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Resumen del libro de Job

Este resumen del libro de Job proporciona información acerca del título, los autores, fecha de escritura, cronología, temas, teología, ideas generales, una breve perspectiva y los capítulos del libro de Job.

Autor

Aunque la mayoría del libro consiste en las palabras de Job y sus amigos, el mismo Job no fue el autor. Podemos estar seguros de que el autor era un Israelita, ya que él (ni Job ni sus amigos) usa frecuentemente el nombre del pacto israelita de Dios (Jehová; NIV “El Señor”). En el prólogo (cap. 1-2), discursos divinos (38:1 - 42:6) y epílogo (42:7-17) la palabra “Señor” aparece un total de 25 veces, mientras que en el resto del libro (cap. 3-37) aparece solo una vez (12:9).

Este autor desconocido probablemente tuvo acceso a una tradición (oral o escrita) acerca de un hombre recto y antiguo que resistió un gran sufrimiento con una “perseverancia” remarcable (Santiago 5:11, ver nota allí) y sin ir en contra de Dios (ver Ezequiel 14:14,20), una tradición que él usó para sus propios propósitos. El autor revela su propio estilo como escritor de literatura sabia, al preservar el sabor arcaico y poco israelita en el lenguaje de Job y sus amigos. Las perspectivas profundas del libro, sus estructuras literarias y la cualidad de su retórica muestran el genio del autor.

Fecha

Dos fechas están involucradas: (1) la del mismo Job y (2) la de la composición del libro. La última puede datar de cualquier momento desde el reino de Salomón hasta el momento del exilio de Israel en Babilonia. Aunque el autor era un israelita, él no menciona nada de la historia de Israel. El autor tuvo un relato de una saga de Job no israelita (1:1) quien probablemente vivió en el segundo milenio a. C. (2000-1000). Como los patriarcas hebreos, Job vivió más de 100 años (42:16). Tal como ellos, su salud fue medida con ganado y sirvientes (1:3), y de igual forma él actuó como un sacerdote para su familia (1:5). La invasión de las tribus de los sabeos (1:15) y los caldeos (1:17) encajan con el segundo milenio, así como la frase de el kesitah, “una pieza de plata,” en 42:11 (ver Génesis 33:19, Josué 24:32). El descubrimiento de un tárgum (en arameo) que data a Job al primer o segundo siglo antes de Cristo (el tárgum más antiguo que se ha descubierto) hace que una fecha tardía para la composición del libro no sea probable.

Idioma y Texto

En muchos lugares, Job resulta difícil de traducir debido a la gran cantidad de palabras inusuales y su estilo. Por esa razón, las traducciones modernas difieren muchas veces. Incluso, los traductores pre-cristianos de Job al griego (La Septuaginta) a menudo parecen haber estado perplejos. La Septuaginta de Job es 400 líneas más cortas que el texto hebreo aceptado, y puede ser que el traductor simplemente haya omitido líneas que él (ellos) no entendían. Los traductores de siríaco antiguo (Peshitta), arameo (Tárgum) y latín (Vulgata) tuvieron dificultades similares.

Escenario y Perspectiva

Mientras que existe la probabilidad de que la intención del autor con este libro fuera la de contribuir a una discusión de alto nivel de asuntos teológicos importantes en una compañía exclusiva de hombres letrados, parece más probable que su intención para esta historia era que fuera contada a mártires santos quienes como Job luchaban con la crisis de la fe, provocada por un sufrimiento amargo y prolongado. Él parece permanecer muy cerca del sufrimiento –para ser un pastor más empático y compasivo que el teólogo o filósofo alejado. Escuchaba lo que los teólogos del momento decían acerca de las maneras de Dios y acerca de las cosas que traen sufrimiento, y él dejaba que sus voces fueran escuchadas. Sabe que quienes sufren en su momento también han escuchado la “sabiduría” de los aprendidos y la han internalizado como la sabiduría de la época. Y también conoce el “consuelo miserable” (16:2) que la tan llamada sabiduría da –que solo esparce sal en las heridas y crea una piedra de tropiezo de fe. En contra de esa sabiduría él no tiene argumentos racionales para discutir, pero si tiene una historia que contar que la desafíe hasta sus raíces y le hable a la fe luchadora de quien sufre. En efecto, él dice a quien sufre, “Olvida los argumentos lógicos otorgados por aquellos que se sientan con su facilidad y discuten las maneras de Dios, y olvida esas voces en tu propio corazón que no son más que ecos de sus pronunciamientos. Déjame contarte una historia”.

