1 El SEÑOR es mi pastor, nada me faltará. 2 En lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce. 3 El restaura mi alma; me guía por senderos de justicia por amor de su nombre. 4 Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento 5 Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos; has ungido mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. 6 Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del SEÑOR moraré por largos días.
1 Del SEÑOR es la tierra y todo lo que hay en ella ; el mundo y los que en él habitan. 2 Porque El la fundó sobre los mares, y la asentó sobre los ríos. 3 ¿Quién subirá al monte del SEÑOR? ¿Y quién podrá estar en su lugar santo? 4 El de manos limpias y corazón puro; el que no ha alzado su alma a la falsedad, ni jurado con engaño. 5 Ese recibirá bendición del SEÑOR, y justicia del Dios de su salvación. 6 Tal es la generación de los que le buscan, de los que buscan tu rostro, como Jacob . (Selah) 7 Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, alzaos vosotras, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria. 8 ¿Quién es este Rey de la gloria? El SEÑOR, fuerte y poderoso; el SEÑOR, poderoso en batalla. 9 Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, alzadlas, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria. 10 ¿Quién es este Rey de la gloria? El SEÑOR de los ejércitos, El es el Rey de la gloria. (Selah)
1 Ati, oh SEÑOR, elevo mi alma. 2 Dios mío, en ti confío; no sea yo avergonzado, que no se regocijen sobre mí mis enemigos. 3 Ciertamente ninguno de los que esperan en ti será avergonzado; sean avergonzados los que sin causa se rebelan. 4 SEÑOR, muéstrame tus caminos, y enséñame tus sendas. 5 Guíame en tu verdad y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti espero todo el día. 6 Acuérdate, oh SEÑOR, de tu compasión y de tus misericordias, que son eternas. 7 No te acuerdes de los pecados de mi juventud ni de mis transgresiones; acuérdate de mí conforme a tu misericordia, por tu bondad, oh SEÑOR. 8 Bueno y recto es el SEÑOR; por tanto, El muestra a los pecadores el camino. 9 Dirige a los humildes en la justicia, y enseña a los humildes su camino. 10 Todas las sendas del SEÑOR son misericordia y verdad para aquellos que guardan su pacto y sus testimonios. 11 Oh SEÑOR, por amor de tu nombre, perdona mi iniquidad, porque es grande. 12 ¿Quién es el hombre que teme al SEÑOR? El le instruirá en el camino que debe escoger. 13 En prosperidad habitará su alma, y su descendencia poseerá la tierra. 14 Los secretos del SEÑOR son para los que le temen, y El les dará a conocer su pacto. 15 De continuo están mis ojos hacia el SEÑOR, porque El sacará mis pies de la red. 16 Vuélvete a mí y tenme piedad, porque estoy solitario y afligido. 17 Las angustias de mi corazón han aumentado; sácame de mis congojas. 18 Mira mi aflicción y mis trabajos, y perdona todos mis pecados. 19 Mira mis enemigos, que son muchos, y con odio violento me detestan. 20 Guarda mi alma y líbrame; no sea yo avergonzado, porque en ti me refugio. 21 La integridad y la rectitud me preserven, porque en ti espero. 22 Oh Dios, redime a Israel de todas sus angustias.
1 Hazme justicia , oh SEÑOR, porque yo en mi integridad he andado, y en el SEÑOR he confiado sin titubear. 2 Examíname, oh SEÑOR, y pruébame; escudriña mi mente y mi corazón. 3 Porque delante de mis ojos está tu misericordia, y en tu verdad he andado. 4 Con los falsos no me he sentado, ni con los hipócritas iré. 5 Aborrezco la reunión de los malhechores, y no me sentaré con los impíos. 6 Lavaré en inocencia mis manos, y andaré en torno a tu altar, oh SEÑOR, 7 proclamando con voz de acción de gracias y contando todas tus maravillas. 8 Oh SEÑOR, yo amo la habitación de tu casa, y el lugar donde habita tu gloria. 9 No juntes mi alma con pecadores, ni mi vida con hombres sanguinarios, 10 en cuyas manos hay ardides inicuos, y cuya diestra está llena de sobornos. 11 Mas yo en mi integridad andaré; redímeme, y ten piedad de mí. 12 Sobre tierra firme está mi pie; en las congregaciones bendeciré al SEÑOR.
