1 Del hombre son los propósitos del corazón, mas del SEÑOR es la respuesta de la lengua. 2 Todos los caminos del hombre son limpios ante sus propios ojos, pero el SEÑOR sondea los espíritus. 3 Encomienda tus obras al SEÑOR, y tus propósitos se afianzarán. 4 Todas las cosas hechas por el SEÑOR tienen su propio fin, aun el impío, para el día del mal. 5 Abominación al SEÑOR es todo el que es altivo de corazón; ciertamente no quedará sin castigo. 6 Con misericordia y verdad se expía la culpa, y con el temor del SEÑOR el hombre se aparta del mal. 7 Cuando los caminos del hombre son agradables al SEÑOR, aun a sus enemigos hace que estén en paz con él. 8 Mejor es poco con justicia, que gran ganancia con injusticia. 9 La mente del hombre planea su camino, pero el SEÑOR dirige sus pasos. 10 Oráculo hay en los labios del rey; en el juicio no debe errar su boca. 11 El peso y las balanzas justas son del SEÑOR; todas las pesas de la bolsa son obra suya. 12 Es abominación para los reyes cometer iniquidad, porque el trono se afianza en la justicia. 13 El agrado de los reyes son los labios justos, y amado será el que hable lo recto. 14 El furor del rey es como mensajero de muerte, pero el hombre sabio lo aplacará. 15 En el resplandor del rostro del rey hay vida, y su favor es como nube de lluvia tardía. 16 Adquirir sabiduría, cuánto mejor que el oro, y adquirir inteligencia es preferible a la plata. 17 La senda de los rectos es apartarse del mal; el que guarda su camino preserva su alma. 18 Delante de la destrucción va el orgullo, y delante de la caída, la altivez de espíritu. 19 Mejor es ser de espíritu humilde con los pobres que dividir el botín con los soberbios. 20 El que pone atención a la palabra hallará el bien, y el que confía en el SEÑOR es bienaventurado. 21 El sabio de corazón será llamado prudente, y la dulzura de palabras aumenta la persuasión. 22 El entendimiento es fuente de vida para el que lo posee, mas la instrucción de los necios es necedad. 23 El corazón del sabio enseña a su boca y añade persuasión a sus labios. 24 Panal de miel son las palabras agradables, dulces al alma y salud para los huesos. 25 Hay camino que al hombre le parece derecho, pero al final es camino de muerte. 26 El apetito del trabajador para él trabaja, porque su boca lo impulsa. 27 El hombre indigno urde el mal, y sus palabras son como fuego abrasador. 28 El hombre perverso provoca contiendas, y el chismoso separa a los mejores amigos. 29 El hombre violento incita a su prójimo, y lo guía por camino que no es bueno. 30 El que guiña los ojos lo hace para tramar perversidades; el que aprieta los labios ya hizo el mal. 31 La cabeza canosa es corona de gloria, y se encuentra en el camino de la justicia. 32 Mejor es el lento para la ira que el poderoso, y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad. 33 La suerte se echa en el regazo, mas del SEÑOR viene toda decisión.
1 Mejor es un bocado seco y con él tranquilidad, que una casa llena de banquetes con discordia. 2 El siervo prudente prevalecerá sobre el hijo sin honra, y con los hermanos participará de la herencia. 3 El crisol es para la plata y el horno para el oro, pero el SEÑOR prueba los corazones. 4 El malhechor escucha a los labios perversos, el mentiroso presta atención a la lengua detractora. 5 El que se mofa del pobre afrenta a su Hacedor; el que se regocija de la desgracia no quedará sin castigo. 6 Corona de los ancianos son los hijos de los hijos, y la gloria de los hijos son sus padres. 7 No convienen al necio las palabras elocuentes; mucho menos al príncipe los labios mentirosos. 8 Talismán es el soborno a los ojos de su dueño; dondequiera que se vuelva, prospera. 9 El que cubre una falta busca afecto, pero el que repite el asunto separa a los mejores amigos. 10 La reprensión penetra más en el que tiene entendimiento que cien azotes en el necio. 11 El rebelde sólo busca el mal, y un cruel mensajero se enviará contra él. 12 Mejor es encontrarse con una osa privada de sus cachorros, que con un necio en su necedad. 13 Al que devuelve mal por bien, el mal no se apartará de su casa. 14 El comienzo de la contienda es como el soltar de las aguas; deja, pues, la riña antes de que empiece. 15 El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominación al SEÑOR. 16 ¿De qué sirve el precio en la mano del necio para comprar sabiduría cuando no tiene entendimiento? 17 En todo tiempo ama el amigo, y el hermano nace para tiempo de angustia. 18 El hombre falto de entendimiento se compromete, y sale fiador a favor de su prójimo. 19 El que ama la transgresión, ama la contienda; el que alza su puerta, busca la destrucción. 20 El de corazón perverso nunca encuentra el bien, y el de lengua pervertida cae en el mal. 21 El que engendra un necio, para su tristeza lo engendra, y el padre del necio no tiene alegría. 22 El corazón alegre es buena medicina, pero el espíritu quebrantado seca los huesos. 23 El impío recibe soborno bajo el manto, para pervertir las sendas del derecho. 24 En presencia del que tiene entendimiento está la sabiduría, pero los ojos del necio están en los extremos de la tierra. 25 El hijo necio es pesadumbre de su padre, y amargura para la que lo dio a luz. 26 Ciertamente no es bueno multar al justo, ni golpear a los nobles por su rectitud. 27 El que retiene sus palabras tiene conocimiento, y el de espíritu sereno es hombre entendido. 28 Aun el necio, cuando calla, es tenido por sabio, cuando cierra los labios, por prudente.
