1 Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, he aquí, unos magos del oriente llegaron a Jerusalén, diciendo: 2 ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle. 3 Cuando lo oyó el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él. 4 Entonces, reuniendo a todos los principales sacerdotes y escribas del pueblo, indagó de ellos dónde había de nacer el Cristo. 5 Y ellos le dijeron: En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta: 6 "Y TU, BELEN, TIERRA DE JUDA, DE NINGUN MODO ERES LA MAS PEQUEÑA ENTRE LOS PRINCIPES DE JUDA; PORQUE DE TI SALDRA UN GOBERNANTE QUE PASTOREARA A MI PUEBLO ISRAEL." 7 Entonces Herodes llamó a los magos en secreto y se cercioró con ellos del tiempo en que había aparecido la estrella. 8 Y enviándolos a Belén, dijo: Id y buscad con diligencia al niño; y cuando le encontréis, avisadme para que yo también vaya y le adore. 9 Y habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí, la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. 10 Cuando vieron la estrella, se regocijaron sobremanera con gran alegría. 11 Y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose le adoraron; y abriendo sus tesoros le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra. 12 Y habiendo sido advertidos por Dios en sueños que no volvieran a Herodes, partieron para su tierra por otro camino. 13 Después de haberse marchado ellos, un ángel del Señor se le apareció<***> a José en sueños, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto, y quédate allí hasta que yo te diga; porque Herodes va a buscar al niño para matarle. 14 Y él, levantándose, tomó de noche al niño y a su madre, y se trasladó a Egipto; 15 y estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor habló por medio del profeta, diciendo: DE EGIPTO LLAME A MI HIJO. 16 Entonces Herodes, al verse burlado por los magos, se enfureció en gran manera, y mandó matar a todos los niños que había en Belén y en todos sus alrededores, de dos años para abajo, según el tiempo que había averiguado de los magos. 17 Entonces se cumplió lo que fue dicho por medio del profeta Jeremías, cuando dijo: 18 SE OYO UNA VOZ EN RAMA, LLANTO Y GRAN LAMENTACION; RAQUEL QUE LLORA A SUS HIJOS, Y QUE NO QUISO SER CONSOLADA PORQUE ya NO EXISTEN. 19 Pero cuando murió Herodes, he aquí, un ángel del Señor se apareció<***> en sueños a José en Egipto, diciendo: 20 Levántate, toma al niño y a su madre y vete a la tierra de Israel, porque los que atentaban contra la vida del niño han muerto. 21 Y él, levantándose, tomó al niño y a su madre, y vino a la tierra de Israel. 22 Pero cuando oyó que Arquelao reinaba sobre Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá; y advertido por Dios en sueños, partió para la región de Galilea; 23 y llegó y habitó en una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliera lo que fue dicho por medio de los profetas: Será llamado Nazareno.
1 Cuando el pueblo vio que Moisés tardaba en bajar del monte, la gente se congregó alrededor de Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos un dios que vaya delante de nosotros; en cuanto a este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 2 Y Aarón les dijo: Quitad los pendientes de oro de las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. 3 Entonces todo el pueblo se quitó los pendientes de oro que tenían en las orejas y los llevaron a Aarón. 4 Y él los tomó de sus manos y les dio forma con buril, e hizo de ellos un becerro de fundición. Y ellos dijeron: Este es tu dios, Israel, que te ha sacado de la tierra de Egipto. 5 Cuando Aarón vio esto, edificó un altar delante del becerro. Y Aarón hizo una proclama, diciendo: Mañana será fiesta para el SEÑOR. 6 Y al día siguiente se levantaron temprano y ofrecieron holocaustos y trajeron ofrendas de paz; y el pueblo se sentó a comer y a beber, y se levantó a regocijarse. 7 Entonces el SEÑOR habló a Moisés: Desciende pronto, porque tu pueblo, que sacaste de la tierra de Egipto, se ha corrompido. 8 Bien pronto se han desviado del camino que yo les mandé. Se han hecho un becerro de fundición y lo han adorado, le han ofrecido sacrificios y han dicho: "Este es tu dios, Israel, que te ha sacado de la tierra de Egipto." 9 Y el SEÑOR dijo a Moisés: He visto a este pueblo, y he aquí, es pueblo de dura cerviz. 10 Ahora pues, déjame, para que se encienda mi ira contra ellos y los consuma; mas de ti yo haré una gran nación. 11 Entonces Moisés suplicó ante el SEÑOR su Dios, y dijo: Oh SEÑOR, ¿por qué se enciende tu ira contra tu pueblo, que tú has sacado de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? 12 ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: "Con malas intenciones los ha sacado, para matarlos en los montes y para exterminarlos de la faz de la tierra"? Vuélvete del ardor de tu ira, y desiste de hacer daño a tu pueblo. 13 Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel, siervos tuyos, a quienes juraste por ti mismo, y les dijiste: "Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de la cual he hablado, daré a vuestros descendientes, y ellos la heredarán para siempre." 