Alicia Bruxvoort

23 de noviembre de 2021

¿Te pidió tu papá que cargaras eso?
ALICIA BRUXVOORT

Luego dijo Jesús: «Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso. Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma. Pues mi yugo es fácil de llevar y la carga que les doy es liviana». Mateo 11:28-30 (NTV)

Hace años, miré por la ventana de la cocina y noté que mi niño pequeño luchaba por cruzar el césped. Minutos antes, había salido corriendo por la puerta con un salto feliz para ayudar a su papá con el trabajo de jardinería.

Pero el niño que veía a través del cristal ya no saltaba. Estaba agachado y tropezando, meciendo y tambaleando.

Abandoné mi puesto en el fregadero y corrí hacia mi niño que luchaba. Cuando me acerqué, noté que cargaba una roca gigante que parecía pesar tanto como su estructura desgarbada de 4 años. Su rostro estaba sonrojado. Sus rodillas dobladas. Y sus hombros hundidos.

Cuando pronuncié su nombre, se dejó caer en el césped y se rindió a sollozos silenciosos. «¿Qué ocurre?» le pregunté.

Con una mezcla de rabia y tristeza, me dijo que no podía dar un paso más. Tomé nota de la roca grande en el suelo junto a él y asentí con la cabeza en comprensión. Luego, cautelosamente, le hice una pregunta sencilla: «¿Te pidió tu papá que cargaras eso?».

Una pausa silenciosa oscilaba entre nosotros. Mi hijo miró la roca y luego encontró mi mirada con sus ojos sobrios. «No», admitió con un encogimiento tímido de sus hombros. «Pero quería mostrarle a papá lo fuerte que era».

Mi hijo menor ya no es pequeño, pero a veces, cuando me siento abrumada por la carga que llevo, recuerdo ese momento lejano en nuestro jardín. Y siento que el Espíritu Santo hace eco de la misma pregunta que una vez le hice a mi hijo en edad preescolar: «¿Te pidió tu Papá que cargaras eso?».

Es una pregunta que me impulsa a orar. Y la mayoría de las veces, cuando miro honestamente los pedazos de la vida que me agobian, descubro que cargo cosas que mi Padre nunca me pidió que recogiera.

Estoy arrastrando preocupaciones que Él me pidió que cediera.
Estoy acarreando heridas que no son mías para sanar.
Estoy agotada por las tareas que nunca me ha pedido completar.
Estoy colapsando debajo de las expectativas que no son mías para cumplir.

Y es allí, en ese lugar de reflexión humilde, que las palabras de Mateo 11:28-30 me brindan alivio:

Luego dijo Jesús: «Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso. Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma. Pues mi yugo es fácil de llevar y la carga que les doy es liviana».

Si bien el lenguaje agrario en este pasaje puede parecer obsoleto, la invitación de Jesús sigue siendo relevante para nosotras hoy.

Un yugo es un dispositivo que se utiliza para unir a un par de animales que trabajan juntos. Cuando Jesús nos llama a tomar Su “yugo”, nos invita a vivir la vida con Él, en lugar de hacerlo para Él. Él se está poniendo a disposición para asociarse con nosotras, lado a lado y paso a paso.

Si bien la frase “fácil de llevar” (v. 30) puede parecer una proclamación de una vida libre de problemas, Jesús no promete un desvío en torno al desafío o al dolor. De hecho, ofrece hacer que nuestra carga tenga el tamaño adecuado para el trayecto. La palabra original para esta pequeña frase se puede traducir como “manejable” o “bien ajustado”. Pinta una imagen de un paquete que es apropiado para quien lo lleva.

¡Qué propuesta tan asombrosa! Cuando compartimos nuestros pasos con Jesús, caminando en Su presencia y siguiendo Su Palabra, Él promete que la carga que pone sobre nosotras se ajustará a la fortaleza que Él infunde dentro de nosotras.

Si el peso que estás cargando se siente voluminoso, tal vez sea el momento de acercarte sigilosamente a Jesús y pedirle que te muestre lo que nunca debiste sostener.

Tenemos un Salvador que ha diseñado nuestra carga en amor. Un Padre que no nos pide que demostremos nuestra fuerza. Él simplemente nos invita a descansar en la Suya.

Querido Jesús, estoy abrumada por la carga que estoy llevando. Ayúdame a dejar lo que no es mío para cargar. Y enséñame a descansar en Tu fuerza en lugar de esforzarme inútilmente en la mía. En el Nombre de Jesús, Amén.

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A veces en la vida nos dejamos agobiar por las muchas cargas que llevamos. Pero Jesús quiere que depositemos nuestras cargas sobre Él y darnos descanso. De la preocupación a la alabanza, es un devocional de siete días que te ayudará a encontrar la paz en tu circunstancia actual, encontrar descanso en el amor del Padre y aprender a confiar plenamente en Dios con todos tus miedos y preocupaciones. ¡Haz clic aquí para descargar tu copia hoy!

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Salmos 55:22, Echa sobre el SEÑOR tu carga, y Él te sustentará; Él nunca permitirá que el justo sea sacudido. (NBLA)

Pídele a Dios que te revele todo lo que estás cargando, y que nunca te pidió Él que recogieras. Luego, haz un plan práctico para asentarlo. ¿Cómo descansarás en Jesús esta semana? Comparte en los comentarios y oraremos la una por la otra.

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