1 El que vive aislado busca su propio deseo, contra todo consejo se encoleriza. 2 El necio no se deleita en la prudencia, sino sólo en revelar su corazón. 3 Cuando llega el impío, llega también el desprecio, y con la deshonra viene la afrenta. 4 Aguas profundas son las palabras de la boca del hombre; arroyo que fluye, la fuente de sabiduría. 5 No es bueno mostrar preferencia por el impío, para ignorar al justo en el juicio. 6 Los labios del necio provocan contienda, y su boca llama a los golpes. 7 La boca del necio es su ruina, y sus labios una trampa para su alma. 8 Las palabras del chismoso son como bocados deliciosos, y penetran hasta el fondo de las entrañas. 9 También el que es negligente en su trabajo es hermano del que destruye. 10 El nombre del SEÑOR es torre fuerte, a ella corre el justo y está a salvo. 11 La fortuna del rico es su ciudad fortificada, y como muralla alta en su imaginación. 12 Antes de la destrucción el corazón del hombre es altivo, pero a la gloria precede la humildad. 13 El que responde antes de escuchar, cosecha necedad y verguenza. 14 El espíritu del hombre puede soportar su enfermedad, pero el espíritu quebrantado, ¿quién lo puede sobrellevar? 15 El corazón del prudente adquiere conocimiento, y el oído del sabio busca el conocimiento. 16 La dádiva del hombre le abre camino y lo lleva ante la presencia de los grandes. 17 Justo parece el primero que defiende su causa hasta que otro viene y lo examina. 18 La suerte pone fin a las contiendas y decide entre los poderosos. 19 El hermano ofendido es más difícil de ganar que una ciudad fortificada, y las contiendas son como cerrojos de fortaleza. 20 Con el fruto de su boca el hombre sacia su vientre, con el producto de sus labios se saciará. 21 Muerte y vida están en poder de la lengua, y los que la aman comerán su fruto. 22 El que halla esposa halla algo bueno y alcanza el favor del SEÑOR. 23 El pobre habla suplicando, pero el rico responde con dureza. 24 El hombre de muchos amigos se arruina, pero hay amigo más unido que un hermano.