14 Y el SEÑOR desistió de hacer el daño que había dicho que haría a su pueblo. 15 Entonces se volvió Moisés y descendió del monte con las dos tablas del testimonio en su mano, tablas escritas por ambos lados; por uno y por el otro estaban escritas. 16 Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas. 17 Al oír Josué el ruido del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: Hay gritos de guerra en el campamento. 18 Pero él respondió: No es ruido de gritos de victoria, ni es ruido de lamentos de derrota; sino que oigo voces de canto. 19 Y sucedió que tan pronto como Moisés se acercó al campamento, vio el becerro y las danzas; y se encendió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las hizo pedazos al pie del monte. 20 Y tomando el becerro que habían hecho, lo quemó en el fuego, lo molió hasta reducirlo a polvo y lo esparció sobre el agua, e hizo que los hijos de Israel lo bebieran. 21 Entonces dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo para que hayas traído sobre él tan gran pecado? 22 Y Aarón respondió: No se encienda la ira de mi señor; tú conoces al pueblo, que es propenso al mal. 23 Porque me dijeron: "Haznos un dios que vaya delante de nosotros; pues no sabemos qué le haya acontecido a este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto." 24 Y yo les dije: "El que tenga oro, que se lo quite." Y me lo dieron, y lo eché al fuego y salió este becerro. 25 Y viendo Moisés al pueblo desenfrenado, porque Aarón les había permitido el desenfreno para ser burla de sus enemigos, 26 se paró Moisés a la puerta del campamento, y dijo: El que esté por el SEÑOR, venga a mí. Y se juntaron a él todos los hijos de Leví. 27 Y él les dijo: Así dice el SEÑOR, Dios de Israel: "Póngase cada uno la espada sobre el muslo, y pasad y repasad por el campamento de puerta en puerta, y matad cada uno a su hermano y a su amigo y a su vecino." 28 Y los hijos de Leví hicieron conforme a la palabra de Moisés; y cayeron aquel día unos tres mil hombres del pueblo. 29 Y Moisés dijo: Consagraos hoy al SEÑOR, pues cada uno ha estado en contra de su hijo y en contra de su hermano, para que hoy El os dé una bendición. 30 Y sucedió que al día siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado, y yo ahora voy a subir al SEÑOR, quizá pueda hacer expiación por vuestro pecado. 31 Entonces volvió Moisés al SEÑOR y dijo: ¡Ay!, este pueblo ha cometido un gran pecado: se ha hecho un dios de oro. 32 Pero ahora, si es tu voluntad, perdona su pecado, y si no, bórrame del libro que has escrito. 33 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Al que haya pecado contra mí, lo borraré de mi libro. 34 Pero ahora ve, conduce al pueblo adonde te he dicho. He aquí, mi ángel irá delante de ti; mas el día que yo los visite, los castigaré por su pecado. 35 Y el SEÑOR hirió al pueblo por lo que hicieron con el becerro que Aarón había hecho.
1 ¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O acaso necesitamos, como algunos, cartas de recomendación para vosotros o de parte de vosotros? 2 Vosotros sois nuestra carta, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres, 3 siendo manifiesto que sois carta de Cristo redactada por nosotros, no escrita con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de corazones humanos. 4 Y esta confianza tenemos hacia Dios por medio de Cristo: 5 no que seamos suficientes en nosotros mismos para pensar que cosa alguna procede de nosotros, sino que nuestra suficiencia es de Dios, 6 el cual también nos hizo suficientes como ministros de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida. 7 Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, de tal manera que los hijos de Israel no podían fijar la vista en el rostro de Moisés por causa de la gloria de su rostro, que se desvanecía, 8 ¿cómo no será aún con más gloria el ministerio del Espíritu? 9 Porque si el ministerio de condenación tiene gloria, mucho más abunda en gloria el ministerio de justicia. 10 Pues en verdad, lo que tenía gloria, en este caso no tiene gloria por razón de la gloria que lo sobrepasa. 11 Porque si lo que se desvanece fue con gloria, mucho más es con gloria lo que permanece. 12 Teniendo, por tanto, tal esperanza, hablamos con mucha franqueza, 13 y no somos como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro para que los hijos de Israel no fijaran su vista en el fin de aquello que había de desvanecerse. 14 Pero el entendimiento de ellos se endureció; porque hasta el día de hoy, en la lectura del antiguo pacto el mismo velo permanece sin alzarse, pues sólo en Cristo es quitado. 15 Y hasta el día de hoy, cada vez que se lee a Moisés, un velo está puesto sobre sus corazones; 16 pero cuando alguno se vuelve al Señor, el velo es quitado. 17 Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad. 18 Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.