1 El SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El SEÑOR es la fortaleza de mi vida; ¿de quién tendré temor? 2 Cuando para devorar mis carnes vinieron sobre mí los malhechores, mis adversarios y mis enemigos, ellos tropezaron y cayeron. 3 Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque en mi contra se levante guerra, a pesar de ello, estaré confiado. 4 Una cosa he pedido al SEÑOR, y ésa buscaré: que habite yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del SEÑOR, y para meditar en su templo. 5 Porque en el día de la angustia me esconderá en su tabernáculo; en lo secreto de su tienda me ocultará; sobre una roca me pondrá en alto. 6 Entonces será levantada mi cabeza sobre mis enemigos que me cercan; y en su tienda ofreceré sacrificios con voces de júbilo; cantaré, sí, cantaré alabanzas al SEÑOR. 7 Escucha, oh SEÑOR, mi voz cuando clamo; ten piedad de mí, y respóndeme. 8 Cuando dijiste: Buscad mi rostro, mi corazón te respondió: Tu rostro, SEÑOR, buscaré. 9 No escondas tu rostro de mí; no rechaces con ira a tu siervo; tú has sido mi ayuda. No me abandones ni me desampares, oh Dios de mi salvación. 10 Porque aunque mi padre y mi madre me hayan abandonado, el SEÑOR me recogerá. 11 SEÑOR, enséñame tu camino, y guíame por senda llana por causa de mis enemigos. 12 No me entregues a la voluntad de mis adversarios; porque testigos falsos se han levantado contra mí, y los que respiran violencia. 13 Hubiera yo desmayado, si no hubiera creído que había de ver la bondad del SEÑOR en la tierra de los vivientes. 14 Espera al SEÑOR; esfuérzate y aliéntese tu corazón. Sí, espera al SEÑOR.
1 Ati clamo, oh SEÑOR; roca mía, no seas sordo para conmigo, no sea que si guardas silencio hacia mí, venga a ser semejante a los que descienden a la fosa. 2 Escucha la voz de mis súplicas cuando a ti pido auxilio; cuando levanto mis manos hacia el lugar santísimo de tu santuario. 3 No me arrastres con los impíos ni con los que obran iniquidad, que hablan de paz con su prójimo, mientras hay maldad en su corazón. 4 Dales conforme a su obra y según la maldad de sus hechos; dales conforme a la obra de sus manos; págales su merecido. 5 Porque no tienen en cuenta los hechos del SEÑOR ni la obra de sus manos, El los derribará y no los edificará. 6 Bendito sea el SEÑOR, porque ha oído la voz de mis súplicas. 7 El SEÑOR es mi fuerza y mi escudo; en El confía mi corazón, y soy socorrido; por tanto, mi corazón se regocija, y le daré gracias con mi cántico. 8 El SEÑOR es la fuerza de su pueblo, y El es defensa salvadora de su ungido. 9 Salva a tu pueblo y bendice a tu heredad, pastoréalos y llévalos para siempre.
1 Tributad al SEÑOR, oh hijos de los poderosos, tributad al SEÑOR gloria y poder. 2 Tributad al SEÑOR la gloria debida a su nombre; adorad al SEÑOR en la majestad de la santidad. 3 Voz del SEÑOR sobre las aguas. El Dios de gloria truena, el SEÑOR está sobre las muchas aguas. 4 La voz del SEÑOR es poderosa, la voz del SEÑOR es majestuosa. 5 La voz del SEÑOR rompe los cedros; sí, el SEÑOR hace pedazos los cedros del Líbano; 6 y como becerro hace saltar al Líbano; y al Sirión como cría de búfalo. 7 La voz del SEÑOR levanta llamas de fuego. 8 La voz del SEÑOR hace temblar el desierto; el SEÑOR hace temblar el desierto de Cades. 9 La voz del SEÑOR hace parir a las ciervas , y deja los bosques desnudos, y en su templo todo dice: ¡Gloria! 10 El SEÑOR se sentó como rey cuando el diluvio; sí, como rey se sienta el SEÑOR para siempre. 11 El SEÑOR dará fuerza a su pueblo; el SEÑOR bendecirá a su pueblo con paz. David.