1 Mejor es el pobre que anda en su integridad que el de labios perversos y necio. 2 Tampoco es bueno para una persona carecer de conocimiento, y el que se apresura con los pies peca. 3 La insensatez del hombre pervierte su camino, y su corazón se irrita contra el SEÑOR. 4 La riqueza añade muchos amigos, pero el pobre es separado de su amigo. 5 El testigo falso no quedará sin castigo, y el que cuenta mentiras no escapará. 6 Muchos buscan el favor del generoso, y todo hombre es amigo del que da. 7 Todos los hermanos del pobre lo aborrecen, ¡cuánto más sus amigos se alejarán de él!; los persigue con palabras, pero ellos se han ido. 8 El que adquiere cordura ama su alma; el que guarda la prudencia hallará el bien. 9 El testigo falso no quedará sin castigo, y el que cuenta mentiras perecerá. 10 Al necio no conviene la vida de lujo; mucho menos a un siervo gobernar a los príncipes. 11 La discreción del hombre le hace lento para la ira, y su gloria es pasar por alto una ofensa. 12 Como rugido de león es la ira del rey, y su favor como rocío sobre la hierba. 13 El hijo necio es ruina de su padre, y gotera continua las contiendas de una esposa. 14 Casa y riqueza son herencia de los padres, pero la mujer prudente viene del SEÑOR. 15 La pereza hace caer en profundo sueño, y el alma ociosa sufrirá hambre. 16 El que guarda el mandamiento guarda su alma, mas el que menosprecia sus caminos morirá. 17 El que se apiada del pobre presta al SEÑOR, y El lo recompensará por su buena obra. 18 Corrige a tu hijo mientras hay esperanza, pero no desee tu alma causarle la muerte. 19 El hombre de gran ira llevará el castigo, porque si tú lo rescatas, tendrás que hacerlo de nuevo. 20 Escucha el consejo y acepta la corrección, para que seas sabio el resto de tus días. 21 Muchos son los planes en el corazón del hombre, mas el consejo del SEÑOR permanecerá. 22 Lo que es deseable en un hombre es su bondad , y es mejor ser pobre que mentiroso. 23 El temor del SEÑOR conduce a la vida, para dormir satisfecho sin ser tocado por el mal. 24 El perezoso mete su mano en el plato, y ni aun a su boca la llevará. 25 Golpea al escarnecedor y el ingenuo se volverá astuto, pero reprende al inteligente y ganará conocimiento. 26 El que asalta a su padre y echa fuera a su madre es un hijo que trae verguenza y desgracia. 27 Cesa, hijo mío, de escuchar la instrucción, y te desviarás de las palabras de sabiduría. 28 El testigo perverso se burla de la justicia, y la boca de los impíos esparce iniquidad. 29 Los juicios están preparados para los escarnecedores, y los azotes para la espalda de los necios.
1 El vino es escarnecedor, la bebida fuerte alborotadora, y cualquiera que con ellos se embriaga no es sabio. 2 Como rugido de león es el terror al rey, el que lo provoca a ira peca contra su propia alma. 3 Es honra para el hombre eludir las contiendas, pero cualquier necio se enredará en ellas. 4 Desde el otoño, el perezoso no ara, pide en la cosecha, y no hay nada. 5 Como aguas profundas es el consejo en el corazón del hombre, y el hombre de entendimiento lo sacará. 6 Muchos hombres proclaman su propia lealtad , pero un hombre digno de confianza, ¿quién lo hallará? 7 El justo anda en su integridad; ¡cuán dichosos son sus hijos después de él! 8 El rey que se sienta sobre el trono del juicio, disipa con sus ojos todo mal. 9 ¿Quién puede decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado? 10 Pesas desiguales y medidas desiguales, ambas cosas son abominables al SEÑOR. 11 Aun por sus hechos da a conocer un muchacho si su conducta es pura y recta. 12 El oído que oye y el ojo que ve, ambos los ha hecho el SEÑOR. 13 No ames el sueño, no sea que te empobrezcas; abre tus ojos y te saciarás de pan. 14 Malo, malo, dice el comprador, pero cuando se marcha, entonces se jacta. 15 Hay oro y abundancia de joyas, pero cosa más preciosa son los labios con conocimiento. 16 Tómale la ropa al que sale fiador del extraño; y tómale prenda por los extranjeros. 17 El pan obtenido con falsedad es dulce al hombre, pero después su boca se llenará de grava. 18 Los proyectos con consejo se preparan, y con dirección sabia se hace la guerra. 19 El que anda murmurando revela secretos, por tanto no te asocies con el chismoso. 20 Al que maldice a su padre o a su madre, se le apagará su lámpara en medio de las tinieblas. 21 La herencia adquirida de prisa al principio, no será bendecida al final. 22 No digas: Yo pagaré mal por mal; espera en el SEÑOR, y El te salvará. 23 Pesas desiguales son abominación al SEÑOR, y una balanza falsa no es buena. 24 Por el SEÑOR son ordenados los pasos del hombre, ¿cómo puede, pues, el hombre entender su camino? 25 Lazo es para el hombre decir a la ligera: Es santo, y después de los votos investigar. 26 El rey sabio avienta a los impíos, y hace pasar la rueda de trillar sobre ellos. 27 Lámpara del SEÑOR es el espíritu del hombre que escudriña lo más profundo de su ser. 28 Lealtad y verdad guardan al rey, y por la justicia sostiene su trono. 29 La gloria de los jóvenes es su fuerza, y la honra de los ancianos, sus canas. 30 Los azotes que hieren limpian del mal, y los golpes llegan a lo más profundo del cuerpo.