1 Pablo, apóstol de Cristo Jesús por mandato de Dios nuestro Salvador, y de Cristo Jesús nuestra esperanza, 2 a Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz de Dios Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor. 3 Como te rogué al partir para Macedonia que te quedaras en Efeso para que instruyeras a algunos que no enseñaran doctrinas extrañas, 4 ni prestaran atención a mitos y genealogías interminables, lo que da lugar a discusiones inútiles en vez de hacer avanzar el plan de Dios que es por fe, así te encargo ahora. 5 Pero el propósito de nuestra instrucción es el amor nacido de un corazón puro, de una buena conciencia y de una fe sincera. 6 Pues algunos, desviándose de estas cosas, se han apartado hacia una vana palabrería, 7 queriendo ser maestros de la ley, aunque no entienden lo que dicen ni las cosas acerca de las cuales hacen declaraciones categóricas. 8 Pero nosotros sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente, 9 reconociendo esto: que la ley no ha sido instituida para el justo, sino para los transgresores y rebeldes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, 10 para los inmorales, homosexuales, secuestradores, mentirosos, perjuros, y para cualquier otra cosa que es contraria a la sana doctrina, 11 según el glorioso evangelio del Dios bendito, que me ha sido encomendado. 12 Doy gracias a Cristo Jesús nuestro Señor, que me ha fortalecido, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio; 13 aun habiendo sido yo antes blasfemo, perseguidor y agresor. Sin embargo, se me mostró misericordia porque lo hice por ignorancia en mi incredulidad. 14 Pero la gracia de nuestro Señor fue más que abundante, con la fe y el amor que se hallan en Cristo Jesús. 15 Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero. 16 Sin embargo, por esto hallé misericordia, para que en mí, como el primero, Jesucristo demostrara toda su paciencia como un ejemplo para los que habrían de creer en El para vida eterna. 17 Por tanto, al Rey eterno, inmortal, invisible, único Dios, a El sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén. 18 Esta comisión te confío, hijo Timoteo, conforme a las profecías que antes se hicieron en cuanto a ti, a fin de que por ellas pelees la buena batalla, 19 guardando la fe y una buena conciencia, que algunos han rechazado y naufragaron en lo que toca a la fe. 20 Entre los cuales están Himeneo y Alejandro, a quienes he entregado a Satanás, para que aprendan a no blasfemar.
1 Entonces respondió Job, y dijo: 2 Escuchad atentamente mis palabras, y que sea éste vuestro consuelo para mí. 3 Tened paciencia y hablaré; y después que haya hablado, os podréis burlar. 4 En cuanto a mí, ¿me quejo yo al hombre? ¿Y por qué no he de ser impaciente? 5 Miradme, y quedaos atónitos, y poned la mano sobre vuestra boca. 6 Aún cuando me acuerdo, me perturbo, y el horror se apodera de mi carne. 7 ¿Por qué siguen viviendo los impíos, envejecen, también se hacen muy poderosos? 8 En su presencia se afirman con ellos sus descendientes, y sus vástagos delante de sus ojos; 9 sus casas están libres de temor, y no está la vara de Dios sobre ellos. 10 Su toro engendra sin fallar, su vaca pare y no aborta. 11 Envían fuera a sus pequeños cual rebaño, y sus niños andan saltando. 12 Cantan con pandero y arpa, y al son de la flauta se regocijan. 13 Pasan sus días en prosperidad, y de repente descienden al Seol. 14 Y dicen a Dios: "¡Apártate de nosotros! No deseamos el conocimiento de tus caminos. 15 "¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos, y qué ganaríamos con rogarle?" 16 He aquí, no está en mano de ellos su prosperidad; el consejo de los impíos lejos está de mí. 17 ¿Cuántas veces es apagada la lámpara de los impíos, o cae sobre ellos su calamidad? ¿Reparte Dios dolores en su ira? 18 ¿Son como paja delante del viento, y como tamo que arrebata el torbellino? 19 Decís: "Dios guarda la iniquidad de un hombre para sus hijos." Que Dios le pague para que aprenda. 20 Vean sus ojos su ruina, y beba de la furia del Todopoderoso. 21 Pues ¿qué le importa la suerte de su casa después de él cuando el número de sus meses haya sido cortado? 22 ¿Puede enseñarse a Dios sabiduría, siendo que El juzga a los encumbrados? 23 Uno muere en pleno vigor, estando completamente tranquilo y satisfecho; 24 sus ijares están repletos de grosura, húmeda está la médula de sus huesos, 25 mientras otro muere con alma amargada, y sin haber probado nada bueno. 26 Juntos yacen en el polvo, y los gusanos los cubren. 27 He aquí, yo conozco vuestros pensamientos, y los designios con los cuales me dañaríais. 28 Porque decís: "¿Dónde está la casa del noble, y dónde la tienda donde moraban los impíos?" 29 ¿No habéis preguntado a los caminantes, y no reconocéis su testimonio? 30 Porque el impío es preservado para el día de la destrucción; ellos serán conducidos en el día de la ira. 31 ¿Quién le declarará en su cara sus acciones, y quién le pagará por lo que ha hecho? 32 Mientras es llevado al sepulcro, velarán sobre su túmulo. 33 Los terrones del valle suavemente le cubrirán, y le seguirán todos los hombres, e innumerables otros irán delante de él. 34 ¿Cómo, pues, me consoláis en vano? Vuestras respuestas están llenas de falsedad.