Tema Teológico y Mensaje

Cuando el buen pueblo de Dios (aquellos que eran “temerosos de Dios y apartados del mal” 1:1) sufren, el espíritu humano lucha por entender. A través de historia registrada, el pueblo ha preguntado: ¿Cómo puede ocurrir esto? Si Dios es todopoderoso y él “sostiene al mundo entero en sus manos” y si él es verdaderamente bueno, ¿Cómo puede permitir tal atropello? La forma en la que esta pregunta se ha hecho a menudo deja tres posibilidades abiertas: (1) Dios, después de todo, no es todopoderoso; (2) Dios no es justo (no es completamente bueno, tiene algo demoníaco en él); (3) los humanos pueden ser inocentes. Sin embargo, en la antigua Israel era indiscutible que Dios fuera todopoderoso, que es perfectamente justo y que ningún humano es puro a su vista. Estas tres asunciones también fueron fundamentales para la teología de Job y sus amigos. La lógica simple luego dictó la conclusión: El sufrimiento de cada persona es un indicador de la medida de su culpa en los ojos de Dios. En el abstracto, esta conclusión pareció ineludible, lógicamente imperativa y teológicamente satisfactoria.

Por lo tanto, lo que parecía ser evidente teológicamente e inexpugnable, en el abstracto estaba a menudo en tensión radical con la experiencia humana actual. Había aquellos cuya santidad era genuina, cuyo carácter moral era recto y se habían mantenido a sí mismos alejados de la transgresión, pero que, sin embargo, no habían sufrido amargura (ver, por ejemplo, Salmos 73). Para ellos, la teología evidente no trajo consuelo y no ofreció orientación. Solo dejó lugar para grandes enigmas. Y el Dios a quien el que sufre está acostumbrado a buscar en momentos de necesidad se convirtió en sí mismo en el enigma abrumadora. Esta teología dejó a los inocentes que sufrían encerrados en celdas sin ventanas para agonizar por su crisis de fe. En los discursos del cap. 3-37, escuchamos una de las caras de la lógica perfecta y las heridas impuestas de aquellos que insistían en la teología tradicional, y en la otra cara la escritura del alma de quien sufre luchando con el gran enigma, a pesar de ser herido por sus amigos de teología ortodoxa con buena intención (ver nota en 5:27). La teología aprendida por ellos no es palabra de consuelo, motivadora o útil para quien sufre de verdad.

El autor del libro de Job rompió con los ajustes y el molde lógico de la teología ortodoxa tradicional de su momento. El vio que llevaba a una calle sin salida, que no tenía forma de lidiar con el sufrimiento del pueblo santo. Solo podía negar la realidad de la anomalía experimentada y empeorar el dolor y los disturbios internos de quien sufre. En vez de argumentos lógicos, él cuenta una historia. Y en su historia él cambia el ángulo de la perspectiva. Alrededor de él, entre los teólogos y la gente común, estaban aquellos que intentaban resolver el “Problema de Dios” en el rostro del sufrimiento humano (¿Son justas las maneras de Dios?) a la expensa de humanos (todos deben merecer lo que reciben). Incluso a aquellos que estaban en sufrimiento se les decía que debían ver motivos en esa luz. Por otro lado, el autor de Job da ánimos a quienes sufren al mostrarles que su sufrimiento proporciona una ocasión como ninguna otra para ejemplificar lo que significa la verdadera santidad para los seres humanos.

Él comienza por introducir una tercera parte a la ecuación. La relación entre Dios y los humanos no es exclusiva y cerrada. Entre las criaturas de Dios hay un gran adversario (ver cap. 1 - 2). Incapaz de ser un contendiente mano a mano con Dios, poder contra poder, él está orientado a frustrar la creación de Dios centrándose en la relación de Dios con la criatura que lleva su imagen. Cómo tentación, busca alejar a los humanos de Dios (ver Génesis 3; Mateo 4:1); como acusador (uno de los nombres por el cual es llamado, Satán, significa “acusador”) él busca alejar a Dios de los humanos (ver Zacarías 3:1, Apocalipsis 12:9-10). Su propósito consumidor es crear una brecha entre Dios y los humanos para efectuar una separación e indiferencia que no pueda ser reconciliada.

