, 13 para volver tu espíritu contra Dios y dejar salir de tu boca tales palabras? 14 ¿Qué es el hombre para que sea puro, o el nacido de mujer para que sea justo? 15 He aquí, Dios no confía en sus santos, y ni los cielos son puros ante sus ojos; 16 ¡cuánto menos el hombre, un ser abominable y corrompido, que bebe como agua la iniquidad! 17 Yo te mostraré, escúchame, y te contaré lo que he visto; 18 lo que los sabios han dado a conocer, sin ocultar nada de sus padres; 19 a ellos solos se les dio la tierra, y ningún extranjero pasó entre ellos. 20 Todos sus días el impío se retuerce de dolor, y contados están los años reservados para el tirano. 21 Ruidos de espanto hay en sus oídos, mientras está en paz, el destructor viene sobre él. 22 El no cree que volverá de las tinieblas, y que está destinado para la espada. 23 Vaga en busca de pan, diciendo: "¿Dónde está?" Sabe que es inminente el día de las tinieblas. 24 La ansiedad y la angustia lo aterran, lo dominan como rey dispuesto para el ataque; 25 porque él ha extendido su mano contra Dios, y se porta con soberbia contra el Todopoderoso. 26 Corre contra El con cuello erguido, con su escudo macizo; 27 porque ha cubierto su rostro de grosura, se le han hecho pliegues de grasa sobre sus lomos, 28 y ha vivido en ciudades desoladas, en casas inhabitables, destinadas a convertirse en ruinas. 29 No se enriquecerá, ni sus bienes perdurarán, ni su espiga se inclinará a tierra. 30 No escapará de las tinieblas, secará la llama sus renuevos, y por el soplo de su boca desaparecerá. 31 Que no confíe en la vanidad, engañándose a sí mismo, pues vanidad será su recompensa. 32 Antes de su tiempo se cumplirá, y la hoja de su palmera no reverdecerá. 33 Dejará caer su agraz como la vid, y como el olivo arrojará su flor. 34 Porque estéril es la compañía de los impíos, y el fuego consume las tiendas del corrupto. 35 Conciben malicia, dan a luz iniquidad, y en su mente traman engaño.
1 ¡Aleluya! Alabad, siervos del SEÑOR, alabad el nombre del SEÑOR. 2 Bendito sea el nombre del SEÑOR desde ahora y para siempre. 3 Desde el nacimiento del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del SEÑOR. 4 Excelso sobre todas las naciones es el SEÑOR; su gloria está sobre los cielos. 5 ¿Quién es como el SEÑOR nuestro Dios, que está sentado en las alturas, 6 que se humilla para mirar lo que hay en el cielo y en la tierra? 7 El levanta al pobre del polvo, y al necesitado saca del muladar, 8 para sentarlos con príncipes, con los príncipes de su pueblo. 9 Hace habitar en casa a la mujer estéril, gozosa de ser madre de hijos. ¡Aleluya!
1 La suave respuesta aparta el furor, mas la palabra hiriente hace subir la ira. 2 La lengua del sabio hace grato el conocimiento, pero la boca de los necios habla necedades. 3 En todo lugar están los ojos del SEÑOR, observando a los malos y a los buenos. 4 La lengua apacible es árbol de vida, mas la perversidad en ella quebranta el espíritu. 5 El necio rechaza la disciplina de su padre, mas el que acepta la reprensión es prudente. 6 En la casa del justo hay mucha riqueza, pero en las ganancias del impío hay turbación. 7 Los labios de los sabios esparcen conocimiento, pero no así el corazón de los necios. 8 El sacrificio de los impíos es abominación al SEÑOR, mas la oración de los rectos es su deleite. 9 Abominación al SEÑOR es el camino del impío, y El ama al que sigue la justicia. 10 La disciplina severa es para el que abandona el camino; el que aborrece la reprensión morirá. 11 El Seol y el Abadón están delante del SEÑOR, ¡cuánto más los corazones de los hombres! 12 El escarnecedor no ama al que lo reprende, ni se allegará a los sabios. 13 El corazón gozoso alegra el rostro, pero en la tristeza del corazón se quebranta el espíritu. 14 El corazón inteligente busca conocimiento, mas la boca de los necios se alimenta de necedades. 15 Todos los días del afligido son malos, pero el de corazón alegre tiene un banquete continuo. 16 Mejor es lo poco con el temor del SEÑOR, que gran tesoro y turbación con él. 17 Mejor es un plato de legumbres donde hay amor, que buey engordado y odio con él. 18 El hombre irascible suscita riñas, pero el lento para la ira apacigua contiendas. 19 El camino del perezoso es como un seto de espinos, mas la senda de los rectos es una calzada. 20 El hijo sabio alegra al padre, pero el hombre necio desprecia a su madre. 21 La necedad es alegría para el insensato, pero el hombre inteligente anda rectamente. 22 Sin consulta, los planes se frustran, pero con muchos consejeros, triunfan. 23 El hombre se alegra con la respuesta adecuada, y una palabra a tiempo, ¡cuán agradable es! 24 La senda de vida para el sabio es hacia arriba, para que se aparte del Seol que está abajo. 25 El SEÑOR derribará la casa de los soberbios, pero afianzará los linderos de la viuda. 26 Abominación al SEÑOR son los planes perversos, mas las palabras agradables son puras. 27 Perturba su casa el que tiene ganancias ilícitas, pero el que aborrece el soborno, vivirá. 28 El corazón del justo medita cómo responder, mas la boca de los impíos habla lo malo. 29 El SEÑOR está lejos de los impíos, pero escucha la oración de los justos. 30 La luz de los ojos alegra el corazón, y las buenas noticias fortalecen los huesos. 31 El oído que escucha las reprensiones de la vida, morará entre los sabios. 32 El que tiene en poco la disciplina se desprecia a sí mismo, mas el que escucha las reprensiones adquiere entendimiento. 33 El temor del SEÑOR es instrucción de sabiduría, y antes de la gloria está la humildad.