1 ¡Cuán bienaventurados son los de camino perfecto, los que andan en la ley del SEÑOR! 2 ¡Cuán bienaventurados son los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan! 3 No cometen iniquidad, sino que andan en sus caminos. 4 Tú has ordenado tus preceptos, para que los guardemos con diligencia. 5 ¡Ojalá mis caminos sean afirmados para guardar tus estatutos! 6 Entonces no seré avergonzado, al considerar todos tus mandamientos. 7 Con rectitud de corazón te daré gracias, al aprender tus justos juicios. 8 Tus estatutos guardaré; no me dejes en completo desamparo. Bet. 9 ¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando tu palabra. 10 Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de tus mandamientos. 11 En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti. 12 Bendito tú, oh SEÑOR; enséñame tus estatutos. 13 He contado con mis labios de todas las ordenanzas de tu boca. 14 Me he gozado en el camino de tus testimonios, más que en todas las riquezas. 15 Meditaré en tus preceptos, y consideraré tus caminos. 16 Me deleitaré en tus estatutos, y no olvidaré tu palabra. Guímel. 17 Favorece a tu siervo, para que viva y guarde tu palabra. 18 Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley. 19 Peregrino soy en la tierra, no escondas de mí tus mandamientos. 20 Quebrantada está mi alma anhelando tus ordenanzas en todo tiempo. 21 Tú reprendes a los soberbios, los malditos, que se desvían de tus mandamientos. 22 Quita de mí el oprobio y el desprecio, porque yo guardo tus testimonios. 23 Aunque los príncipes se sienten y hablen contra mí, tu siervo medita en tus estatutos. 24 También tus testimonios son mi deleite; ellos son mis consejeros. Dálet. 25 Postrada está mi alma en el polvo; vivifícame conforme a tu palabra. 26 De mis caminos te conté, y tú me has respondido; enséñame tus estatutos. 27 Hazme entender el camino de tus preceptos, y meditaré en tus maravillas. 28 De tristeza llora mi alma; fortaléceme conforme a tu palabra. 29 Quita de mí el camino de la mentira, y en tu bondad concédeme tu ley. 30 He escogido el camino de la verdad; he puesto tus ordenanzas delante de mí. 31 Me apego a tus testimonios; SEÑOR, no me averguences. 32 Por el camino de tus mandamientos correré, porque tú ensancharás mi corazón. He. 33 Enséñame, oh SEÑOR, el camino de tus estatutos, y lo guardaré hasta el fin. 34 Dame entendimiento para que guarde tu ley y la cumpla de todo corazón. 35 Hazme andar por la senda de tus mandamientos, porque en ella me deleito. 36 Inclina mi corazón a tus testimonios y no a la ganancia deshonesta. 37 Aparta mis ojos de mirar la vanidad, y vivifícame en tus caminos. 38 Confirma a tu siervo tu palabra, que inspira reverencia por ti. 39 Quita de mí el oprobio que me causa temor, porque tus juicios son buenos. 40 He aquí, anhelo tus preceptos; vivifícame por tu justicia. Vau. 41 Venga también a mí tu misericordia, oh SEÑOR, tu salvación, conforme a tu palabra. 42 Y tendré respuesta para el que me afrenta, pues confío en tu palabra. 43 No quites jamás de mi boca la palabra de verdad, porque yo espero en tus ordenanzas. 44 Y guardaré continuamente tu ley, para siempre y eternamente. 45 Y andaré en libertad, porque busco tus preceptos. 46 Hablaré también de tus testimonios delante de reyes, y no me avergonzaré. 47 Y me deleitaré en tus mandamientos, los cuales amo. 48 Levantaré mis manos a tus mandamientos, los cuales amo, y meditaré en tus estatutos. Zain. 49 Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar. 50 Este es mi consuelo en la aflicción: que tu palabra me ha vivificado. 51 Los soberbios me insultaron en gran manera, sin embargo, no me he apartado de tu ley. 52 Me acuerdo de tus ordenanzas antiguas , oh SEÑOR, y me consuelo. 53 Profunda indignación se ha apoderado de mí por causa de los impíos que abandonan tu ley. 54 Cánticos para mí son tus estatutos en la casa de mi peregrinación. 55 Por la noche me acuerdo de tu nombre, oh SEÑOR, y guardo tu ley. 56 Esto se ha hecho parte de mí: guardar tus preceptos. Jet. 57 El SEÑOR es mi porción; he prometido guardar tus palabras. 58 Supliqué tu favor con todo mi corazón; ten piedad de mí conforme a tu promesa. 59 Consideré mis caminos, y volví mis pasos a tus testimonios. 60 Me apresuré y no me tardé en guardar tus mandamientos. 61 Los lazos de los impíos me han rodeado, mas no me he olvidado de tu ley. 62 A medianoche me levantaré para darte gracias por tus justas ordenanzas. 63 Compañero soy de todos los que te temen, y de los que guardan tus preceptos. 64 La tierra, oh SEÑOR, está llena de tu misericordia; enséñame tus estatutos. Tet. 65 Bien has obrado con tu siervo, oh SEÑOR, conforme a tu palabra. 66 Enséñame buen juicio y conocimiento, pues creo en tus mandamientos. 67 Antes que fuera afligido, yo me descarrié, mas ahora guardo tu palabra. 68 Bueno eres tú, y bienhechor; enséñame tus estatutos. 69 Los soberbios han forjado mentira contra mí, pero de todo corazón guardaré tus preceptos. 70 Su corazón está cubierto de grasa, pero yo me deleito en tu ley. 71 Bueno es para mí ser afligido, para que aprenda tus estatutos. 72 Mejor es para mí la ley de tu boca que millares de piezas de oro y de plata. Yod. 73 Tus manos me hicieron y me formaron ; dame entendimiento para que aprenda tus mandamientos. 