Presencia constante

Uno de los doce, el que se llamaba Judas Iscariote, fue a ver a los jefes de los sacerdotes. — ¿Cuánto me dan, y yo les entrego a Jesús? —les propuso. Decidieron pagarle treinta monedas de plata. Y desde entonces Judas buscaba una oportunidad para entregarlo.

Al anochecer, Jesús estaba sentado a la mesa con los doce. Mientras comían, les dijo: —Les aseguro que uno de ustedes me va a traicionar. Ellos se entristecieron mucho, y uno por uno comenzaron a preguntarle: — ¿Acaso seré yo, Señor? —El que mete la mano conmigo en el plato es el que me va a traicionar —respondió Jesús—. A la verdad el Hijo del hombre se irá, tal como está escrito de él, pero ¡ay de aquel que lo traiciona! Más le valdría a ese hombre no haber nacido. — ¿Acaso seré yo, Rabí? —le dijo Judas, el que lo iba a traicionar. —Tú lo has dicho —le contestó Jesús. Mateo 26:14-16, 20-25

Siempre uso una cruz en la solapa, pues me recuerda a Jesús. Cuando pienso en él, y me doy cuenta que está conmigo en todo momento, quiero vivir una vida digna de él. El temor a Dios, ese sentido de la presencia de Dios, de que estamos en “tierra santa”, es un poder positivo que me impide pecar y me ayuda a hacer lo que es correcto.

Judas no tuvo temor de Dios. Cuando se sentó a la mesa junto con Jesús y los otros once  discípulos, y Jesús le dio un trozo de pan (ver Juan 13:21-22), Jesús le estaba diciendo a Judas: “Soy tu amigo, y no te voy a lastimar”. Fue un ofrecimiento del Evangelio, pero Judas no supo cómo contenerse frente al pecado, ni siquiera en la presencia de Jesús. Tomó el pan, y poco después traicionó al Señor con un beso.

Jesús está presente entre nosotros, no sólo en pinturas y símbolos, sino realmente aquí, como nuestro omnipresente Dios. En su Palabra y promesas él se nos da totalmente. A él nos aferramos a través de nuestra fe, una fe que frena nuestra naturaleza pecadora, y nos impulsa a amar.

ORACIÓN: Señor Jesús, ayúdame a mantener siempre el sentido de tu presencia en mi vida, de tal manera que pueda concentrarme no en mi naturaleza pecadora y sus necesidades, sino en tu vida en mí. Amén.

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