1 Como canales de agua es el corazón del rey en la mano del SEÑOR; El lo dirige donde le place. 2 Todo camino del hombre es recto ante sus ojos, pero el SEÑOR sondea los corazones. 3 El hacer justicia y derecho es más deseado por el SEÑOR que el sacrificio. 4 Ojos altivos y corazón arrogante, lámpara de los impíos; eso es pecado. 5 Los proyectos del diligente ciertamente son ventaja, mas todo el que se apresura, ciertamente llega a la pobreza. 6 Conseguir tesoros con lengua mentirosa es un vapor fugaz, es buscar la muerte. 7 La violencia de los impíos los arrastrará, porque se niegan a obrar con justicia. 8 Torcido es el camino del pecador mas el proceder del limpio es recto. 9 Mejor es vivir en un rincón del terrado que en una casa con mujer rencillosa. 10 El alma del impío desea el mal; su prójimo no halla favor a sus ojos. 11 Cuando el escarnecedor es castigado, el simple se hace sabio; pero cuando se instruye al sabio, adquiere conocimiento. 12 El justo observa la casa del impío, llevando al impío a la ruina. 13 El que cierra su oído al clamor del pobre, también él clamará y no recibirá respuesta. 14 Una dádiva en secreto aplaca la ira, y el soborno bajo el manto, el furor violento. 15 El cumplimiento de la justicia es gozo para el justo, pero terror para los que obran iniquidad. 16 El hombre que se aparta del camino del saber reposará en la asamblea de los muertos. 17 El que ama el placer será pobre; el que ama el vino y los unguentos no se enriquecerá. 18 El impío es rescate para el justo, y el pérfido está en lugar de los rectos. 19 Mejor es habitar en tierra desierta que con mujer rencillosa y molesta. 20 Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio, pero el necio todo lo disipa. 21 El que sigue la justicia y la lealtad halla vida, justicia y honor. 22 El sabio escala la ciudad de los poderosos y derriba la fortaleza en que confiaban. 23 El que guarda su boca y su lengua, guarda su alma de angustias. 24 Altivo, arrogante y escarnecedor son los nombres del que obra con orgullo insolente. 25 El deseo del perezoso lo mata, porque sus manos rehúsan trabajar; 26 todo el día codicia, mientras el justo da y nada retiene. 27 El sacrificio de los impíos es abominación, cuánto más trayéndolo con mala intención. 28 El testigo falso perecerá, mas el hombre que escucha, hablará siempre. 29 El hombre impío muestra audacia en su rostro, pero el recto asegura su camino. 30 No vale sabiduría, ni entendimiento, ni consejo, frente al SEÑOR. 31 Se prepara al caballo para el día de la batalla, pero la victoria es del SEÑOR.
1 Más vale el buen nombre que las muchas riquezas, y el favor que la plata y el oro. 2 El rico y el pobre tienen un lazo común: el que hizo a ambos es el SEÑOR. 3 El prudente ve el mal y se esconde, mas los simples siguen adelante y son castigados. 4 La recompensa de la humildad y el temor del SEÑOR son la riqueza, el honor y la vida. 5 Espinos y lazos hay en el camino del perverso; el que cuida su alma se alejará de ellos. 6 Enseña al niño el camino en que debe andar, y aún cuando sea viejo no se apartará de él. 7 El rico domina a los pobres, y el deudor es esclavo del acreedor. 8 El que siembra iniquidad segará vanidad, y la vara de su furor perecerá. 9 El generoso será bendito, porque da de su pan al pobre. 10 Echa fuera al escarnecedor y saldrá la discordia, y cesarán también la contienda y la ignominia. 11 El que ama la pureza de corazón tiene gracia en sus labios, y el rey es su amigo. 12 Los ojos del SEÑOR guardan el conocimiento, pero El confunde las palabras del pérfido. 13 El perezoso dice: Hay un león afuera; seré muerto en las calles. 14 Fosa profunda es la boca de las mujeres extrañas; el que es maldito del SEÑOR caerá en ella. 15 La necedad está ligada al corazón del niño; la vara de la disciplina la alejará de él. 16 El que oprime al pobre para engrandecerse, o da al rico, sólo llegará a la pobreza. 17 Inclina tu oído y oye las palabras de los sabios, y aplica tu corazón a mi conocimiento; 18 porque te será agradable si las guardas dentro de ti, para que estén listas en tus labios. 19 Para que tu confianza esté en el SEÑOR, te he instruido hoy a ti también. 20 ¿No te he escrito cosas excelentes de consejo y conocimiento, 21 para hacerte saber la certeza de las palabras de verdad, a fin de que respondas correctamente al que te ha enviado? 22 No robes al pobre, porque es pobre, ni aplastes al afligido en la puerta; 23 porque el SEÑOR defenderá su causa, y quitará la vida de los que los roban. 24 No te asocies con el hombre iracundo; ni andes con el hombre violento, 25 no sea que aprendas sus maneras, y tiendas lazo para tu vida. 26 No estés entre los que dan fianzas, entre los que salen de fiadores de préstamos. 27 Si no tienes con qué pagar, ¿por qué han de quitarte la cama de debajo de ti? 28 No muevas el lindero antiguo que pusieron tus padres. 29 ¿Has visto un hombre diestro en su trabajo? Estará delante de los reyes; no estará delante de hombres sin importancia.
