Tema de la Semana: Transformación

Servimos a un Dios de poderosas transformaciones. A lo largo de toda la Biblia Dios toma a quienes el mundo considera los más bajos, los desesperados y los desamparados, y los usa para cambiar el mundo. Tú no estás excluido de estas transformaciones. Dios anhela romper aquello que te impide experimentar la plenitud de la vida. Él anhela sanarte, librarte y liberarte. Deseo que tu vida cambie para siempre a medida que pasamos tiempo descubriendo lo que Dios anhela transformar en ti.

Dios nos transforma en nuevas creaciones

Pasaje Bíblico: “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!”. 2 Corintios 5:17

Devocional: 

Una de las mentiras más grandes que se les ha dicho a los redimidos por la sangre de Jesús, está relacionada con nuestra vieja y nuestra nueva naturaleza. Muchos creyentes viven bajo la opresión de la mentira que dice que Dios en su gracia puede vernos como limpios, pero en el fondo no lo estamos. Vivimos como si la redención en Jesús fuera como la ropa limpia que cubre la suciedad y la inmundicia que siempre permanecerá, y como si la redención fuera nuestra tarjeta de "entrada al cielo". Nos aferramos a la creencia de que la salvación fue más una ilusión de redención que una transformación real. Y esas mentiras actúan como un gran peso que nos arrastra a los caminos y pecados de nuestro ser anterior.

La Biblia no podría hablar más claramente de lo contrario. 2 Corintios 5: 17-21 dice:

“Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación: esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación. Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: ‘En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios’. Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios”.

Si estás en Cristo hoy, si eres salvo, entonces eres una nueva creación. Lo viejo no se ha quedado hasta que mueras; “¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!”.  El hecho de que te hayas transformado en una nueva creación no tiene nada que ver con tus pecados, fracasos y creencias. La transformación en Jesús se basa en su poder, no en el tuyo. La verdad se basa en su sacrificio, no en tus acciones. Eres una nueva creación total y completamente por la gracia de Dios, más allá de tus obras, por justas o pecaminosas que estas puedan ser. “Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios”.

No vivas hoy como si tu experiencia fuera tu única verdad. Al verte no te bases en tus obras, sino en la verdad de lo que dice la Biblia acerca de ti. Si comienzas a creer que Dios realmente te ha transformado en una nueva creación y te ha reconciliado consigo mismo simplemente por gracia, entonces vivirás y actuarás sobre una base que produce libertad y justicia. Pero si pones tu mente en las cosas de la carne, que están en oposición a la realidad de la transformación que ya está en ti gracias a la cruz, entonces vivirás encadenado a los caminos de tu ser anterior (Romanos 8:6).

Toma tiempo hoy para reflexionar sobre tu nueva naturaleza en Jesús. Permite que la Biblia y el Espíritu Santo te ayuden a verte a ti mismo como un ser transformado y liberado por la gracia. Comprométete a vivir con la gracia como tu fuente en lugar de tu propia fuerza. Y experimenta hoy la libertad que viene de vivir con una mente renovada.

Guía de Oración: 

1. Medita en tu nueva naturaleza en Cristo. Permite que la Biblia sea tu fundamento para la verdad, y no tu propia experiencia.

“Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!”. 2 Corintios 5:17

2. ¿En qué sientes que tu vida no se alinea con la verdad de que eres una nueva creación? ¿Qué te enreda con las cosas del mundo? ¿Dónde no estás experimentando la vida del Espíritu?

En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa, sino según el Espíritu”. Romanos 8:3-4

3. Confiesa cualquier pecado a Dios y pide su ayuda para vivir por el Espíritu. Pídele al Espíritu que te revele cómo es vivir con él como tu fuente en lugar de vivir con tus propias fuerzas. Pídele una revelación de tu nueva naturaleza a nivel del corazón.

“He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí”. Gálatas 2:20

Vivir por gracia es fundamental para vivir una vida que se alinea con la verdad de lo que Dios dice que eres. En nuestra propia fuerza no podemos lograr nada. No tenemos poder sobre el pecado en nosotros mismos. No tenemos poder para vivir libres de las formas del mundo cuando intentamos vivir en base a nuestras obras. Es por eso que Romanos 8:3 dice: “Porque Dios ha hecho lo que la ley, debilitada por la carne, no pudo hacer”. Cumplió el requisito de la ley y podemos vivir por gracia. Él nos liberó de vivir en nuestras propias fuerzas al llenarnos con el Espíritu Santo, nuestro gran Ayudante. Deja de vivir en tu propia fuerza y aprende a vivir por gracia. Aprende a sentir, pensar y actuar sobre la base de la gracia. Tu Padre celestial que te ama te ha dado todo lo que necesitas para vivir como una nueva creación. Él lo ha hecho todo. Así que toma posesión de quién eres en Jesús y experimenta una vida transformada por la realidad del poder y el amor de Dios.

Lectura Complementaria: Romanos 8

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