Karen Ehman

26 de noviembre de 2021


Cuando simplemente, no sientes esa alegría navideña
KAREN EHMAN

Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí, Tus consuelos deleitan mi alma. Salmos 94:19 (NBLA)

Cuando era niña, siempre podía contar con tres cosas que eran habituales durante la época de fiestas.

La primera era el pavo delicioso que mi madre asaba a su manera: en una bolsa marrón del supermercado.

La segunda era mi barra de caramelo favorita, que yo encontraba en el fondo de la bota navideña.

Y la tercera era ver a mi madre y mi tía llorando al final de las fiestas cuando todos regresaban a sus casas. Mi mente pequeña nunca pudo entender por qué alguien lloraría en la época más feliz del año.

Pero ahora, tristemente, puedo decir que lo entiendo.

Mi madre y mi tía perdieron a su madre, mi abuela Elsie, cuyo cumpleaños era en Nochebuena, cuando apenas tenían 30 años. En los últimos dos años, he perdido a mi padre, a mi madre, a dos primos, a una tía, a dos tíos y a mi madrastra, que formaba parte de mi vida desde que tenía 13 años.

La alegría y el brillo de las fiestas, con el sentimiento de “es la época más maravillosa del año”, contrasta tanto con el agujero del tamaño de una gran chimenea que hay en mi apesadumbrado corazón. Saber que mis seres amados ya no forman parte de nuestras celebraciones drena mi alegría navideña.

La pérdida de seres amados no es la única razón para afligirse. Tal vez tengas hijos rebeldes, problemas de salud o amistades rotas. Tal vez esta sea la primera época de fiestas en la que la familia se ve afectada por el divorcio. O tal vez se trate de una profunda y oscura soledad. ¿Qué hacemos cuando no encontramos ninguna alegría navideña?

Felizmente, nuestro versículo clave nos muestra el remedio para nuestras emociones dolorosas. El Salmo 94:19 declara: “Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí, Tus consuelos deleitan mi alma”.

En el original hebreo, el significado de la frase en español “mis inquietudes” (v. 19) proviene de dos palabras: sarappim y qereb. La primera palabra significa pensamientos inquietantes, cargados de ansiedad. El segundo término se refiere a lo que está en lo más profundo de tu ser, predominantemente en tu corazón. Gran parte de nuestro dolor en las fiestas nos inquieta. Sin embargo, no siempre es visible para los demás. Puede permanecer oculto bajo la superficie.

La frase “deleitan mi alma” (v. 19) es una unión de las palabras hebreas sha'a' y nephesh. En conjunto, estas palabras implican que Dios deleita nuestras emociones abatidas con Su ungüento. Él toma los lugares delicados y sensibles de nuestras almas y los suaviza con Su bálsamo curativo, permitiendo que sean animados de nuevo.

Encuentro que esto sucede a través de la oración desgarradoramente honesta y una petición de visión renovada. Le digo a Dios lo mucho que voy a echar de menos el intercambio disparatado de regalos en Nochebuena con mi padre y mi madrastra, y le pido que me consuele y me dé esperanza. Él me anima a organizar un encuentro similar con los estudiantes extranjeros de la iglesia que no pueden estar en casa durante las fiestas.

Cuando no puedo soportar la idea de nuestras primeras fiestas sin mi madre y su juego de “¿cuántos chocolates con forma de muñeco de nieve hay en el frasco?”, le pido a Dios que me dé consuelo y perspectiva. Él me alienta a mantener la tradición con todos sus nietos, con la acción añadida de que cada niño cuente un recuerdo feliz de la abuela antes de dar sus respuestas.

Recuerdo cómo mi propia madre siempre hacía de la Navidad un motivo para hacer la vida de otra persona algo más feliz, y a menudo se comprometía para servir a personas necesitadas u ofrecer ayuda económica a organizaciones benéficas locales. Estoy segura de que ayudar a los demás la ayudaba a ella a sobrellevar su propio dolor que resurgía cada año.

En 2 Corintios 1:3 se habla de Dios como el “Padre misericordioso y Dios de toda consolación” (NVI). Él nos consuela para que nosotras, a su vez, podamos animar y consolar a otros. Cuando nuestros corazones se sienten abatidos en las fiestas, Dios está cerca no sólo para aliviar nuestros dolores, sino también para ayudarnos a buscar a otros que están desanimados y a hacer algo para demostrarles que a nosotras -y a Él- nos importan.

Tal vez, entonces, las fiestas pueden ser realmente la época más maravillosa del año: un tiempo para animar a los demás con el amor de Dios, incluso a pesar de nuestros corazones heridos.

Padre, sólo Tú eres la fuente de la alegría verdadera y el único Dador de esperanza real. Incluso en mi dolor, que pueda buscar impartir ánimo a otros, dirigiéndolos a Ti. En el Nombre de Jesús, Amén.

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1 Pedro 5:7, Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes. (NTV)

Cuando tu corazón está herido, ¿tiendes a acudir primero a una amiga o a orar a Dios? ¿Cómo puede ayudarte la imagen de Dios aplicando un bálsamo a nuestras emociones sensibles en tiempos de dificultad?

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