1 Cuando te sientes a comer con un gobernante, considera bien lo que está delante de ti, 2 y pon cuchillo a tu garganta, si eres hombre de mucho apetito. 3 No desees sus manjares, porque es alimento engañoso. 4 No te fatigues en adquirir riquezas, deja de pensar en ellas 5 Cuando pones tus ojos en ella, ya no está. Porque la riqueza ciertamente se hace alas, como águila que vuela hacia los cielos. 6 No comas el pan del egoísta, ni desees sus manjares; 7 pues como piensa dentro de sí, así es. El te dice: Come y bebe, pero su corazón no está contigo. 8 Vomitarás el bocado que has comido, y malgastarás tus cumplidos. 9 No hables a oídos del necio, porque despreciará la sabiduría de tus palabras. 10 No muevas el lindero antiguo, ni entres en la heredad de los huérfanos, 11 porque su Redentor es fuerte; El defenderá su causa contra ti. 12 Aplica tu corazón a la instrucción y tus oídos a las palabras del conocimiento. 13 No escatimes la disciplina del niño; aunque lo castigues con vara, no morirá. 14 Lo castigarás con vara, y librarás su alma del Seol 15 Hijo mío, si tu corazón es sabio, mi corazón también se me alegrará; 16 y se regocijarán mis entrañas cuando tus labios hablen lo que es recto. 17 No envidie tu corazón a los pecadores, antes vive siempre en el temor del SEÑOR; 18 porque ciertamente hay un futuro, y tu esperanza no será cortada. 19 Escucha, hijo mío, y sé sabio, y dirige tu corazón por el buen camino 20 No estés con los bebedores de vino, ni con los comilones de carne, 21 porque el borracho y el glotón se empobrecerán, y la somnolencia se vestirá de harapos 22 Escucha a tu padre, que te engendró, y no desprecies a tu madre cuando envejezca. 23 Compra la verdad y no la vendas, adquiere sabiduría, instrucción e inteligencia. 24 El padre del justo se regocijará en gran manera, y el que engendra un sabio se alegrará en él. 25 Alégrense tu padre y tu madre, y regocíjese la que te dio a luz. 26 Dame, hijo mío, tu corazón, y que tus ojos se deleiten en mis caminos. 27 Porque fosa profunda es la ramera, y pozo angosto es la mujer desconocida. 28 Ciertamente como ladrón acecha, y multiplica los infieles entre los hombres. 29 ¿De quién son los ayes? ¿De quién las tristezas? ¿De quién las contiendas? ¿De quién las quejas? ¿De quién las heridas sin causa? ¿De quién los ojos enrojecidos? 30 De los que se demoran mucho con el vino, de los que van en busca de vinos mezclados. 31 No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece en la copa; entra suavemente, 32 pero al final como serpiente muerde, y como víbora pica. 33 Tus ojos verán cosas extrañas, y tu corazón proferirá perversidades. 34 Y serás como el que se acuesta en medio del mar, o como el que se acuesta en lo alto de un mástil. 35 Y dirás: me hirieron, pero no me dolió; me golpearon, pero no lo sentí. Cuando despierte, volveré a buscar más.
