Una resurrección inusual

Domingo de Pascua

“María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé compraron especias aromáticas para ir a ungir el cuerpo de Jesús”. Marcos 16:1b

El mundo trata de ungir el cuerpo muerto del Salvador de la forma usual. Al igual que las mujeres mencionadas en el texto bíblico, el mundo no se ha dado cuenta todavía que Él está vivo.

Después de la Segunda Guerra Mundial, un ministro de apellido Sangster dirigió un reavivamiento en Inglaterra. Su ministerio terminó a causa de una enfermedad que progresivamente paralizó su cuerpo, y hasta su voz. Su último Domingo de Resurrección, incapaz de hablar, pero todavía capaz de escribir, escribió: “¡Qué terrible es despertarse en la mañana de Pascua y no tener voz para gritar que ‘Jesús ha resucitado’!”

No hay un cuerpo muerto para ungir. El Salvador inusual ha salido de la tumba. Ni guardias, ni sellos, ni la muerte, han podido sujetarlo. Es por eso que nuestra alabanza está marcada por alegría, y no por tristeza.

En este día de gracia de Dios es mi oración que usted tenga el corazón y la voz dispuestos a gritar: “¡Está vivo! ¡Jesús ha resucitado!”

ORACIÓN: Querido Señor Jesús, te doy gracias porque no hay ni cuerpo para ungir ni tumba para visitar. Dame la gracia para vivir en la inusual alegría de la resurrección. Amén.

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