74 Que los que te temen, me vean y se alegren, porque espero en tu palabra. 75 Yo sé, SEÑOR, que tus juicios son justos, y que en tu fidelidad me has afligido. 76 Sea ahora tu misericordia para consuelo mío, conforme a tu promesa dada a tu siervo. 77 Venga a mí tu compasión, para que viva, porque tu ley es mi deleite. 78 Sean avergonzados los soberbios, porque me agravian con mentira; pero yo en tus preceptos meditaré. 79 Vuélvanse a mí los que te temen y conocen tus testimonios. 80 Sea íntegro mi corazón en tus estatutos, para que no sea yo avergonzado. Caf. 81 Mi alma desfallece por tu salvación; en tu palabra espero. 82 Mis ojos desfallecen esperando tu palabra, mientras digo: ¿Cuándo me consolarás? 83 Aunque he llegado a ser como odre al humo, no me olvido de tus estatutos. 84 ¿Cuántos son los días de tu siervo? ¿Cuándo harás juicio contra mis perseguidores? 85 Fosas me han cavado los soberbios, los que no están de acuerdo con tu ley. 86 Todos tus mandamientos son fieles; con mentira me han perseguido; ¡ayúdame! 87 Casi me destruyen en la tierra, mas yo no abandoné tus preceptos. 88 Vivifícame conforme a tu misericordia, para que guarde el testimonio de tu boca. Lámed. 89 Para siempre, oh SEÑOR, tu palabra está firme en los cielos. 90 Tu fidelidad permanece por todas las generaciones; tú estableciste la tierra, y ella permanece. 91 Por tus ordenanzas permanecen hasta hoy, pues todas las cosas te sirven. 92 Si tu ley no hubiera sido mi deleite, entonces habría perecido en mi aflicción. 93 Jamás me olvidaré de tus preceptos, porque por ellos me has vivificado. 94 Tuyo soy, Señor, sálvame, pues tus preceptos he buscado. 95 Los impíos me esperan para destruirme; tus testimonios consideraré. 96 He visto un límite a toda perfección; tu mandamiento es sumamente amplio. Mem. 97 ¡Cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. 98 Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos, porque son míos para siempre. 99 Tengo más discernimiento que todos mis maestros, porque tus testimonios son mi meditación. 100 Entiendo más que los ancianos, porque tus preceptos he guardado. 101 De todo mal camino he refrenado mis pies, para guardar tu palabra. 102 No me he desviado de tus ordenanzas, porque tú me has enseñado. 103 ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!, más que la miel a mi boca. 104 De tus preceptos recibo entendimiento, por tanto aborrezco todo camino de mentira. Nun. 105 Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino. 106 He jurado, y lo confirmaré, que guardaré tus justas ordenanzas. 107 Estoy profundamente afligido; SEÑOR, vivifícame conforme a tu palabra. 108 Te ruego aceptes las ofrendas voluntarias de mi boca, oh SEÑOR, y enséñame tus ordenanzas. 109 En peligro continuo está mi vida, con todo, no me olvido de tu ley. 110 Los impíos me han tendido lazo, pero no me he desviado de tus preceptos. 111 Tus testimonios he tomado como herencia para siempre, porque son el gozo de mi corazón. 112 He inclinado mi corazón para cumplir tus estatutos por siempre, y hasta el fin. Sámec. 113 Aborrezco a los hipócritas, empero amo tu ley. 114 Tú eres mi escondedero y mi escudo; en tu palabra espero. 115 Apartaos de mí, malhechores, para que guarde yo los mandamientos de mi Dios. 116 Sostenme conforme a tu promesa, para que viva, y no dejes que me averguence de mi esperanza. 117 Sostenme, para estar seguro, y que continuamente preste atención a tus estatutos. 118 Has rechazado a todos los que se desvían de tus estatutos, porque su engaño es en vano. 119 Como escoria has quitado de la tierra a todos los impíos, por tanto amo tus testimonios. 120 Mi carne se estremece por temor a ti, y de tus juicios tengo miedo. Ayin. 121 He practicado el juicio y la justicia; no me abandones a mis opresores. 122 Sé fiador de tu siervo para bien; que no me opriman los soberbios. 123 Desfallecen mis ojos por tu salvación, y por la promesa de tu justicia. 124 Haz con tu siervo según tu misericordia, y enséñame tus estatutos. 125 Yo soy tu siervo, dame entendimiento para que conozca tus testimonios. 126 Es tiempo de que actúe el SEÑOR, porque han quebrantado tu ley. 127 Por tanto, amo tus mandamientos más que el oro, sí, más que el oro fino. 128 Por tanto, estimo rectos todos tus preceptos acerca de todas las cosas, y aborrezco todo camino de mentira. Pe. 129 Maravillosos son tus testimonios, por lo que los guarda mi alma. 130 La exposición de tus palabras imparte luz; da entendimiento a los sencillos. 131 Abrí mi boca y suspiré, porque anhelaba tus mandamientos. 132 Vuélvete a mí y tenme piedad, como acostumbras con los que aman tu nombre. 133 Afirma mis pasos en tu palabra, y que ninguna iniquidad me domine. 134 Rescátame de la opresión del hombre, para que yo guarde tus preceptos. 135 Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo, y enséñame tus estatutos. 136 Ríos de lágrimas vierten mis ojos, porque ellos no guardan tu ley. Tsade. 137 Justo eres tú, SEÑOR, y rectos tus juicios. 138 Has ordenado tus testimonios con justicia, y con suma fidelidad. 139 Mi celo me ha consumido, porque mis adversarios han olvidado tus palabras. 