Ofensas

Les digo que éste es el momento propicio de Dios; ¡hoy es el día de salvación! Por nuestra parte, a nadie damos motivo alguno de tropiezo, para que no se desacredite nuestro servicio. 2 Corintios 6:2b-3

Sin duda, la mayoría de los lectores de estas devociones ha escuchado la expresión: ‘no todo lo que reluce es oro’.

Si bien eso puede ser verdad cuando se trata de metales preciosos, definitivamente no es el caso cuando se trata de identificar a un cristiano.

De acuerdo a una encuesta conducida por el Grupo Barna, el 28% de la población adulta de los Estados Unidos, o sea alrededor 65 MILLONES de personas, no había asistido a la iglesia en los seis meses previos.

Sorprendentemente, muchas de esas personas se auto-calificaban de cristianos.

Aún más sorprendente es que el 40% de esos cristianos desertores dejaron de ir a la iglesia porque de alguna manera alguien allí los lastimó. Un gran número de ellos dijo que no querían desertar, pero que se vieron obligados a hacerlo... y dieron toda clase de motivos.

Cuando leí esa encuesta pensé en muchas cosas. Por ejemplo:


 

  • Si no van a la iglesia, ¿será que al menos escuchan el programa ‘Para el camino’?
  • ¿Habrán probado de ir a otra iglesia?
  • ¿Por qué decidieron desertar y dejar que su iglesia se encargue de lidiar con las personas que les hicieron mal?
  • Si no van a ninguna iglesia, ¿cómo participan de los sacramentos… cómo sirven a otros… cómo apoyan la misión de la iglesia?

 

Cuando servía como pastor, recuerdo a algunas personas que ‘desaparecieron’. Siempre me apenaba verlos irse. En muchos casos me dieron una explicación aceptable para su partida.

Pero hay una explicación en la que nunca me gustó pensar… ¿sería posible que yo o mi congregación hubiéramos sidomotivo de tropiezo para alguien? Y la respuesta siempre fue: “sí”, y “no.”

“Sí”, porque cada miembro de mi congregación, incluyéndome a mí, éramos pecadores, y como tales errábamos y, aun sin quererlo, hacíamos cosas que no debíamos.

“No”, porque si hubiéramos sabido que habíamos causado un daño, lo habríamos tratado de reparar.

Son muchas las razones por las cuales las personas se van de la iglesia. Pero yo no quiero ser la excusa que utilicen para separarse de la comunidad de creyentes... y tampoco quiero que usted lo sea.

ORACIÓN: Señor, soy un pecador en una iglesia pecadora que cumple con tu obra en un mundo pecador. Por amor a los demás ayúdame a ser tu testigo y ser el mejor cristiano que humanamente se pueda. En el nombre de Jesús. Amén.

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