¿Qué entendemos por bendiciones?

Tal vez el Señor su Dios cambie de parecer y deje bendiciones tras de sí, es decir, trigo y vino para que le presenten ofrendas y libaciones. - Joel 2:14 (2:14-16)

Me acuerdo todavía cuando en la escuela secundaria aprendí acerca del dolor. La profesora de anatomía nos explicaba que el dolor era bueno, porque era señal de que había una herida o un problema en el cuerpo que requería atención.  Si no fuera por el dolor, no nos daríamos cuenta de que nos lastimamos o nos quemamos. A partir de ese momento comencé a considerar la importancia del dolor.

En términos de la fe cristiana, el dolor y el sufrimiento también son importantes, al punto que llegan a ser una bendición para nuestra vida. Posiblemente esta afirmación no concuerde con el pensamiento popular, porque la palabra bendición la relacionamos con lo bueno, con la ausencia de dificultades, con la salud. Y es cierto que todas esas cosas son bendiciones. Pero así como el dolor, el sufrimiento, y la muerte de Jesús son una bendición para nosotros, asimismo los sufrimientos que pasamos en la vida son una bendición porque nos hacen buscar la protección y el consuelo de nuestro Padre celestial.

¿Qué es una bendición entonces? ¿Cuáles son las bendiciones que Dios deja detrás de sí? Es muy llamativo que el profeta Joel lo resume en dos palabras: trigo y vino. En el lenguaje del Nuevo Testamento diríamos: pan y vino, el cuerpo y la sangre del Señor Jesús. Ésa es la mayor bendición que Dios deja detrás de sí cuando viene a nosotros en su Palabra y en los sacramentos. La mayor de las bendiciones que podemos recibir es al Señor Jesús, porque él nos trae el perdón de los pecados, y alivio para todos los dolores de la vida. Cuando él está con nosotros, todo duele menos.

Gracias, Padre, por todas las bendiciones que recibimos de tu mano amorosa. Amén.

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