140 Es muy pura tu palabra, y tu siervo la ama. 141 Pequeño soy, y despreciado, mas no me olvido de tus preceptos. 142 Tu justicia es justicia eterna, y tu ley verdad. 143 Angustia y aflicción han venido sobre mí, mas tus mandamientos son mi deleite. 144 Tus testimonios son justos para siempre; dame entendimiento para que yo viva. Cof. 145 He clamado con todo mi corazón; ¡respóndeme, SEÑOR! Guardaré tus estatutos. 146 A ti clamé; sálvame, y guardaré tus testimonios. 147 Me anticipo al alba y clamo; en tus palabras espero. 148 Mis ojos se anticipan a las vigilias de la noche, para meditar en tu palabra. 149 Oye mi voz conforme a tu misericordia; vivifícame, oh SEÑOR, conforme a tus ordenanzas. 150 Se me acercan los que siguen la maldad; lejos están de tu ley. 151 Tú estás cerca, SEÑOR, y todos tus mandamientos son verdad. 152 Desde hace tiempo he sabido de tus testimonios, que para siempre los has fundado. Resh. 153 Mira mi aflicción y líbrame, porque no me olvido de tu ley. 154 Defiende mi causa y redímeme; vivifícame conforme a tu palabra. 155 Lejos está de los impíos la salvación, porque no buscan tus estatutos. 156 Muchas son, oh SEÑOR, tus misericordias; vivifícame conforme a tus ordenanzas. 157 Muchos son mis perseguidores y mis adversarios, pero yo no me aparto de tus testimonios. 158 Veo a los pérfidos y me repugnan, porque no guardan tu palabra. 159 Mira cuánto amo tus preceptos; vivifícame, SEÑOR, conforme a tu misericordia. 160 La suma de tu palabra es verdad, y cada una de tus justas ordenanzas es eterna. Sin. 161 Príncipes me persiguen sin causa, pero mi corazón teme tus palabras. 162 Me regocijo en tu palabra, como quien halla un gran botín. 163 Aborrezco y desprecio la mentira, pero amo tu ley. 164 Siete veces al día te alabo, a causa de tus justas ordenanzas. 165 Mucha paz tienen los que aman tu ley, y nada los hace tropezar. 166 Espero tu salvación, SEÑOR, y cumplo tus mandamientos. 167 Mi alma guarda tus testimonios, y en gran manera los amo. 168 Guardo tus preceptos y tus testimonios, porque todos mis caminos están delante de ti. Tau. 169 Llegue mi clamor ante ti, SEÑOR; conforme a tu palabra dame entendimiento. 170 Llegue mi súplica delante de ti; líbrame conforme a tu palabra. 171 Profieran mis labios alabanzas, pues tú me enseñas tus estatutos. 172 Que cante mi lengua de tu palabra, porque todos tus mandamientos son justicia. 173 Pronta esté tu mano a socorrerme, porque tus preceptos he escogido. 174 Anhelo tu salvación, SEÑOR, y tu ley es mi deleite. 175 Viva mi alma para alabarte, y que tus ordenanzas me ayuden. 176 Me he descarriado como oveja perdida; busca a tu siervo, porque no me olvido de tus mandamientos.
1 Como canales de agua es el corazón del rey en la mano del SEÑOR; El lo dirige donde le place. 2 Todo camino del hombre es recto ante sus ojos, pero el SEÑOR sondea los corazones. 3 El hacer justicia y derecho es más deseado por el SEÑOR que el sacrificio. 4 Ojos altivos y corazón arrogante, lámpara de los impíos; eso es pecado. 5 Los proyectos del diligente ciertamente son ventaja, mas todo el que se apresura, ciertamente llega a la pobreza. 6 Conseguir tesoros con lengua mentirosa es un vapor fugaz, es buscar la muerte. 7 La violencia de los impíos los arrastrará, porque se niegan a obrar con justicia. 8 Torcido es el camino del pecador mas el proceder del limpio es recto. 9 Mejor es vivir en un rincón del terrado que en una casa con mujer rencillosa. 10 El alma del impío desea el mal; su prójimo no halla favor a sus ojos. 11 Cuando el escarnecedor es castigado, el simple se hace sabio; pero cuando se instruye al sabio, adquiere conocimiento. 12 El justo observa la casa del impío, llevando al impío a la ruina. 13 El que cierra su oído al clamor del pobre, también él clamará y no recibirá respuesta. 14 Una dádiva en secreto aplaca la ira, y el soborno bajo el manto, el furor violento. 15 El cumplimiento de la justicia es gozo para el justo, pero terror para los que obran iniquidad. 16 El hombre que se aparta del camino del saber reposará en la asamblea de los muertos. 17 El que ama el placer será pobre; el que ama el vino y los unguentos no se enriquecerá. 18 El impío es rescate para el justo, y el pérfido está en lugar de los rectos. 19 Mejor es habitar en tierra desierta que con mujer rencillosa y molesta. 20 Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio, pero el necio todo lo disipa. 21 El que sigue la justicia y la lealtad halla vida, justicia y honor. 22 El sabio escala la ciudad de los poderosos y derriba la fortaleza en que confiaban. 23 El que guarda su boca y su lengua, guarda su alma de angustias. 24 Altivo, arrogante y escarnecedor son los nombres del que obra con orgullo insolente. 25 El deseo del perezoso lo mata, porque sus manos rehúsan trabajar; 26 todo el día codicia, mientras el justo da y nada retiene. 27 El sacrificio de los impíos es abominación, cuánto más trayéndolo con mala intención. 28 El testigo falso perecerá, mas el hombre que escucha, hablará siempre. 29 El hombre impío muestra audacia en su rostro, pero el recto asegura su camino. 30 No vale sabiduría, ni entendimiento, ni consejo, frente al SEÑOR. 31 Se prepara al caballo para el día de la batalla, pero la victoria es del SEÑOR.