1 No tengas envidia de los malvados, ni desees estar con ellos; 2 porque su corazón trama violencia, y sus labios hablan de hacer mal. 3 Con sabiduría se edifica una casa, y con prudencia se afianza; 4 con conocimiento se llenan las cámaras de todo bien preciado y deseable. 5 El hombre sabio es fuerte, y el hombre de conocimiento aumenta su poder. 6 Porque con dirección sabia harás la guerra, y en la abundancia de consejeros está la victoria. 7 Muy alta está la sabiduría para el necio, en la puerta no abre su boca. 8 Al que planea hacer el mal, lo llamarán intrigante. 9 El tramar necedad es pecado, y el escarnecedor es abominación a los hombres. 10 Si eres débil en día de angustia, tu fuerza es limitada. 11 Libra a los que son llevados a la muerte, y retén a los que van con pasos vacilantes a la matanza. 12 Si dices: Mira, no sabíamos esto. ¿No lo tiene en cuenta el que sondea los corazones? ¿No lo sabe el que guarda tu alma? ¿No dará a cada hombre según su obra? 13 Come miel, hijo mío, porque es buena; sí, la miel del panal es dulce a tu paladar. 14 Sabe que así es la sabiduría para tu alma; si la hallas, entonces habrá un futuro, y tu esperanza no será cortada. 15 No aceches, oh impío, la morada del justo, no destruyas su lugar de descanso; 16 porque el justo cae siete veces; y vuelve a levantarse, pero los impíos caerán en la desgracia. 17 No te regocijes cuando caiga tu enemigo, y no se alegre tu corazón cuando tropiece; 18 no sea que el SEÑOR lo vea y le desagrade, y aparte de él su ira. 19 No te impacientes a causa de los malhechores, ni tengas envidia de los impíos, 20 porque no habrá futuro para el malo. La lámpara de los impíos será apagada. 21 Hijo mío, teme al SEÑOR y al rey, no te asocies con los que son inestables; 22 porque de repente se levantará su desgracia, y la destrucción que vendrá de ambos, ¿quién la sabe? 23 También éstos son dichos de los sabios: Hacer acepción de personas en el juicio no es bueno. 24 Al que dice al impío: Justo eres, lo maldecirán los pueblos, lo aborrecerán las naciones; 25 mas los que lo reprenden tendrán felicidad, y sobre ellos vendrá abundante bendición. 26 Besa los labios el que da una respuesta correcta. 27 Ordena tus labores de fuera, y tenlas listas para ti en el campo; y después edifica tu casa. 28 No seas, sin causa, testigo contra tu prójimo, y no engañes con tus labios. 29 No digas: Como él me ha hecho, así le haré; pagaré al hombre según su obra. 30 He pasado junto al campo del perezoso, y junto a la viña del hombre falto de entendimiento, 31 y he aquí, estaba todo lleno de cardos, su superficie cubierta de ortigas, y su cerca de piedras, derribada. 32 Cuando lo vi, reflexioné sobre ello; miré, y recibí instrucción. 33 Un poco de dormir, un poco de dormitar, un poco de cruzar las manos para descansar, 34 y llegará tu pobreza como ladrón, y tu necesidad como hombre armado.
1 También éstos son proverbios de Salomón, que transcribieron los hombres de Ezequías, rey de Judá: 2 Es gloria de Dios encubrir una cosa, pero la gloria de los reyes es investigar un asunto. 3 Como la altura de los cielos y la profundidad de la tierra, así es el corazón de los reyes, inescrutable. 4 Quita la escoria de la plata, y saldrá un vaso para el orfebre; 5 quita al malo de delante del rey, y su trono se afianzará en la justicia. 6 No hagas ostentación ante el rey, y no te pongas en el lugar de los grandes; 7 porque es mejor que te digan: Sube acá, a que te humillen delante del príncipe a quien tus ojos han visto. 8 No te apresures a litigar; pues ¿qué harás al final, cuando tu prójimo te averguence? 9 Discute tu caso con tu prójimo y no descubras el secreto de otro, 10 no sea que te reproche el que lo oiga y tu mala fama no se acabe. 11 Como manzanas de oro en engastes de plata es la palabra dicha a su tiempo. 12 Como pendiente de oro y adorno de oro fino es el sabio que reprende al oído atento. 13 Como frescura de nieve en tiempo de la siega es el mensajero fiel para los que lo envían, porque refresca el alma de sus señores. 14 Como las nubes y el viento sin lluvia es el hombre que se jacta falsamente de sus dones. 15 Con la mucha paciencia se persuade al príncipe, y la lengua suave quebranta los huesos. 16 ¿Has hallado miel? Come sólo lo que necesites, no sea que te hartes y la vomites. 17 No frecuente tu pie la casa de tu vecino, no sea que él se hastíe de ti y te aborrezca. 18 Como maza y espada y aguda saeta es el hombre que levanta falso testimonio contra su prójimo. 19 Como diente malo y pie que resbala es la confianza en el hombre pérfido en tiempo de angustia. 20 Como el que se quita la ropa en día de frío, o como el vinagre sobre la soda, es el que canta canciones a un corazón afligido. 21 Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer pan, y si tiene sed, dale de beber agua; 22 porque así amontonarás brasas sobre su cabeza, y el SEÑOR te recompensará. 23 El viento del norte trae la lluvia, y la lengua murmuradora, el semblante airado. 24 Mejor es vivir en un rincón del terrado que en una casa con mujer rencillosa. 25 Como agua fría para el alma sedienta, así son las buenas nuevas de una tierra lejana. 26 Como manantial hollado y pozo contaminado es el justo que cede ante el impío. 27 No es bueno comer mucha miel, ni el buscar la propia gloria es gloria. 28 Como ciudad invadida y sin murallas es el hombre que no domina su espíritu.
