3 de septiembre de 2026
Solo quiero algunas respuestas
—Yo soy el pan de vida —declaró Jesús—. El que a mí viene nunca pasará hambre y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed. Juan 6:35 (NVI)
En ocasiones, trato mis peticiones de oración como si fueran pedidos de Amazon Prime.
Quiero saber que recibiré lo que pido. Quiero que lo que llegue sea tal como lo esperaba y que llegue en tiempo récord. ¡Y entonces me sentiré tan cerca de Dios porque hizo lo que yo quería!
No me enorgullezco de esto. Me desafía. Porque hay algo demasiado humano y predecible en pensar que así es como funciona la oración. Entonces mis oraciones se convierten en pedidos que hago, las respuestas como si fueran mercancías baratas y el que las envía no es más que una agencia lejana en la que apenas pienso hasta que vuelvo a necesitar algo.
Quiero cambiar esto. Quiero acercarme a Dios con mis necesidades, mis deseos y mi hambre, y reconocer que lo que sea que Él ponga delante de mí es Su pan diario. Cuando Jesús nos enseñó cómo orar cada día, Su primera petición fue por el pan diario. Pero ¿acaso no es cierto que, en la Biblia, el pan tiene muchas formas diferentes?
A veces se parece a una barra de pan recién horneado (Levítico 2:4); otras veces, como el maná que descendió del cielo (Deuteronomio 8:3); y, lo mejor de todo, como Jesús, quien declaró ser el Pan de Vida (Juan 6:35). Las tres son muestras de la provisión perfecta de Dios. Pero, con nuestros ojos humanos, probablemente solo reconoceríamos el pan recién horneado como la provisión mejor y más adecuada. ¡Y qué tragedia sería eso!
La hogaza de pan puede ser lo que yo quiero recibir de Dios, pero ¿no es esa hogaza la menos milagrosa de todas las formas del pan? Es la clase de provisión por la que debemos trabajar para recibirla de la tierra, cosechando el trigo, procesarlo y luego hornearlo, todo con nuestras propias manos. Tal vez por eso me gusta tanto la hogaza de pan. Como yo participo en el proceso, siento que tengo cierto control sobre él.
El maná representa lo que Dios simplemente da. El maná que cayó del cielo para los hijos de Israel era el sustento perfecto de Dios, aunque se parecía más a pequeñas semillas o copos que a una hogaza de pan. Aun así, venía directamente de Dios, día tras día, y mantuvo con vida a más de dos millones de israelitas durante cuarenta años que estuvieron en el desierto. Fue milagroso.
Pero incluso con el maná, el pueblo tenía una responsabilidad. Debían salir de sus tiendas para recogerlo. No lo cultivaban, pero podían contar con que ahí estaría.
El control y la consistencia pueden hacerme sentir que estoy confiando en Dios cuando en realidad solo estoy contando en Él en la medida en que me responde de la manera que espero.
El mejor pan de todos es el Pan de Vida, Jesús mismo. Esta no es una provisión por la que trabajamos o que solo recogemos; es una provisión en Cristo, depositada dentro de nosotras, que nos alimenta y sostiene hasta lo más profundo de nuestra alma.
En Juan 6:35 leemos, “—Yo soy el pan de vida —declaró Jesús—. El que a mí viene nunca pasará hambre y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed”. Jesús es la provisión más milagrosa de todas, y la que ya nos ha sido dada hoy. Sin embargo, tal vez sea la que menos reconocemos como provisión de todo lo que necesitamos.
Y sé que tal vez estés pensando, «Lysa mira, lo que tengo delante de mí es tan horrible. Esto no hace que quiera confiar más en Dios. ¡Hace que confíe menos en Él!”. Lo entiendo. Yo también me siento así respecto a algunas de las circunstancias que tengo de frente en este momento.
Si hoy tenemos a Jesús, ya estamos viviendo una oración respondida y Su provisión. Aquel que puede sacar algo bueno aún de lo terrible que estamos viendo con nuestros ojos físicos, está obrando activamente a nuestro favor en este momento. Él está hablándole al Padre acerca de ti de maneras que, si pudieras escucharle, haría que nunca tuvieras temor por lo que tienes delante. Nunca volverías a cuestionar Su amor por ti ni Su bondad hacia ti.
Nosotras solo vemos lo que la mente humana puede imaginar, pero Dios está construyendo algo que ni siquiera podemos comprender. Tal vez lleguemos a verlo en esta vida, o quizá lo veremos en la eternidad. Pero mientras tanto, podemos tener la certeza de que todo lo que Él nos da es verdaderamente Su buena provisión, ya sea que ese bien sea para hoy o forme parte de un plan mucho más grande.
Así que hoy podemos orar lo que necesitemos orar. Expresa cada palabra, deja que las lágrimas se conviertan en sollozos y frustraciones que se mezclan con la esperanza. Luego, podemos ver lo que está frente a nosotras a través de lo que sabemos que es verdad acerca de Dios. Y podemos confiar en que Jesús, en Su tiempo, hará algo hermoso de ello
Jesús, gracias por ser el sustento perfecto que necesito hoy. Te miro como el Pan de Vida. Ayúdame cuando me cueste esperar la respuesta a mis oraciones, confiando en Tu tiempo perfecto. En el Nombre de Jesús, amén.
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¿Usó Dios el devocional de hoy para hablarte al corazón sobre el tema de confiar tus oraciones a Él? A continuación te compartimos unos devocionales similares que creemos disfrutarás. Haz clic para leer “Cuando no puedes ver lo que Dios está haciendo” por Chrystal Evans Hurst y “Dios, ¿dónde estás?” por Sharon Jaynes.
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PROFUNDICEMOS
Salmo 54:4, Pero Dios es mi socorro; el Señor es quien me sostiene. (NVI)
Aun en medio de las oraciones en las que esperas una respuesta de Dios, ¿de qué manera Jesús se ha mostrado recientemente como la provisión del Pan de Vida? Nos encantaría saber de ti en los comentarios.
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Lysa TerKeurst is a #1 New York Times bestselling author and president of Proverbs 31 Ministries. Her latest book is Seeing Beautiful Again: 50 Devotions to Find Redemption in Every Part of Your Story (March 2021). Lysa lives with her family in North Carolina. Connect with her at LysaTerKeurst.com or on social media @LysaTerKeurst.