1 Y el SEÑOR habló a Josué, diciendo: 2 Habla a los hijos de Israel, y diles: "Designad las ciudades de refugio de las cuales os hablé por medio de Moisés, 3 para que huya allí el homicida que haya matado a cualquier persona sin intención y sin premeditación; ellas os servirán de refugio contra el vengador de la sangre. 4 "Huirá a una de estas ciudades, se presentará a la entrada de la puerta de la ciudad y expondrá su caso a oídos de los ancianos de la ciudad; éstos lo llevarán con ellos dentro de la ciudad y le darán un lugar para que habite en medio de ellos. 5 "Y si el vengador de la sangre lo persigue, ellos no entregarán al homicida en su mano, porque hirió a su prójimo sin premeditación y sin odiarlo de antemano. 6 "Y habitará en esa ciudad hasta que comparezca en juicio delante de la congregación, y hasta la muerte del que sea sumo sacerdote en aquellos días. Entonces el homicida volverá a su ciudad y a su casa, a la ciudad de donde huyó." 7 Y ellos separaron a Cedes en Galilea, en la región montañosa de Neftalí, y a Siquem en la región montañosa de Efraín, y a Quiriat-arba, es decir, Hebrón, en la región montañosa de Judá. 8 Y más allá del Jordán, al oriente de Jericó, designaron a Beser en el desierto, en la llanura de la tribu de Rubén, a Ramot en Galaad, de la tribu de Gad, y a Golán en Basán, de la tribu de Manasés. 9 Estas fueron las ciudades designadas para todos los hijos de Israel y para el forastero que resida entre ellos, para que cualquiera que hubiera matado a cualquier persona sin intención, pudiera huir allí, y no muriera a mano del vengador de la sangre hasta que hubiera comparecido ante la congregación.
1 Profecía sobre Egipto. He aquí, el SEÑOR va montado sobre una nube veloz y llega a Egipto; se estremecen los ídolos de Egipto ante su presencia, y el corazón de los egipcios se derrite dentro de ellos. 2 Incitaré a egipcios contra egipcios, y cada uno peleará contra su hermano y cada cual contra su prójimo, ciudad contra ciudad y reino contra reino. 3 Entonces el espíritu de los egipcios se apocará dentro de ellos; confundiré sus planes, y ellos acudirán a los ídolos, a los espíritus de los muertos, a los médium y a los espiritistas. 4 Entregaré a los egipcios en manos de un amo cruel, y un rey poderoso gobernará sobre ellosdeclara el Señor, DIOS de los ejércitos. 5 Se agotarán las aguas del mar, y el río se secará y quedará seco. 6 Hederán los canales, disminuirán y se secarán las corrientes de Egipto; la caña y el junco se marchitarán. 7 Las cañas junto al río, a orillas del Nilo, y todos los sembrados junto al Nilo se secarán, serán esparcidos, y no serán más. 8 Se lamentarán los pescadores, y harán duelo todos los que echan anzuelo en el Nilo; los que extienden sus redes sobre las aguas desfallecerán. 9 Serán confundidos los que trabajan el lino cardado y los tejedores de tela blanca. 10 Y las columnas de Egipto serán demolidas, todos los jornaleros estarán abatidos. 11 No son más que necios los príncipes de Zoán; el consejo de los más sabios consejeros de Faraón se ha vuelto torpe. ¿Cómo decís a Faraón: Yo soy hijo de los sabios, hijo de los antiguos reyes? 12 Pues bien, ¿dónde están tus sabios? Que ellos ahora te declaren, y te hagan saber lo que el SEÑOR de los ejércitos ha determinado contra Egipto. 13 Han obrado neciamente los príncipes de Zoán, se han engañado los príncipes de Menfis; han extraviado a Egipto los que son la piedra angular de sus tribus. 14 El SEÑOR ha mezclado en medio de ella un espíritu de distorsión, y han hecho extraviar a Egipto en todas sus empresas, como se tambalea el ebrio en su vómito. 15 Y no habrá para Egipto obra alguna que pueda hacer su cabeza o su cola, su hoja de palmera o su junco. 16 En aquel día los egipcios serán como las mujeres, temblarán y estarán aterrados ante la mano alzada que el SEÑOR de los ejércitos agitará contra ellos. 17 Y la tierra de Judá será terror para Egipto; todo aquel a quien se la mencionen quedará aterrado de ella, a causa del propósito que el SEÑOR de los ejércitos ha determinado contra él. 18 Aquel día cinco ciudades en la tierra de Egipto hablarán la lengua de Canaán y jurarán lealtad al SEÑOR de los ejércitos; una de ellas será llamada Ciudad de Destrucción . 19 Aquel día habrá un altar al SEÑOR en medio de la tierra de Egipto, y un pilar al SEÑOR cerca de su frontera. 20 Y será por señal y por testimonio al SEÑOR de los ejércitos en la tierra de Egipto; porque clamarán al SEÑOR a causa de sus opresores, y El les enviará un salvador y un poderoso, el cual los librará. 21 Y el SEÑOR se dará a conocer en Egipto, y los egipcios conocerán al SEÑOR en aquel día. Adorarán con sacrificios y ofrendas, harán voto al SEÑOR y lo cumplirán. 22 Y el SEÑOR herirá a Egipto; herirá pero sanará; y ellos volverán al SEÑOR, y El les responderá y los sanará. 23 Aquel día habrá una calzada desde Egipto hasta Asiria; los asirios entrarán en Egipto y los egipcios en Asiria, y los egipcios adorarán junto con los asirios. 24 Aquel día Israel será un tercero con Egipto y con Asiria, una bendición en medio de la tierra, 25 porque el SEÑOR de los ejércitos lo ha bendecido, diciendo: Bendito es Egipto mi pueblo, y Asiria obra de mis manos, e Israel mi heredad.