1 Como nieve en el verano y como lluvia en la siega, así la honra no es apropiada para el necio. 2 Como el gorrión en su vagar y la golondrina en su vuelo así la maldición no viene sin causa. 3 El látigo es para el caballo, la brida para el asno, y la vara para la espalda de los necios. 4 No respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él. 5 Responde al necio según su necedad, para que no sea sabio ante sus propios ojos. 6 Se corta los pies y bebe violencia el que envía recado por mano de necio. 7 Como las piernas que penden del lisiado, así es el proverbio en boca de los necios. 8 Como el que ata la piedra a la honda así es el que da honor al necio. 9 Como espino que se clava en la mano de un borracho, tal es el proverbio en boca de los necios. 10 Como arquero que a todos hiere, así es el que toma a sueldo al necio o a los que pasan. 11 Como perro que vuelve a su vómito es el necio que repite su necedad. 12 ¿Has visto a un hombre que se tiene por sabio? Más esperanza hay para el necio que para él. 13 El perezoso dice: Hay un león en el camino; hay un león en medio de la plaza. 14 Como la puerta gira sobre sus goznes, así da vueltas el perezoso en su cama. 15 El perezoso mete la mano en el plato, pero se fatiga de llevársela a la boca. 16 El perezoso es más sabio ante sus propios ojos que siete que den una respuesta discreta. 17 Como el que toma un perro por las orejas, así es el que pasa y se entremete en contienda que no es suya. 18 Como el enloquecido que lanza teas encendidas, flechas y muerte, 19 así es el hombre que engaña a su prójimo, y dice: ¿Acaso no estaba yo bromeando? 20 Por falta de leña se apaga el fuego, y donde no hay chismoso, se calma la contienda. 21 Como carbón para las brasas y leña para el fuego, así es el hombre rencilloso para encender contiendas. 22 Las palabras del chismoso son como bocados deliciosos, y penetran hasta el fondo de las entrañas. 23 Como vasija de barro revestida de escoria de plata, así son los labios ardientes y el corazón perverso. 24 El que odia, disimula con sus labios, mas en su corazón acumula engaño. 25 Cuando su voz sea agradable, no lo creas, pues hay siete abominaciones en su corazón. 26 Aunque su odio se cubra con engaño, su perversidad será descubierta en la asamblea. 27 El que cava un hoyo caerá en él, y el que hace rodar una piedra, sobre él volverá. 28 La lengua mentirosa odia a los que oprime, y la boca lisonjera causa ruina.