1 Estos son los territorios que los hijos de Israel recibieron como heredad en la tierra de Canaán, los cuales les repartieron como heredad el sacerdote Eleazar y Josué, hijo de Nun, y las cabezas de las casas de las tribus de los hijos de Israel, 2 por suerte recibieron su heredad tal como el SEÑOR había ordenado por medio de Moisés, a las nueve tribus y a la media tribu. 3 Pues Moisés había dado la heredad de las dos tribus y de la media tribu al otro lado del Jordán; pero no dio heredad entre ellos a los levitas. 4 Porque los hijos de José eran dos tribus, Manasés y Efraín; y ellos no dieron a los levitas ninguna porción en su tierra, sino ciudades donde habitar, con sus tierras de pasto para sus ganados y para sus posesiones. 5 Tal como el SEÑOR había ordenado a Moisés, así hicieron los hijos de Israel, y repartieron la tierra. 6 Entonces los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal, y Caleb, hijo de Jefone cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que el SEÑOR dijo a Moisés, hombre de Dios, acerca de ti y de mí en Cades-barnea. 7 Yo tenía cuarenta años cuando Moisés, siervo del SEÑOR, me envió de Cades-barnea a reconocer la tierra, y le informé como yo lo sentía en mi corazón. 8 Sin embargo, mis hermanos que subieron conmigo, hicieron atemorizar el corazón del pueblo; pero yo seguí plenamente al SEÑOR mi Dios. 9 Y aquel día Moisés juró, diciendo: "Ciertamente, la tierra que ha pisado tu pie será herencia tuya y de tus hijos para siempre, porque has seguido plenamente al SEÑOR mi Dios." 10 Y ahora, he aquí, el SEÑOR me ha permitido vivir, tal como prometió, estos cuarenta y cinco años, desde el día en que el SEÑOR habló estas palabras a Moisés, cuando Israel caminaba en el desierto; y he aquí, ahora tengo ochenta y cinco años. 11 Todavía estoy tan fuerte como el día en que Moisés me envió; como era entonces mi fuerza, así es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar. 12 Ahora pues, dame esta región montañosa de la cual el SEÑOR habló aquel día, porque tú oíste aquel día que allí había anaceos con grandes ciudades fortificadas; tal vez el SEÑOR esté conmigo y los expulsaré como el SEÑOR ha dicho. 13 Y Josué lo bendijo, y dio Hebrón por heredad a Caleb, hijo de Jefone. 14 Por tanto, Hebrón vino a ser hasta hoy heredad de Caleb, hijo de Jefone cenezeo, porque siguió plenamente al SEÑOR, Dios de Israel. 15 Y el nombre de Hebrón antes era Quiriat-arba ; pues Arba era el hombre más grande entre los anaceos. Entonces la tierra descansó de la guerra.