1 Te ensalzaré, oh SEÑOR, porque me has elevado, y no has permitido que mis enemigos se rían de mí. 2 Oh SEÑOR, Dios mío, a ti pedí auxilio y me sanaste. 3 Oh SEÑOR, has sacado mi alma del Seol; me has guardado con vida, para que no descienda al sepulcro. 4 Cantad alabanzas al SEÑOR, vosotros sus santos, y alabad su santo nombre. 5 Porque su ira es sólo por un momento, pero su favor es por toda una vida; el llanto puede durar toda la noche, pero a la mañana vendrá el grito de alegría. 6 Y en mi prosperidad yo dije: Jamás seré conmovido. 7 Oh SEÑOR, con tu favor has hecho que mi monte permanezca fuerte; tú escondiste tu rostro, fui conturbado. 8 A ti, oh SEÑOR, clamé, y al Señor dirigí mi súplica: 9 ¿Qué provecho hay en mi sangre si desciendo al sepulcro? ¿Acaso te alabará el polvo? ¿Anunciará tu fidelidad? 10 Escucha, oh SEÑOR, y ten piedad de mí; oh SEÑOR, sé tú mi socorro. 11 Tú has cambiado mi lamento en danza; has desatado mi cilicio y me has ceñido de alegría; 12 para que mi alma te cante alabanzas y no esté callada. Oh SEÑOR, Dios mío, te alabaré por siempre.
1 En ti, oh SEÑOR, me refugio; jamás sea yo avergonzado; líbrame en tu justicia. 2 Inclina a mí tu oído, rescátame pronto; sé para mí roca fuerte, fortaleza para salvarme. 3 Porque tú eres mi roca y mi fortaleza, y por amor de tu nombre me conducirás y me guiarás. 4 Me sacarás de la red que en secreto me han tendido; porque tú eres mi refugio. 5 En tu mano encomiendo mi espíritu; tú me has redimido, oh SEÑOR, Dios de verdad. 6 Aborrezco a los que confían en ídolos vanos; mas yo confío en el SEÑOR. 7 Me gozaré y me alegraré en tu misericordia, porque tú has visto mi aflicción; has conocido las angustias de mi alma, 8 y no me has entregado en manos del enemigo; tú has puesto mis pies en lugar espacioso. 9 Ten piedad de mí, oh SEÑOR, porque estoy en angustia; se consumen de sufrir mis ojos, mi alma y mis entrañas. 10 Pues mi vida se gasta en tristeza, y mis años en suspiros; mis fuerzas se agotan a causa de mi iniquidad, y se ha consumido mi cuerpo . 11 A causa de todos mis adversarios, he llegado a ser objeto de oprobio, especialmente para mis vecinos, y causa de espanto para mis conocidos; los que me ven en la calle huyen de mí. 12 Como un muerto soy olvidado, sin ser recordado, soy semejante a un vaso roto. 13 Porque he oído la calumnia de muchos, el terror está por todas partes; mientras traman juntos contra mí, planean quitarme la vida. 14 Pero yo, oh SEÑOR, en ti confío; digo: Tú eres mi Dios. 15 En tu mano están mis años ; líbrame de la mano de mis enemigos, y de los que me persiguen. 16 Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; sálvame en tu misericordia. 17 Oh SEÑOR, no sea yo avergonzado, porque a ti clamo; sean avergonzados los impíos; que desciendan en silencio al Seol. 18 Enmudezcan los labios mentirosos, que arrogantes hablan contra el justo con soberbia y desprecio. 19 ¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has obrado para los que en ti se refugian, delante de los hijos de los hombres! 20 De las conspiraciones de los hombres tú los escondes en lo secreto de tu presencia; en un refugio los pondrás a cubierto de los enredos de las lenguas. 21 Bendito sea el SEÑOR, porque ha hecho maravillosa su misericordia para mí en ciudad asediada. 22 Y yo alarmado, decía: ¡Cortado soy de delante de tus ojos! Empero tú oíste la voz de mis súplicas cuando a ti clamaba. 23 ¡Amad al SEÑOR, todos sus santos! El SEÑOR preserva a los fieles, y retribuye plenamente a los que obran con soberbia. 24 Esforzaos, y aliéntese vuestro corazón, todos vosotros que esperáis en el SEÑOR.