1 No te jactes del día de mañana, porque no sabes qué traerá el día. 2 Que te alabe el extraño, y no tu boca; el forastero, y no tus labios. 3 Pesada es la piedra y pesada la arena, pero la provocación del necio es más pesada que ambas. 4 Cruel es el furor e inundación la ira; pero ¿quién se mantendrá ante los celos? 5 Mejor es la reprensión franca que el amor encubierto. 6 Fieles son las heridas del amigo, pero engañosos los besos del enemigo. 7 El hombre saciado aborrece la miel, pero para el hombre hambriento todo lo amargo es dulce. 8 Como pájaro que vaga lejos de su nido, así es el hombre que vaga lejos de su hogar. 9 El unguento y el perfume alegran el corazón, y dulce para su amigo es el consejo del hombre. 10 No abandones a tu amigo ni al amigo de tu padre, ni vayas a la casa de tu hermano el día de tu infortunio. Mejor es un vecino cerca que un hermano lejos. 11 Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón, para que yo responda al que me afrenta. 12 El hombre prudente ve el mal y se esconde, los simples siguen adelante y pagan las consecuencias. 13 Tómale la ropa al que sale fiador del extraño; y tómale prenda por la mujer desconocida. 14 Al que muy de mañana bendice a su amigo en alta voz, le será contado como una maldición. 15 Gotera continua en día de lluvia y mujer rencillosa, son semejantes; 16 el que trata de contenerla refrena al viento, y recoge aceite con su mano derecha. 17 El hierro con hierro se afila, y un hombre aguza a otro. 18 El que cuida la higuera comerá su fruto, y el que atiende a su señor será honrado. 19 Como el agua refleja el rostro, así el corazón del hombre refleja al hombre. 20 El Seol y el Abadón nunca se sacian; tampoco se sacian los ojos del hombre. 21 El crisol es para la plata y el horno para el oro, y al hombre se le prueba por la alabanza que recibe. 22 Aunque machaques con el mazo al necio en un mortero entre el grano molido, no se apartará de él su necedad. 23 Conoce bien la condición de tus rebaños, y presta atención a tu ganado; 24 porque las riquezas no son eternas, ni perdurará la corona por todas las generaciones. 25 Cuando la hierba desaparece se ve el retoño, y se recogen las hierbas de los montes; 26 los corderos darán para tu vestido, y las cabras para el precio de un campo; 27 y habrá suficiente leche de cabra para tu alimento, para el alimento de tu casa, y sustento para tus doncellas.
1 El impío huye sin que nadie lo persiga, mas los justos están confiados como un león. 2 Por la transgresión de la tierra, muchos son sus príncipes; pero por el hombre entendido y de conocimiento permanece estable. 3 El pobre que oprime a los humildes es como lluvia torrencial que no deja pan. 4 Los que abandonan la ley alaban a los impíos, pero los que guardan la ley luchan contra ellos. 5 Los hombres malvados no entienden de justicia, mas los que buscan al SEÑOR lo entienden todo. 6 Mejor es el pobre que anda en su integridad, que el que es torcido , aunque sea rico. 7 El que guarda la ley es hijo entendido, pero el que es compañero de glotones averguenza a su padre. 8 El que aumenta su riqueza por interés y usura, la recoge para el que se apiada de los pobres. 9 Al que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominación. 10 El que extravía a los rectos por el mal camino, en su propia fosa caerá; pero los íntegros heredarán el bien. 11 El rico es sabio ante sus propios ojos, mas el pobre que es entendido, lo sondea. 12 Cuando los justos triunfan, grande es la gloria, pero cuando los impíos se levantan, los hombres se esconden. 13 El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y los abandona hallará misericordia. 14 Cuán bienaventurado es el hombre que siempre teme, pero el que endurece su corazón caerá en el infortunio. 15 Cual león rugiente y oso agresivo es el gobernante perverso sobre el pueblo pobre. 16 Al príncipe que es gran opresor le falta entendimiento, pero el que odia las ganancias injustas prolongará sus días. 17 El hombre cargado con culpa de sangre humana, fugitivo será hasta la muerte; que nadie lo apoye. 18 El que anda en integridad será salvo, mas el que es de camino torcido caerá de repente. 19 El que labra su tierra se saciará de pan, pero el que sigue propósitos vanos se llenará de pobreza. 20 El hombre fiel abundará en bendiciones, pero el que se apresura a enriquecerse no quedará sin castigo. 21 Hacer acepción de personas no es bueno, pues por un bocado de pan el hombre pecará. 22 El hombre avaro corre tras la riqueza, y no sabe que la miseria vendrá sobre él. 23 El que reprende al hombre hallará después más favor que el que lo lisonjea con la lengua. 24 El que roba a su padre o a su madre y dice: "No es transgresión", es compañero del hombre destructor. 25 El hombre arrogante suscita rencillas, mas el que confía en el SEÑOR prosperará. 26 El que confía en su propio corazón es un necio, pero el que anda con sabiduría será librado. 27 El que da al pobre no pasará necesidad, pero el que cierra sus ojos tendrá muchas maldiciones. 28 Cuando los impíos se levantan, los hombres se esconden; mas cuando perecen, los justos se multiplican.
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