11 de agosto de 2026
Las puertas de la rendición
Tengan el mismo sentir unos con otros. No sean altivos en su pensar, sino condescendiendo con los humildes. No sean sabios en su propia opinión. Nunca paguen a nadie mal por mal. Respeten lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto de ustedes dependa, estén en paz con todos los hombres. Romanos 12:16-18 (NBLA)
Hace poco empecé a descubrir algunas creencias profundamente arraigadas que tengo y que me impiden hacer las paces con las personas y las situaciones de mi vida que no puedo controlar. Y mientras escribía en mi diario sobre cuáles son esas creencias, lo siguiente fluyó sobre las páginas:
Todo depende de mí.
Yo soy quien mantiene la armonia entre todos.
Yo tengo que hacer esto para proteger a mi familia y a mis hijos.
Mi única esperanza de que esto mejore es seguir trabajando constantemente para que cambie.
Si no intervengo, van a suceder cosas malas.
Si esto no resulta como yo deseo, no voy a estar bien.
Y para mí, aunque no me siento orgullosa de admitirlo, la creencia más profunda de todas esas es la siguiente: he orado por esto, y Dios no está respondiendo mi oración. La verdad es que no creo que Él esté trabajando para cambiar o solucionar esto. No creo que Dios esté haciendo algo al respecto. Y no creo que pueda realmente confiarle esto a Él.
Si te identificas, el Señor me ha estado enseñando algo profundo. Estas creencias son los obstáculos que nos impiden rendirle a Él las cargas que le pertenecen.
He estado reflexionando sobre esto porque tengo situaciones relacionales continuas en mi vida que me alborotan constantemente. Y sinceramente, quiero solucionarlas. Pero la solución no puede consistir en que yo cambie a la otra persona. La solución tiene que ser que yo entregue a Dios aquello que está más allá de mi capacidad de controlar.
Sé que con Dios todas las cosas son posibles, sin embargo el Apóstol Pablo expresó esto en Romanos 12:16-18.
Tengan el mismo sentir unos con otros. No sean altivos en su pensar, sino condescendiendo con los humildes. No sean sabios en su propia opinión. Nunca paguen a nadie mal por mal. Respeten lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto de ustedes dependa, estén en paz con todos los hombres.
¿Captaste ese límite tan importante que forma parte de las instrucciones de Pablo? “Si es posible” significa que, a veces, puede que no sea posible vivir en paz con una persona. Y se supone que debemos poner de nuestra parte, “en cuanto de [nosotros] dependa”, pero no debemos intentar que los demás pongan la suya. Esa tiene que ser su decisión.
Como creyentes, a veces pensamos que es nuestro deber cristiano hacer que todas las situaciones sean agradables, buenas y pacíficas. Entonces cargamos con una enorme cantidad de culpa y vergüenza innecesarias por no ser capaces de crear ambientes e interacciones al estilo “kumbaya” con algunas personas. Quizá tengamos la imagen mental de estar sentados en círculo alrededor de una fogata, abrazados unos a otros, balanceándonos y cantando en paz y armonía, “Kumbaya, mi Señor, kumbaya”.
Sin embargo, ¿sabías que, así como existen varias versiones acerca del origen de la palabra “kumbayá”, la mayoría sugiere que al principio la cantaban personas que eran tomadas cautivas como esclavos de África? Era una súplica o plegaria para que Dios se acercara en tiempos de dolor y sufrimiento. Por lo que, este término no hace referencia a forzar una paz externa que no es posible; sino que, trata acerca de encontrar paz interna mientras admitimos que necesitamos al Señor.
Ahora, regresemos a la enseñanza de Pablo. Si alguien no está dispuesto a cooperar con la paz y armonía de Cristo, como creyentes, seguimos siendo responsables de preservar la paz y armonía como sellos distintivos de la manera en que actuamos y reaccionamos. Pero para proteger nuestra estabilidad emocional, puede que sea necesario gestionar nuestras interacciones con esta persona de forma diferente.
Y si esta persona es adulta, la paz requiere que tomemos las siguientes decisiones:
- Dejaremos de intervenir en áreas donde ellos necesitan ser responsables de sí mismos.
- Dejaremos de intentar controlar los resultados para que se adecúen a lo que creemos que es mejor.
- Dejaremos de tener expectativas irreales de que podemos en realidad corregirlos.
- Dejaremos de permitir que ellos nos controlen cuando nos arrastran hacia su caos y esperan que recojamos los pedazos.
- Empezaremos a rendirle a Dios aquello que no podemos sanar, solucionar o controlar respecto a esa persona.
Entonces, ¿cómo cambiamos algunas de esas creencias fuertemente arraigadas en nosotras?
Nos sujetamos a la verdad de que Dios es confiable y tiene el control de todo. A Él nada lo toma desprevenido. Él es omnisciente (todo lo sabe), omnipotente (todopoderoso), y omnipresente (está en todos lados al mismo tiempo).
Tenemos que pasar de exigir lo que creemos que es mejor en este momento a confiar en que Dios tiene en mente un bien supremo. Esto requiere no solo una entrega única, sino una práctica constante de entrega, en la que elijamos sistemáticamente cumplir con nuestras responsabilidades y confiemos en Dios en cuanto al resultado.
Señor, Tú ves la carga que he estado llevando y las maneras en las que he intentado mantener todo a salvo por mi cuenta. Perdóname por aferrarme tan fuertemente a lo que me estás pidiendo que suelte. Cuando no te veo obrando, ayúdame a confiar en que sigues estando presente, sigues siendo poderoso y sigues siendo bueno. Enséñame a poner de mi parte y a rendirte el resto, hallando paz en Ti y no en las situaciones transformadas. Recuérdame hoy que no soy yo la que mantiene todo a flote, sino que eres Tú, y puedo descansar en Tus manos. En el Nombre de Jesús, Amén.
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Has escuchado todos los consejos. Pero estás empezando a darte cuenta de que, si la otra persona no quiere cambiar lo que está roto en la relación, no puedes cambiarlo tú sola. ¿Y ahora qué? En Límites saludables, despedidas necesarias por Lysa TerKeurst, aprendemos más sobre determinar la cantidad adecuada de acceso personal y emocional que alguien tiene hacia nosotras, en función de lo responsable que sea con ese acceso. Con guiones realistas y estrategias prácticas, Lysa nos comparte sabiduría bíblica para mantener relaciones saludables que nos bendicen a nosotras mismas y también le honran a Dios.
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PROFUNDICEMOS
Salmo 56:3-4, Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza. Confío en Dios y alabo su palabra; confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal? (NVI)
¿Quién es esa persona de la que desearías que cambiara para mejor? Hoy, cuando estés en un lugar tranquilo, cierra los ojos e imagínate llevándole ante Jesús y poniendo su mano en la de Él. A continuación, susurra una oración de entrega, «He hecho lo que he podido, así que ahora, Señor, te confío el resto. Sé que Tú le amas más que yo. Y a esto me aferraré mientras acepto lo que no puedo controlar».
¡Nos gustaría saber de ti en los comentarios! Cuéntanos de qué manera esto habla a tu corazón.
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Lysa TerKeurst is a #1 New York Times bestselling author and president of Proverbs 31 Ministries. Her latest book is Seeing Beautiful Again: 50 Devotions to Find Redemption in Every Part of Your Story (March 2021). Lysa lives with her family in North Carolina. Connect with her at LysaTerKeurst.com or on social media @LysaTerKeurst.