En esta historia, el autor muestra a este adversario en su asalto más atrevido y radical contra Dios y el pueblo santo en la relación especial e íntima más querida para ambos de ellos. Cuando Dios llama el nombre de Job antes del acusador y testifica sobre su rectitud –esta criatura por la que Dios siente agrado– Satanás amenaza con artimañas a ambos para asaltar al querido de Dios y para mostrar a Dios como un tonto. Verdadero a su forma de operar, él acusa a Job ante Dios. Él acusa a la santidad de Job de ser malvada. Que a la bondad con la que Dios se deleita le falta toda integridad, que es un pecado terrible. Que la santidad de Job es meramente servicial; que él es recto solo porque se le retribuye. Si Dios dejara a Satanás tentar a Job, al romper el vínculo entre la rectitud y las bendiciones, él expondría a este hombre y a todo el pueblo recto como los fraudes que son.

Es el desafío final del adversario. Él está seguro que ha encontrado una apertura para lograr este propósito en la estructura de la creación. Los humanos dependen totalmente de Dios por sus vidas y bienestar. El hecho puede ocasionar una de las tentaciones de la humanidad: amar los dones en vez de amar a quien los da, tratar de complacer a Dios únicamente por el bien de sus beneficios, ser “religioso” y “bueno” solo porque retribuye. La acusación de Satanás hacia Job es que esta es la única verdad con respecto a la conducta santa y recta – que esto es, de hecho, la verdad profunda acerca del pueblo santo y recto. Si él está en lo correcto, si la santidad de los rectos en quienes Dios se deleita puede mostrarse como malvada, entonces un sismo de separación existe entre Dios y los seres humanos que no puede ser subsanado. Entonces, incluso la redención de los seres humanos es impensable, porque los santos entre ellos se mostrarían como lo más alejado de la santidad. Los esfuerzos completos de Dios en la creación y redención se mostrarían como defectuosos, y solo Dios puede arrasar todo en juicio doloroso.

Una vez que la acusación surgió, no pudo ser ignorada y callada – ni siquiera al destruir al acusador, golpeó muy profundo en la estructura de la creación y tiene raíces profundas en la condición humana dentro de esa estructura. Así que Dios deja al adversario avanzar con Job (dentro de límites específicos) para que Dios y el recto Job puedan ser reivindicados y el gran acusador silenciado. Desde aquí viene el profundo estrés de Job, alejado como estaba de cada señal de favor de Dios para que Dios se convierta en el gran enigma para él. Y su rectitud también es atacada en la tierra por la lógica de la teología ortodoxa de sus amigos. Él agoniza solo. Pero sabe que en las profundidades de su corazón su santidad ha sido auténtica y que algún día será reivindicado (ver 13:18; 14:13-17; 16:19; 19:25-27). Y a pesar de todo, aunque maldiga el día de su nacimiento (cap. 3) y censure a Dios por tratarlo injustamente (como propuso su mujer, el ser más cercano a su corazón; ver 2:9), lo que más le duele es el rechazo aparente de Dios hacia él.

Así que el adversario es silenciado, y el deleite de Dios por el santo es vindicado. Alejado de cada señal del favor de Dios, Job se niega a repudiar a su Creador. Él se enfrenta a Dios con rechazo, confusión, rabia y quejas amargas, pero nunca se aleja de él para marcharse –sin ser santo– en la noche oscura. Su ser completo anhela, no los dones de Dios, sino una señal del favor de Dios (Salmos 42). El Santo Job, tal y como una criatura dependiente que es, pasa la prueba suprema ocasionada por su condición de criatura y la acusación de su adversario.