1 ¡Cuán bienaventurado es aquel cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto! 2 ¡Cuán bienaventurado es el hombre a quien el SEÑOR no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño! 3 Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió con mi gemir durante todo el día. 4 Porque día y noche tu mano pesaba sobre mí; mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano. (Selah) 5 Te manifesté mi pecado, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones al SEÑOR; y tú perdonaste la culpa de mi pecado. (Selah) 6 Por eso, que todo santo ore a ti en el tiempo en que puedas ser hallado; ciertamente, en la inundación de muchas aguas, no llegarán éstas a él. 7 Tú eres mi escondedero; de la angustia me preservarás; con cánticos de liberación me rodearás. (Selah) 8 Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; te aconsejaré con mis ojos puestos en ti. 9 No seáis como el caballo o como el mulo, que no tienen entendimiento; cuyos arreos incluyen bocado y freno para sujetarlos, porque si no, no se acercan a ti. 10 Muchos son los dolores del impío, pero al que confía en el SEÑOR, la misericordia lo rodeará. 11 Alegraos en el SEÑOR y regocijaos, justos; dad voces de júbilo, todos los rectos de corazón.
1 Cantad de júbilo en el SEÑOR, oh justos; apropiada es para los rectos la alabanza. 2 Dad gracias al SEÑOR con la lira; cantadle alabanzas con el arpa de diez cuerdas. 3 Cantadle cántico nuevo; tañed con arte, con voz de júbilo. 4 Porque la palabra del SEÑOR es recta; y toda su obra es hecha con fidelidad. 5 El ama la justicia y el derecho; llena está la tierra de la misericordia del SEÑOR. 6 Por la palabra del SEÑOR fueron hechos los cielos, y todo su ejército por el aliento de su boca. 7 El junta las aguas del mar como un montón; pone en almacenes los abismos. 8 Tema al SEÑOR toda la tierra; tiemblen en su presencia todos los habitantes del mundo. 9 Porque El habló, y fue hecho; El mandó, y todo se confirmó. 10 El SEÑOR hace nulo el consejo de las naciones; frustra los designios de los pueblos. 11 El consejo del SEÑOR permanece para siempre, los designios de su corazón de generación en generación. 12 Bienaventurada la nación cuyo Dios es el SEÑOR, el pueblo que El ha escogido como herencia para sí. 13 El SEÑOR mira desde los cielos; El ve a todos los hijos de los hombres. 14 Desde el lugar de su morada El observa a todos los habitantes de la tierra; 15 El, que modela el corazón de cada uno de ellos; El, que todas las obras de ellos entiende. 16 El rey no se salva por gran ejército; ni es librado el valiente por la mucha fuerza. 17 Falsa esperanza de victoria es el caballo, ni con su mucha fuerza puede librar. 18 He aquí, los ojos del SEÑOR están sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia, 19 para librar su alma de la muerte, y conservarlos con vida en tiempos de hambre. 20 Nuestra alma espera al SEÑOR; El es nuestra ayuda y nuestro escudo; 21 pues en El se regocija nuestro corazón, porque en su santo nombre hemos confiado. 22 Sea sobre nosotros tu misericordia, oh SEÑOR, según hemos esperado en ti.
