Dejando de lado la ira

Asegúrense de que nadie pague mal por mal; más bien, esfuércense siempre por hacer el bien, no sólo entre ustedes sino a todos. 1 Tesalonicenses 5:15

Probablemente los más jóvenes de nuestros lectores no recordarán al comediante y animador Gary Moore.

De cualquier forma, al igual que muchos otros en el mundo del espectáculo, Gary ocasionalmente recibía una carta de algún airado crítico. Si la carta era especialmente nefasta, Gary respondía a la misma en una forma única.

Él nunca respondió en el mismo tono utilizado por el crítico en su carta original, ni nunca amenazó con hacer una demanda judicial. No. Gary se limitaba a devolver la carta con una nota adjunta que decía: “La carta adjunta llegó a mi oficina hace unos días. Se la envío a usted pues, como ciudadano responsable que soy, es mi deber informarle que algún idiota está enviando cartas utilizando su firma”.

Aparentemente, tan solo unas cuantas de las quejas fueron enviadas por segunda vez.

Esto me lleva a pensar: “¿Será que la gente pensaría diferente del Salvador si todos los seguidores de Jesús fueran igualmente corteses a las críticas?”

Ser amables con quienes nos persiguen no es algo fácil de hacer. Ser cortés, en lugar de vengativo, no nos da la misma satisfacción.

Por otro lado, ser amable con quienes lo persiguen a Él, fue la forma en que Jesús vivió su vida. Fue también la forma en que él actuó cuando era traicionado, enjuiciado, condenado y crucificado. Jesús no pagó mal por mal. Para nada. Él contuvo su lengua durante su juicio, y hasta compartió palabras de perdón desde la cruz.

Como dijo San Pablo: “Asegúrense de que nadie pague mal por mal; más bien, esfuércense siempre por hacer el bien, no sólo entre ustedes sino a todos”.

Es tan solo otra forma en que dejamos nuestra luz brillar y glorificar al Padre que está en el cielo… y damos testimonio a nuestros hermanos y hermanas acá en la tierra.

ORACIÓN: Dios Padre, hay muchos en el mundo que no saben cómo contener la lengua. Dame tu Espíritu Santo para que pueda aprender a controlar la mía. Que mis palabras sean un testimonio de Jesucristo y del perdón que su sacrificio me ha dado. En su nombre. Amén.

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