Esta primera prueba de la santidad de Job, involucra una segunda, que reta su santidad a un nivel tan profundo como la primera. Al haber surgido esta acusación de Satanás, Job tuvo que quedarse en la cámara de consejo de Dios a oscuras. Pero Job pertenece a una raza de criaturas envueltas con sabiduría, entendimiento y perspectiva (algo de su santidad) que no puede descansar hasta conocer y entender todo lo que pueda acerca de la creación y las maneras de Dios. Por esa razón, la pérdida repentina de todo es lo que hace la vida de Job buena –cada buen don de Dios pide explicación y pone a la sabiduría humana a una prueba suprema. Sin embargo, la experiencia de Job le deja claro que su “sabiduría” no puede explicar la verdad de su situación. La sabiduría de Job también está tratando de entender. Aún, el pide a Dios una explicación, él quiere entender las cosas con Dios como su igual. Cuando el diálogo entre Job y sus tres amigos sabios ocurre, y antes de la última defensa de Job (Cap. 29-31), el intento vano de una voz joven de explicar la plegaria de Job, y la intervención de Jehová en el lugar, el autor introduce un ensayo poético acerca de la sabiduría (cap. 28) que expone los límites de toda sabiduría humana. La sabiduría que Dios le ha dado a los seres humanos puede entender las cosas de las criaturas, pero partiendo de las cosas de las criaturas los humanos no pueden entender todas las cosas de Dios. Para ellos la sabiduría suprema es “temer a Dios y apartarse del mal” (ver verso 28) – la misma sabiduría que había marcado la vida de Job en todo momento (ver 1:8). Así como permanece la unión mayor entre el diálogo y los discursos finales, este comentario de autoridad acerca de lo que ha estado ocurriendo en el diálogo de los amigos anticipa la palabra final de Dios a Job, la cual silencia sus argumentos y defensas. Al final Job supera la segunda prueba suprema de su santidad –de verdadera santidad– principalmente para vivir con la sabiduría que Dios le dio (28:28) mientras reconoce los límites de la sabiduría humana. Pero esa perspectiva y la aceptación de Job vino después de la larga noche de sufrimiento y luego de escuchar nuevamente la voz del Creador hablando detrás de la cortina de la creación.

Al final, el adversario es silenciado. Los amigos de Job son silenciados. Job es silenciado. Pero Dios no. Y cuando él habla, es al santo Job que lo hace, trayendo el silencio del remordimiento por palabras hostiles en los días del sufrimiento y el silencio del reposo en las formas del Todopoderoso (ver 38:1 – 42:6). Además, como su amigo celestial, Dios escucha las intercesiones de Job por sus asociados (42:8-10) y él restaura el estado bendecido de Job (42:10-17).

En resumen, la palabra pastoral del autor a quienes sufren es que Dios atesora su rectitud ante todo lo demás. Y Satanás sabe que, si va a frustrar el propósito abarcador de Dios, debe asaltar la rectitud santa de los seres humanos (ver 1:21-22; 2:9-10; 23:8,10; Génesis 15:6). Una estaca en el sufrimiento de los que son verdaderamente santos es el resultado de la lucha entre el gran adversario y Dios. Al mismo tiempo el autor recuerda gentilmente a quien sufre que la verdadera sabiduría santa es amar con reverencia a Dios más que a todos sus dones, y confiar en la bondad sabia de Dios incluso cuando sus maneras están, a menudo, más allá del poder del entendimiento de la sabiduría humana. Así que aquí se presenta un drama profundo, pero dolorosamente práctico que involucra la sabiduría y la justicia de las reglas del Gran Rey. Los rectos en sufrimiento deben reconocer, servir y sublevarse al Soberano omnisciente y omnipotente, entendiendo que el sufrimiento es el resultado de lo que no se ve y de conflictos espirituales entre el reino de Dios y el reino de Satanás – entre el reino de la luz y el reino de la oscuridad (Efesios 6:10-18).