1 Profecía sobre Babilonia que tuvo en visión Isaías, hijo de Amoz: 2 Levantad estandarte sobre la colina pelada , alzad a ellos la voz, agitad la mano para que entren por las puertas de los nobles. 3 Yo he dado órdenes a mis consagrados, también he llamado a mis guerreros, a los que se regocijan de mi gloria para ejecutar mi ira. 4 Ruido de tumulto en los montes, como de mucha gente. Ruido de estruendo de reinos, de naciones reunidas. El SEÑOR de los ejércitos pasa revista al ejército para la batalla. 5 Vienen de una tierra lejana, de los más lejanos horizontes , el SEÑOR y los instrumentos de su indignación, para destruir toda la tierra. 6 Gemid, porque cerca está el día del SEÑOR; vendrá como destrucción del Todopoderoso. 7 Por tanto todas las manos se debilitarán, el corazón de todo hombre desfallecerá, 8 y se aterrarán; dolores y angustias se apoderarán de ellos, como mujer de parto se retorcerán; se mirarán el uno al otro con asombro, rostros en llamas serán sus rostros. 9 He aquí, el día del SEÑOR viene, cruel, con furia y ardiente ira, para convertir en desolación la tierra y exterminar de ella a sus pecadores. 10 Pues las estrellas del cielo y sus constelaciones no destellarán su luz; se oscurecerá el sol al salir, y la luna no irradiará su luz. 11 Castigaré al mundo por su maldad y a los impíos por su iniquidad; también pondré fin a la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los despiadados. 12 Haré al mortal más escaso que el oro puro, y a la humanidad más que el oro de Ofir. 13 Por tanto, haré estremecer los cielos, y la tierra será removida de su lugar ante la furia del SEÑOR de los ejércitos, en el día de su ardiente ira. 14 Y será como gacela perseguida, o como ovejas que nadie reúne; cada uno volverá a su pueblo, y cada uno huirá a su tierra. 15 Cualquiera que sea hallado será traspasado, y cualquiera que sea capturado caerá a espada. 16 También sus pequeños serán estrellados delante de sus ojos; serán saqueadas sus casas y violadas sus mujeres. 17 He aquí, incitaré contra ellos a los medos, que no estiman la plata ni se deleitan en el oro; 18 con arcos barrerán a los jóvenes, no tendrán compasión del fruto del vientre, ni de los niños tendrán piedad sus ojos. 19 Y Babilonia, hermosura de los reinos, gloria del orgullo de los caldeos, será como cuando Dios destruyó a Sodoma y a Gomorra; 20 nunca más será poblada ni habitada de generación en generación; no pondrá tienda allí el árabe, ni los pastores harán descansar allí sus rebaños; 21 sino que allí descansarán los moradores del desierto, y llenas estarán sus casas de búhos; también habitarán allí los avestruces, y allí brincarán las cabras peludas. 22 Aullarán las hienas en sus torres fortificadas y los chacales en sus lujosos palacios. Está próximo a llegar su tiempo, y sus días no se prolongarán.
1 Los apóstoles y los hermanos que estaban por toda Judea oyeron que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. 2 Y cuando Pedro subió a Jerusalén, los que eran de la circuncisión le reprocharon, 3 diciendo: Tú entraste en casa de incircuncisos y comiste con ellos. 4 Entonces Pedro comenzó a explicarles en orden lo sucedido, diciendo: 5 Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis una visión: un objeto semejante a un gran lienzo que descendía, bajado del cielo por las cuatro puntas, y vino hasta mí. 6 Cuando fijé mis ojos en él y lo observaba, vi cuadrúpedos terrestres, fieras, reptiles y aves del cielo. 7 También oí una voz que me decía: "Levántate Pedro, mata y come." 8 Pero yo dije: "De ninguna manera, Señor, porque nada impuro o inmundo ha entrado jamás en mi boca." 9 Pero una voz del cielo respondió por segunda vez: "Lo que Dios ha limpiado, no lo llames tú impuro." 10 Esto sucedió tres veces, y todo volvió a ser llevado arriba al cielo. 11 Y he aquí, en aquel momento se aparecieron tres hombres delante de la casa donde estábamos, los cuales habían sido enviados a mí desde Cesarea. 12 Y el Espíritu me dijo que fuera con ellos sin dudar. Estos seis hermanos fueron también conmigo y entramos en la casa de aquel hombre, 13 y él nos contó cómo había visto al ángel de pie en su casa, el cual le dijo: "Envía a Jope y haz traer a Simón, que también se llama Pedro, 14 quien te dirá palabras por las cuales serás salvo, tú y toda tu casa." 15 Cuando comencé a hablar, el Espíritu Santo descendió sobre ellos, tal como lo hizo sobre nosotros al principio. 16 Entonces me acordé de las palabras del Señor, cuando dijo: "Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo." 17 Por tanto, si Dios les dio a ellos el mismo don que también nos dio a nosotros después de creer en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poder estorbar a Dios? 18 Y al oír esto se calmaron, y glorificaron a Dios, diciendo: Así que también a los gentiles ha concedido Dios el arrepentimiento que conduce a la vida. 19 Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que sobrevino cuando la muerte de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando la palabra a nadie, sino sólo a los judíos. 20 Pero había algunos de ellos, hombres de Chipre y de Cirene, los cuales al llegar a Antioquía, hablaban también a los griegos, predicando al Señor Jesús. 21 Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número que creyó se convirtió al Señor. 22 Y la noticia de esto llegó a oídos de la iglesia de Jerusalén y enviaron a Bernabé a Antioquía, 23 el cual, cuando vino y vio la gracia de Dios, se regocijó y animaba a todos para que con corazón firme permanecieran fieles al Señor; 24 porque era un hombre bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor. 25 Y Bernabé salió rumbo a Tarso para buscar a Saulo; 26 y cuando lo encontró, lo trajo a Antioquía. Y se reunieron con la iglesia por todo un año, y enseñaban a las multitudes; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía. 27 Por aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. 28 Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que ciertamente habría una gran hambre en toda la tierra. Y esto ocurrió durante el reinado de Claudio. 29 Los discípulos, conforme a lo que cada uno tenía, determinaron enviar una contribución para el socorro de los hermanos que habitaban en Judea. 30 Y así lo hicieron, mandándola a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.