1 Bendeciré al SEÑOR en todo tiempo; continuamente estará su alabanza en mi boca. 2 En el SEÑOR se gloriará mi alma; lo oirán los humildes y se regocijarán. 3 Engrandeced al SEÑOR conmigo, y exaltemos a una su nombre. 4 Busqué al SEÑOR, y El me respondió, y me libró de todos mis temores. 5 Los que a El miraron, fueron iluminados; sus rostros jamás serán avergonzados. 6 Este pobre clamó, y el SEÑOR le oyó, y lo salvó de todas sus angustias. 7 El ángel del SEÑOR acampa alrededor de los que le temen, y los rescata. 8 Probad y ved que el SEÑOR es bueno. ¡Cuán bienaventurado es el hombre que en El se refugia! 9 Temed al SEÑOR, vosotros sus santos, pues nada les falta a aquellos que le temen. 10 Los leoncillos pasan necesidad y tienen hambre, mas los que buscan al SEÑOR no carecerán de bien alguno. 11 Venid, hijos, escuchadme; os enseñaré el temor del SEÑOR. 12 ¿Quién es el hombre que desea vida y quiere muchos días para ver el bien? 13 Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. 14 Apártate del mal y haz el bien, busca la paz y síguela. 15 Los ojos del SEÑOR están sobre los justos, y sus oídos atentos a su clamor. 16 El rostro del SEÑOR está contra los que hacen mal, para cortar de la tierra su memoria. 17 Claman los justos, y el SEÑOR los oye, y los libra de todas sus angustias. 18 Cercano está el SEÑOR a los quebrantados de corazón, y salva a los abatidos de espíritu. 19 Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas lo libra el SEÑOR. 20 El guarda todos sus huesos; ni uno de ellos es quebrantado. 21 La maldad dará muerte al impío, y los que aborrecen al justo serán condenados. 22 El SEÑOR redime el alma de sus siervos; y no será condenado ninguno de los que en El se refugian.
1 Combate, oh SEÑOR, a los que me combaten; ataca a los que me atacan. 2 Echa mano del broquely del escudo, y levántate en mi ayuda. 3 Empuña también la lanza y el hacha para enfrentarte a los que me persiguen; di a mi alma: Yo soy tu salvación. 4 Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida; sean puestos en fuga y humillados los que traman el mal contra mí. 5 Sean como paja delante del viento, con el ángel del SEÑOR acosándolos. 6 Sea su camino tenebroso y resbaladizo, con el ángel del SEÑOR persiguiéndolos. 7 Porque sin causa me tendieron su red; sin causa cavaron fosa para mi alma. 8 Que venga destrucción sobre él sin darse cuenta, y la red que él mismo tendió lo prenda, ¡que caiga en esa misma destrucción! 9 Y mi alma se regocijará en el SEÑOR; en su salvación se gozará. 10 Dirán todos mis huesos: SEÑOR, ¿quién como tú, que libras al afligido de aquel que es más fuerte que él, sí, al afligido y al necesitado de aquel que lo despoja? 11 Se levantan testigos malvados, y de lo que no sé me preguntan. 12 Me devuelven mal por bien para aflicción de mi alma. 13 Pero yo, cuando ellos estaban enfermos, vestía de cilicio; humillé mi alma con ayuno, y mi oración se repetía en mi pecho. 14 Como por mi amigo, como por mi hermano, andaba de aquí para allá; como el que está de duelo por la madre, enlutado me encorvaba. 15 Pero ellos se alegraron en mi tropiezo , y se reunieron; los agresores, a quienes no conocía, se juntaron contra mí; me despedazaban sin cesar. 16 Como bufones impíos en una fiesta, rechinaban sus dientes contra mí. 17 ¿Hasta cuándo, Señor, estarás mirando? Rescata mi alma de sus estragos, mi única vida de los leones. 18 En la gran congregación te daré gracias; entre mucha gente te alabaré. 19 No permitas que se regocijen a costa mía los que injustamente son mis enemigos, ni que guiñen el ojo con malicia los que sin causa me aborrecen. 20 Porque ellos no hablan paz, sino que piensan palabras engañosas contra los pacíficos de la tierra, 21 y abrieron bien grande su boca contra mí; dijeron: ¡Ajá, ajá, nuestros ojos lo han visto! 22 Tú lo has visto, SEÑOR, no calles; Señor, no estés lejos de mí. 23 Despierta y levántate para mi defensa y para mi causa, Dios mío y Señor mío. 24 Júzgame conforme a tu justicia, oh SEÑOR, Dios mío; que no se rían de mí. 25 Que no digan en su corazón: ¡Ajá, lo que queríamos! Que no digan: ¡Lo hemos devorado! 26 Sean avergonzados y humillados a una los que se alegran de mi mal; cúbranse de verguenza y deshonra los que se engrandecen contra mí. 27 Canten de júbilo y regocíjense los que favorecen mi vindicación; y digan continuamente: Engrandecido sea el SEÑOR, que se deleita en la paz de su siervo. 28 Y mi lengua hablará de tu justicia y de tu alabanza todo el día.
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