Forma y Estructura Literaria

Tal como algunas otras composiciones antiguas, el libro de Job tiene una estructura de emparedado literario: prólogo (prosa), cuerpo (poesía) y epílogo (prosa), revelando una composición creativa y no una compilación arbitraria. Algunas de las palabras de Job son lamentos (ejemplo: cap. 3 y muchos otros poemas cortos en su discurso), pero el tipo de lamento es único para Job y a menudo diferente del formato regular de muchos lamentos en los salmos (excepto Salmo 88). La mayor parte del libro toma la forma de una disputa legal. Aunque los amigos vienen a consolarlo, ellos terminan discutiendo acerca de la razón del sufrimiento de Job. El argumento se desglosa en el cap. 27 y luego Job procede a hacer su intento final de buscar a Dios por vindicación (cap. 29-31). El poema de la sabiduría en el cap. 28 parece ser palabra del autor, quien ve el fracaso de la disputa como evidencia de una falta de sabiduría. Así que, en alabanza a la verdadera sabiduría, él centra su apéndice estructural entre los tres ciclos del diálogo de la disputa (cap. 3-27) y los tres monólogos: El de Job (cap. 29-31), el de Eliú (cap. 32-37) y el de Dios (38:1 – 42:6). El monólogo de Job apunta directamente a Dios por una decisión legal: que él es inocente de los crímenes que sus consejeros han apuntado contra él. El monólogo de Eliú –otra perspectiva humana acerca del por qué la gente sufre – reprocha a Job, pero va más allá del tema del castigo hacia el valor de la castidad divina y el propósito de redención de Dios en esta. El monólogo de Dios da la perspectiva divina: Job no es condenado, pero tampoco constituye una respuesta lógica o legal sobre el porqué Job ha sufrido. Esto sigue siendo un misterio para Job, a pesar de que los lectores están listos para la restauración de Dios en el epílogo, porque han tenido el punto de vista celestial del prólogo todo el tiempo. Así que la estructura literaria y el significado teológico del libro se unen hermosamente juntos.

Esquema

  1. Prólogo (cap. 1-2)
    1. La Felicidad de Job (1:1-5)
    2. La Prueba de Job (1:6; 2:13)
      1. La primera acusación de Satanás (1:6-12)
      2. La fe de Job a pesar de la pérdida de su familia y su propiedad (1:13-22)
      3. La segunda acusación de Satanás (2:1-6)
      4. La fe de Job durante el sufrimiento del personal (2:7-10)
      5. La llegada de los tres amigos (2:11-13)
  2. Diálogo-Disputa (cap. 3-27)
    1. La Apertura del Sufrimiento de Job (cap. 3)
    2. Primer Ciclo de Discursos (cap. 4-14)
      1. Elifaz (cap. 4-5)
      2. Respuesta de Job (cap. 6-7)
      3. Bildad (cap. 8)
      4. Respuesta de Job (cap. 9-10)
      5. Zofar (cap. 11)
      6. Respuesta de Job (cap. 12-14)
    3. Segundo Ciclo de Discursos (cap. 15-21)
      1. Elifaz (cap. 15)
      2. Respuesta de Job (cap. 16-17)
      3. Bildad (cap. 18)
      4. Respuesta de Job (cap. 19)
      5. Zofar (cap. 20)
      6. Respuesta de Job (cap. 21)
    4. Tercer Ciclo de Discursos (cap. 22-26)
      1. Elifaz (cap. 22)
      2. Respuesta de Job (cap. 23-24)
      3. Bildad (cap. 25)
      4. Respuesta de Job (cap. 26)
    5. El Discurso de Clausura de Job (cap. 27)
  3. Interludio en la Sabiduría (cap. 28)
  4. Monólogos (29:1; 42:6)
    1. El Llamado a Job para la Vindicación (cap. 29-31)
      1. Su honra pasada y su bendición (cap. 29)
      2. Su deshonra presente y su sufrimiento (cap. 30)
      3. Sus protestas de Inocencia y juramento final (cap. 31)
    2. Discursos de Eliú (cap. 32-37)
      1. Introducción (32:1-5)
      2. Los discursos mismos (32:6; 37:24)
        1. Primer discurso (32:6; 33:33)
        2. Segundo discurso (cap. 34)
        3. Tercer discurso (cap. 35)
        4. Cuarto discurso (cap. 36-37)
      3. Discursos Divinos (38:1; 42:6)
        1. El primer discurso de Dios (38:1; 40:2)
        2. La respuesta de Job (40:3-5)
        3. El Segundo discurso de Dios (40:6; 41:34)
        4. El arrepentimiento de Job (42:1-6)
  5. Epílogo (42:7-17)
    1. Veredicto de Dios (42:7-9)
    2. Restauración de Dios (42:10-17)
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