1 Después de pasar por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. 2 Y Pablo, según su costumbre, fue a ellos y por tres días de reposo discutió con ellos basándose en las Escrituras, 3 explicando y presentando evidencia de que era necesario que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos, y diciendo: Este Jesús, a quien yo os anuncio, es el Cristo. 4 Algunos de ellos creyeron, y se unieron a Pablo y a Silas, juntamente con una gran multitud de griegos temerosos de Dios y muchas de las mujeres principales. 5 Pero los judíos, llenos de envidia, llevaron algunos hombres malvados de la plaza pública, organizaron una turba y alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo. 6 Al no encontrarlos, arrastraron a Jasón y a algunos de los hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Esos que han trastornado al mundo han venido acá también; 7 y Jasón los ha recibido, y todos ellos actúan contra los decretos del César, diciendo que hay otro rey, Jesús. 8 Y alborotaron a la multitud y a las autoridades de la ciudad que oían esto. 9 Pero después de recibir una fianza de Jasón y de los otros, los soltaron. 10 Enseguida los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas a Berea, los cuales, al llegar, fueron a la sinagoga de los judíos. 11 Estos eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando diariamente las Escrituras, para ver si estas cosas eran así. 12 Por eso muchos de ellos creyeron, así como también un buen número de griegos, hombres y mujeres de distinción. 13 Pero cuando los judíos de Tesalónica supieron que la palabra de Dios había sido proclamada por Pablo también en Berea, fueron también allá para agitar y alborotar a las multitudes. 14 Entonces los hermanos inmediatamente enviaron a Pablo para que fuera hasta el mar; pero Silas y Timoteo se quedaron allí. 15 Los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas; y después de recibir órdenes de que Silas y Timoteo se unieran a él lo más pronto posible, partieron. 16 Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía dentro de él al contemplar la ciudad llena de ídolos. 17 Así que discutía en la sinagoga con los judíos y con los gentiles temerosos de Dios, y diariamente en la plaza con los que estuvieran presentes. 18 También disputaban con él algunos de los filósofos epicúreos y estoicos. Y algunos decían: ¿Qué quiere decir este palabrero? Y otros: Parece ser un predicador de divinidades extrañasporque les predicaba a Jesús y la resurrección. 19 Lo tomaron y lo llevaron al Areópago, diciendo: ¿Podemos saber qué es esta nueva enseñanza que proclamas? 20 Porque te oímos decir cosas extrañas; por tanto, queremos saber qué significan. 21 (Pues todos los atenienses y los extranjeros de visita allí, no pasaban el tiempo en otra cosa sino en decir o en oír algo nuevo.) 22 Entonces Pablo poniéndose en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, percibo que sois muy religiosos en todo sentido. 23 Porque mientras pasaba y observaba los objetos de vuestra adoración, hallé también un altar con esta inscripción: AL DIOS DESCONOCIDO. Pues lo que vosotros adoráis sin conocer, eso os anuncio yo. 24 El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él hay, puesto que es Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos por manos de hombres, 25 ni es servido por manos humanas, como si necesitara de algo, puesto que El da a todos vida y aliento y todas las cosas; 26 y de uno hizo todas las naciones del mundo para que habitaran sobre toda la faz de la tierra, habiendo determinado sus tiempos señalados y los límites de su habitación, 27 para que buscaran a Dios, si de alguna manera, palpando, le hallen, aunque no está lejos de ninguno de nosotros; 28 porque en El vivimos, nos movemos y existimos, así como algunos de vuestros mismos poetas han dicho: "Porque también nosotros somos linaje suyo." 29 Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la naturaleza divina sea semejante a oro, plata o piedra, esculpidos por el arte y el pensamiento humano. 30 Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan, 31 porque El ha establecido un día en el cual juzgará al mundo en justicia, por medio de un Hombre a quien ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres al resucitarle de entre los muertos. 32 Y cuando oyeron de la resurrección de los muertos, algunos se burlaban, pero otros dijeron: Te escucharemos otra vez acerca de esto. 33 Entonces Pablo salió de entre ellos. 34 Pero algunos se unieron a él y creyeron, entre los cuales estaban Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y otros con ellos.